Cobo reivindica la «provocación» de que cristianos con visiones políticas diferentes se respeten
El arzobispo de Madrid respondió a la directora de Alfa y Omega sobre ¿Qué es y para qué es la doctrina social de la Iglesia? en las jornadas de apostolado seglar de la CEE, centradas en la presencia pública de los cristianos
¿Cómo deberían vivirse las próximas semanas de campaña electoral en las comunidades cristianas? El cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, animó este sábado a hablar del propio voto con aquellos con quienes se comparte la fe, aunque voten a otros partidos. Cuestionó que se puedan compartir experiencias íntimas de fe pero sea imposible hablar de cómo transformar la sociedad.
Que cristianos con distintas convicciones políticas puedan mirarse a los ojos, hablar con normalidad y respetarse es una «provocación profética» en una sociedad polarizada como la actual. Y esto se debe hacer no solo en este momento preelectoral, sino también después de haber acudido a las urnas, pues votar compromete a evaluar continuamente las decisiones de los representantes políticos.
Esta es una de las formas en cómo la Iglesia está llamada a «poner la mesa» y facilitar encuentros para aplicar de forma práctica su doctrina social que el arzobispo de Madrid desarrolló el sábado en diálogo con Cristina Sánchez, directora de Alfa y Omega, durante las Jornadas Nacionales de Delegados de Apostolado Seglar y Responsables de Movimientos y Asociaciones, con el lema Iglesia que camina con la humanidad.
El encuentro ha reunido presencialmente a más de 120 participantes, representantes de las delegaciones diocesanas de Apostolado Seglar y de diferentes movimientos y asociaciones de laicos de toda España. A esta participación se sum el seguimiento online de la ponencia del arzobispo de Madrid, cardenal José Cobo, que contó con más de 1.250 personas inscritas.
Presencia pública: política, pobreza, asociaciones
La cita se enmarcaba dentro del itinerario formativo sobre la «Presencia Pública», uno de los cuatro en torno a los que giró el Congreso de Laicos de 2020 y sobre los que se viene trabajando desde entonces. Dentro del itinerario, estas jornadas pretendían ofrecer un espacio para que los laicos puedan crecer en sinodalidad y presencia en la vida pública.
Además de la conversación del cardenal Cobo con Cristina Sánchez, se han trabajado cuatro ejes: política para el bien común; elaboración de propuestas para afrontar la pobreza; inserción y trabajo con el entorno y el asociacionismo barrial y fomento del compromiso ecológico en las comunidades cristianas.
Además, se ofreció la propuesta cultural El arte sacro como voz pública: recorrido por el Museo del Perpetuo Socorro, se ha escuchado este domingo la ponencia Aquí y ahora: Sinodalidad y compromiso en la vida pública y una presentación del proceso de Miembros del Consejo Asesor de Laicos, además de compartir buenas prácticas. Raúl Tinajero Ramírez, director de la Comisión para los Laicos, Familia y Vida, ha clausurado el acto.
«¿Vuestros grupos transforman la sociedad?»
En su conversación con la directora de Alfa y Omega sobre ¿Qué es y para qué es la doctrina social de la Iglesia?, el cardenal Cobo explicó que «la gran pregunta» a la que la DSI trata de responder es: «¿Vuestros grupos están transformando la sociedad?». Es la que hizo un joven en un grupo después de oír hablar de la experiencia de Dios y de lo bien que se encontraban en él sus participantes.
Para trabajar la DSI hoy en día, Cobo propuso una versión del ver, juzgar y actuar: comprender qué está pasando, preguntarse por qué sucede y discernir qué se puede hacer juntos. La mirada debe partir del Evangelio y de los últimos, con la dignidad humana como referencia, y traducirse en decisiones. Después habrá que revisar sus resultados.
El cardenal Cobo cuestionó que el compromiso cristiano se mida solo por las horas pasadas en la parroquia. «La vida familiar, la vida profesional, la vida ciudadana son lugares de la vocación», por lo que cuidar de los hijos o el asociacionismo también forman parte de la misión de un laico, y deben ser acompañados y valorados por la comunidad.
¿Qué dijo sobre trabajo y vivienda?
El diálogo abordó cuestiones concretas que preocupan a la sociedad hoy. Una de ellas fue el trabajo y cómo se está viendo afectado por la inteligencia artificial. El arzobispo de Madrid se preguntó si el trabajo se considera hoy mercancía o una dimensión de la dignidad humana.
Desde ahí, reclamó escuchar a los trabajadores y examinar el reparto de los beneficios que trae la tecnología. Estos no pueden repercutir solo en quien aporta el capital, pues «los trabajadores están aportando su vida» y el trabajo es lo que les permite participar en la sociedad y construir una familia.
