Prerrafaelismo en femenino: arte, naturaleza y modernidad
La Fundación Mapfre recupera el protagonismo de las artistas que enriquecieron este movimiento británico del siglo XIX a través de la pintura, el retrato y las artes decorativas, en una muestra que reivindica su aportación a la historia del arte
Afortunadamente, en los últimos años estamos asistiendo a una necesaria revisión del papel de la mujer en la historia, la ciencia, la cultura y las artes. Tal revisión nos lleva a exposiciones como la que podremos disfrutar hasta el 10 de enero en la Fundación Mapfre de Madrid, titulada Prerrafaelismo. Itinerarios femeninos (1850-1914), organizada en colaboración con La Piscine – Musée d’art et d’industrie André Diligent de Roubaix, y comisariada por Pamela Gerrih Nunn.
Si generalmente vinculamos el Prerrafaelismo a su correspondiente hermandad, fundada en 1848, en la cual brillaron los nombres de Gabriel Rossetti, William Morris, E. Burne-Jones, J. E. Millais o W. H. Hunt, esta exposición nos permite descubrir que tal fenómeno no se puede entender sin un nutrido grupo de mujeres que enriquecieron con su hacer la estética y los paradigmas intelectuales de este movimiento británico, más allá incluso del fin de la actividad de la mencionada Hermandad de los Prerrafaelistas, acaecida en 1853.

Como su propio nombre indica, este grupo anhelaba romper con aquella tradición artística marcada por la presencia de Rafael en los círculos oficiales, a favor de esos artistas y valores previos al afamado pintor renacentista. Por paradójico que pudiera resultar, este punto de partida también suponía una apuesta por la modernidad, al reclamar asimismo la observación directa o el naturalismo frente al idealismo como vías alternativas para la creación de entonces.
En tales discursos el mundo femenino fue esencial, pues las tradicionales atribuciones domésticas de la mujer se quebrarían, al convertirse en unos temas que se reinterpretaron desde lo trascedente, reivindicando así su papel a través de la vida cotidiana, como lo hiciera en sus cuadros Margaretha Ffolliot.

También la naturaleza será una referencia para todas ellas, siguiendo a este respecto las proclamas de John Ruskin, principal teórico del Prerrafaelismo. Los paisajes de las pintoras aquí representadas se tornan en verdaderos paisajes del alma, sin que ello sea óbice para que abordasen de igual modo la flora y la fauna con un rigor no lejano a cierto empirismo científico, destacando a este respecto la producción de Anna Blunden, Rosa Brett o Charlotte Murray.
Pero quizá sea el retrato uno de los géneros más sobresalientes en esta exposición. El tono simbólico, intimista a la par que melancólico con el que se plasman especialmente las efigies femeninas, amén de la infancia, da buena cuenta de lo dicho. Fiel ejemplo de ello son los retratos pintados por Marie Spartali Stillman o Emma Sandys.

El discurso de esta exposición enlaza con el movimiento Art and Crafts, liderado por William Morris, siempre interesado por insuflar belleza a la vida cotidiana a través de la recuperación de la artesanía, rescatando a la vez los repertorios medievales. No es por ello extraño que en nuestro recorrido podamos disfrutar de diferentes bordados —May Morris, Mary Newil—, esmaltes y vidrieras, que paradójicamente pretendían mirar al presente desde el pasado, ese presente que supondría el futuro de la mujer plenamente inserta en los discursos artísticos, como así aconteció con el Prerrafaelismo.