El arzobispo de Toledo a Alfa y Omega: «Se me cayó alguna lágrima escuchando a los familiares» - Alfa y Omega

El arzobispo de Toledo a Alfa y Omega: «Se me cayó alguna lágrima escuchando a los familiares»

Francisco Cerro quiso hacerse presente en la zona cero del accidente, donde «pude rezar un responso ante los fallecidos, había muchísimos». El arzobispo atiende a este periódico de camino al hospital para encontrarse con los heridos. «Luego voy a pasarme también por la casa de espiritualidad, donde tenemos acogidos a los familiares de los afectados. Hay mucho sufrimiento allí, porque todavía están en esa incertidumbre de no saber nada»

José Calderero de Aldecoa
Cerro en el lugar del accidente. Foto: EFE/Ismael Herrero.

—¿Dónde le pillamos ahora mismo?
—Camino del hospital. Me está esperando el capellán. Y luego voy a pasarme también por la casa de espiritualidad, donde tenemos acogidos a los familiares de los afectados. Hay mucho sufrimiento allí, porque todavía están en esa incertidumbre de no saber nada, y quiero hacerme presente en medio de ellos.

—Ayer le vimos acercarse a la zona cero del accidente. ¿Qué se encontró?
—Una situación realmente dramática, terrible, podríamos decir casi dantesca. Llegué enseguida, en cuanto pude, pero allí ya estaban desde el primerísimo momento los párrocos de las pueblos cercanos, el vicario general y también algún sacerdote más. Nada más llegar, pude rezar un responso delante de los fallecidos. Ya había muchísimas personas sin vida. Estuve también con los curas, que habían estado acompañando humana y espiritualmente a los heridos. Estaban muy impactados, ellos y todos.

—¿Cómo fue su presencia allí?
—La gente estaba muy deseosa de ser escuchada, y se manifestaba mucho la fe en esos momentos. Curiosamente, al ver que éramos sacerdotes, enseguida surgieron momentos para rezar, para pedir. En ningún momento hemos sentido ningún rechazo por parte de nadie. Estuvimos allí, en la zona cero, un rato largo y luego me acerqué a los pabellones a visitar a los heridos. Por último, estuve con los familiares. La angustia era tremenda. La gente preguntaba por sus seres queridos: “¿Dónde están nuestros familiares?” “¿Dónde están?” “¿Dónde se encuentran?” “¿Estaba allí mi hija?” “¿Estaba allí mi padre?” “¿Estaba allí mi hermana?” Nosotros los que hacíamos era escuchar, darles un abrazo y también llorar con ellos. Alguna lágrima se nos cayó, por el sufrimiento inmenso de la gente. Es una situación realmente dramática. Es verdad que la fe te ayuda a vivirlo con esperanza, pero eso no quita el dolor tremendo que sienten las personas.

—¿Cuál ha sido la respuesta de la Iglesia de Toledo ante este drama?
—Hemos abierto literalmente todos nuestros espacios. Te decía antes, por ejemplo, que en la casa de espiritualidad tenemos acogidos a 60 o 70 familiares. Nos estamos esforzando en ayudarles en todo lo que puedan necesitar y queremos que se sientan como en casa. También hemos ofrecido los espacios parroquiales y de Cáritas de Urda. Y no podemos olvidar el acompañamiento con los que sufren. Toda la Iglesia, los pastores y por supuesto también los fieles, queremos estar muy cerquita de los afectados. Los sacerdotes están dando un testimonio magnífico. Me contaba el vicario que le han llamado cientos de curas para hacerse presentes en todos los puntos que la diócesis ha puesto a disposición de las autoridades para acoger a los afectados. Al final, la diócesis, la Iglesia, está al servicio de todas las personas que ahora mismo están sufriendo.

Por último quiero destacar al pueblo de Urda, que se ha volcado en todos los sentidos, y la impresionante labor de la UME, del resto de cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, de los equipos médicos —había muchísimos— y de las distintas administraciones.

—¿Cómo valora la multitud de mensajes de apoyo del episcopado español?
—Estamos muy agradecidos e impresionados. Ha sido una auténtica oleada de solidaridad, de cercanía, de apoyo por parte de todos. Aquí se refleja esa Iglesia hospital de campaña que acoge a todos, que tiene las puertas abiertas. Mira, precisamente nosotros acabamos de abrir la Puerta Santa por el Año Jubilar concedido por León XIV con motivo del VIII centenario de la colocación de la primera piedra de la catedral. Pues ayer, durante el minuto de silencio que se organizó junto a las autoridades, me fijaba en un crespón negro que hemos colocado en la cruz del peregrino. Un gesto al que añadiremos, a su debido tiempo, un funeral en Urda por todas las víctimas.

Foto: Juanma Jiménez / Europa Press.