Recordó además que Magnifica humanitas sitúa la custodia de cada persona como criterio para afrontar la IA. Por ello se preguntó para qué se utiliza y a quién beneficia hoy y pidió transparencia. Otra consecuencia de esta visión de la dignidad es que frente a una cultura de éxito y resultados, hay que valorar los límites, la fragilidad y el cuidado. La humanidad se reconoce en la capacidad de sostener a quien queda atrás, subrayó.
La vivienda fue otro punto clave del diálogo. «Hay que escuchar» a quienes se movilizan por este tema y han acampado en la Puerta del Sol, «no etiquetarles», ya que existe «un clamor» por este problema. Señaló que la dignidad humana exige disponer de un hogar donde desarrollar la vida y un proyecto familiar.
El debate se debe centrar en las condiciones para acceder a él. En la Iglesia «estamos ayudando a las personas» que sufren por este y otros temas, afirmó. Pero la «caridad política» exige «atajar también las causas».

No subordinar la fe a la ideología
Un obstáculo para abordar este discernimiento es el subordinar la fe a la ideología. Cada uno puede tener sus preferencias, pero el problema aparece cuando seleccionamos del Evangelio únicamente aquello que confirma nuestras posiciones, matizó. En vez de eso los cristianos deben procurar formar su conciencia con oración, conocimiento de Jesucristo y humildad para dejarse corregir. Un proceso continuo que necesita a la comunidad, dialogar, aprender del otro y revisar las propias convicciones.
Por eso, Cobo señaló los riesgos tanto de los espacios donde solo hay gente que opina igual como de la «batalla cultural», que convierte a la sociedad en adversaria y vincula la fe a posiciones políticas concretas. También advirtió frente a la repetición de fórmulas del pasado y a una adaptación que termine diluyendo la identidad cristiana.
¿Qué valores necesita la democracia?
Sobre la relación de la fe con las propuestas políticas concretas, el arzobispo de Madrid señaló que «ningún partido puede pretender decir: “Nosotros somos el voto cristiano”». De cara a las elecciones, pidió ampliar la mirada y considerar la complejidad de la sociedad, en vez de buscar la opción que beneficiará más a uno mismo o los cercanos. Y subrayó que la democracia necesita valores como la dignidad humana, el respeto a la vida, la acogida al migrante, la familia y el trabajo, junto con la división de poderes y los mecanismos de control.
De forma más amplia, frente a las cámaras de eco y la batalla cultural, su propuesta fue «habitar el cambio» comunitariamente y con los ojos del Evangelio. Esto requiere comunidades abiertas y maduras, capaces de cuidar a sus miembros, escuchar a quienes sufren y transformar su entorno.
Reivindicó que la entrega a los más pobres, como se hace en Cáritas, responde a una misión y una vocación. Y pidió además escuchar a los jóvenes, confiarles responsabilidades, acompañar sus opciones y ayudarlos a aprender de sus errores para hacerlos protagonistas de la transformación.
Durante la tarde del sábado se presentaron cuatro experiencias que mostraron distintas maneras de hacer presente el Evangelio en la sociedad: el discernimiento político al servicio del bien común; las propuestas de Cáritas para afrontar la pobreza; la experiencia de acogida y acompañamiento comunitario del Hospital de Campaña Santa Anna; y el compromiso ecológico desde la fe.
Estas iniciativas permitieron compartir buenas prácticas y reflexionar sobre la importancia de una Iglesia cercana a las personas y comprometida con las realidades sociales. La jornada del sábado concluyó con una propuesta cultural en torno al arte sacro como expresión pública de la fe, mediante un recorrido por el Museo del Perpetuo Socorro.
La jornada ha continuado el domingo con la Eucaristía presidida por Raúl Tinajero en la parroquia de Santa María del Bosque. En la celebración, se ha invitado a los participantes a renovar su encuentro con Jesucristo como fundamento de la misión y a vivir el amor a Dios y al prójimo desde la cercanía, el cuidado y la esperanza.
Posteriormente, bajo el título Aquí y ahora: sinodalidad y compromiso en la vida pública, se han compartido reflexiones, experiencias y buenas prácticas sobre la participación de los laicos en la vida de la Iglesia y su compromiso con la sociedad. A través del diálogo y de la metodología de la conversación en el Espíritu, los participantes han podido escucharse, compartir inquietudes y discernir juntos posibles caminos para seguir avanzando en sus diócesis, movimientos y asociaciones.
En la clausura, Raúl Tinajero ha agradecido la participación y la entrega generosa de quienes trabajan en el Apostolado Seglar, así como la colaboración del Consejo Asesor de Laicos en la preparación de las Jornadas. También ha animado a regresar a las comunidades con esperanza renovada, recordando la importancia de cuidarse mutuamente, fortalecer la comunión y mantener siempre a Jesucristo en el centro de la misión.
Las Jornadas han querido recordar que caminar con la humanidad significa estar cerca de las personas, escuchar sus preocupaciones y esperanzas, y contribuir desde el Evangelio a la construcción de una sociedad más humana, fraterna y solidaria.