El contacto con el Objeto-Único, con el teléfono móvil, nos desapropia progresivamente de cuanto pueden hacer nuestras manos. Reconozco que se trata de una constatación demasiado frecuente. Por eso, convendría plantear una pregunta anterior a cualquier consideración sobre la tecnología: ¿prestamos suficiente atención a nuestras manos? Mientras nos obedecen, apenas pensamos en ellas. Las advertimos cuando dejan de hacerlo: cuando aparecen el dolor, la inmovilidad, la enfermedad o la dependencia. Entonces descubrimos que en ellas reside mucho más que la capacidad de ejecutar tareas: una memoria gestual y táctil, una educación sentimental, una historia de trabajos y afectos que rara vez reconocemos.
En La manera. Breve historia sensorial de una mano, Noelia Romero parte de esa revelación. Las dolencias que afectan a las mujeres de su familia, algunas intervenciones quirúrgicas y la experiencia de la convalecencia le sirven para (re)construir una historia que va más allá del cuerpo, sin nunca olvidarlo, y explora la dimensión familiar, social y cultural de las manos. El dolor interrumpe la vida cotidiana y altera nuestra percepción de lo habitual: aquello que antes pasaba inadvertido adquiere, de manera repentina, una importancia inesperada. Descubrimos así que nuestra existencia nunca ha sido exclusivamente mental, por más que la tradición filosófica haya privilegiado, en ocasiones, la razón como rasgo distintivo del ser humano. Somos, también y quizá ante todo, tactilidad.
Las manos también tienen biografía. Aprendemos a utilizarlas, a contenerlas y a ofrecerlas. Con ellas escribimos, nos atamos los cordones y sujetamos los cubiertos; pero también estrechamos otras manos para atravesar una calle, ayudamos a alguien a sobrellevar el sufrimiento o acariciamos a un niño para consolarlo. Antes de que sepamos explicar lo que sentimos, nuestras manos ya participan en la formación de nuestros vínculos. En ellas permanece la memoria de un arrumaco, de quien nos sostuvo en un momento difícil o de esa mano, aquella mano (y no otra), que pudimos estrechar por última vez. Hay experiencias que apenas sabemos expresar lingüísticamente y que, sin embargo, nuestro cuerpo conserva.
Romero no limita su reflexión a la experiencia personal. Recurre a la filosofía y a la literatura, al arte y de la cultura para mostrar cómo las manos han dado forma a nuestra relación con el mundo y con los demás. Su recorrido nos permite reconocer una dimensión de la experiencia que solemos pasar por alto: conocemos (y sentimos) a través del tacto, aprendemos mediante gestos y construimos relaciones con aquello que hacemos con las manos.
Noelia Romero
Acantilado
2026
272
22 €