Valencia sigue esperando que llegue la reconstrucción dos años después de la DANA - Alfa y Omega

Valencia sigue esperando que llegue la reconstrucción dos años después de la DANA

La riada del 29 de octubre de 2024 dejó 233 muertos en la provincia de Valencia y miles de familias damnificadas. Aunque buena parte de las indemnizaciones ya se ha abonado, siguen pendientes ayudas, infraestructuras y respuestas para las víctimas. Las parroquias y los voluntarios continúan acompañando a quienes tratan de rehacer sus vidas

Redacción
Vehículos dañados en una carretera de Valencia afectada por la DANA, el 31 de octubre de 2024.
Vehículos dañados en una carretera de Valencia afectada por la DANA, el 31 de octubre de 2024. Foto: OSV News / Eva Manez, Reuters.

Dos años después de que el agua y el barro arrasaran decenas de municipios valencianos, la DANA sigue siendo una herida abierta. El 29 de octubre de 2024, las inundaciones provocaron 233 muertes en la provincia de Valencia, dejaron miles de heridos y causaron daños en viviendas, comercios e infraestructuras. 

El balance de la catástrofe da una idea de su magnitud. Según los datos difundidos en el segundo aniversario, las inundaciones destruyeron 129.000 vehículos, dañaron 69.000 viviendas e inutilizaron unos 10.000 ascensores. La tragedia afectó a 75 municipios valencianos, además de localidades de otras comunidades autónomas. Dos personas continúan desaparecidas.

Este jueves, la Comunidad Valenciana recuerda a las víctimas con actos de homenaje y una jornada de luto oficial. Las asociaciones de afectados mantienen sus reivindicaciones de verdad, justicia y reparación, mientras muchas familias siguen intentando cerrar una etapa que, para algunas, nunca podrá darse por terminada.

Las ayudas llegan, pero la reconstrucción no está terminada

La recuperación económica ha avanzado, aunque de forma desigual. Según los datos publicados por el Gobierno el 19 de octubre, el Ejecutivo había movilizado 16.600 millones de euros para hacer frente a las consecuencias de la DANA y había empleado cerca de 9.928 millones. De esa cantidad, más de 8.207 millones correspondían a ayudas y subvenciones abonadas, mientras que el resto incluía actuaciones directas y financiación o avales.

El Consorcio de Compensación de Seguros había registrado casi 252.000 solicitudes y abonado alrededor de 4.659 millones de euros. A 19 de octubre, había gestionado el 99,7 % de las solicitudes registradas. Sin embargo, estas cifras globales no significan que todos los afectados hayan recuperado su situación anterior ni que todas las actuaciones de reconstrucción estén concluidas.

De hecho, El Economista ha informado de que el 95 % de las ayudas destinadas específicamente a reconstruir los municipios afectados seguía sin ejecutarse dos años después de la catástrofe. Este dato se refiere a esa partida de reconstrucción municipal, no al conjunto de las indemnizaciones y ayudas ya abonadas a familias, empresas y particulares.

A la espera de que los recursos pendientes se traduzcan en obras, las infraestructuras de protección frente a futuras inundaciones constituyen otra de las grandes asignaturas pendientes. Aunque se han acometido trabajos de emergencia, los principales proyectos para reducir el riesgo de nuevas riadas continúan en fase de planificación o tramitación.

Las víctimas siguen reclamando respuestas

El segundo aniversario llega marcado por la persistencia del duelo y por las preguntas que todavía no tienen respuesta. Las asociaciones de víctimas mantienen sus demandas de justicia y reparación, y reclaman que se esclarezcan las responsabilidades por la gestión de la emergencia. La investigación judicial sigue abierta.

A la pérdida de familiares se suman las secuelas físicas y psicológicas, los negocios que no han conseguido recuperar su actividad y las viviendas cuya reparación continúa pendiente. También permanece el temor a que vuelvan a repetirse las inundaciones. 

La recuperación económica ofrece algunos signos de mejoría, pero no elimina las dificultades cotidianas. Según el balance publicado por La Vanguardia, siete de cada diez negocios consultados habían recuperado su actividad anterior, aunque muchos seguían registrando pérdidas de clientes y una mayor prudencia en el consumo.

En este contexto, las víctimas insisten en que la memoria no puede reducirse a un acto anual. Recordar lo ocurrido implica escuchar a los afectados, esclarecer los hechos y garantizar que las ayudas y las obras pendientes se materialicen.

La Iglesia no se fue: parroquias abiertas y acompañamiento

Desde los primeros días, las parroquias valencianas se convirtieron en espacios de acogida, distribución de alimentos y coordinación de voluntarios. Alfa y Omega contó entonces cómo la parroquia de Nuestra Señora de Gracia, en el barrio valenciano de La Torre, reunió a más de 200 voluntarios para atender a los vecinos. La comunidad colaboró con los servicios de emergencia y el Ayuntamiento para responder a las necesidades más urgentes.

En Paiporta, el párroco David Mora recordó, en una información publicada por este semanario un año después de la riada, que las iglesias abrieron sus puertas para repartir ayuda a todo tipo de personas. Durante meses se distribuyeron alimentos calientes, ropa y productos de higiene. Pero la tarea no terminó cuando se retiró el barro. «No nos fuimos, estamos presentes», resumió el sacerdote al explicar el acompañamiento espiritual y humano que continuaba ofreciendo la comunidad.

La Iglesia también trató de responder a las heridas menos visibles. A finales de 2024, el Servicio de Acompañamiento y Mediación Canónica (SAMIC) de la archidiócesis de Valencia puso en marcha un programa de apoyo a las parroquias más afectadas. Su director, Jorge García, explicó entonces la necesidad de atender el sufrimiento que permanecía después de la limpieza: «Después de quitar el lodo, tenemos que afrontar la tristeza de nuestros corazones, y este tipo de actividades nos ayuda a ello».

Junto a la ayuda material y el acompañamiento, hubo gestos destinados a devolver algo de esperanza a los damnificados. Dos jóvenes, Marina Lozano y María Pardo, impulsaron la iniciativa Letras de Esperanza, que recogió cartas y dibujos de niños para llevarlos a las zonas afectadas. «Hacen falta dinero y manos para ayudar, pero la gente también necesita cariño y amor», explicaron a Alfa y Omega.

Aquella respuesta solidaria recibió también un reconocimiento público: la Conferencia Episcopal Española concedió el Premio ¡Bravo! Especial 2024 a la comunicación de la caridad realizada por las parroquias y los voluntarios ante la catástrofe.