Las pinturas de García Ibáñez para el Saliente de Albox (Almería)
El santuario almeriense estrena un sorprendente ciclo de pintura sacra contemporánea inspirado en el Apocalipsis. La obra conjuga tradición y modernidad al servicio de la devoción y la catequesis
El pasado 6 de septiembre Gómez Cantero, obispo de Almería, consagró el nuevo altar del santuario del Saliente de Albox. Con este solemne acto también se daba a conocer el impresionante conjunto pictórico realizado en estos dos últimos años para dicha ermita por Andrés García Ibáñez (Olula del Río, Almería, 1971), uno de nuestros creadores más internacionales. Por tal motivo, sin lugar a dudas, desde ahora el Saliente, además de ser conocido y reconocido por albergar una de las advocaciones marianas más estimadas en toda la comarca, también lo será por lucir un conjunto mural sacro contemporáneo absolutamente sorprendente; un ciclo pictórico que, por sus características, se pliega con acierto a los paradigmas que ha de cumplir cualquier imagen sacra, según ha venido estableciendo la Iglesia católica desde el Concilio de Éfeso, pasando por el de Trento e impelido por el Vaticano II. De esta manera, los numerosos pasajes y capítulos que aquí se recrean no solo cumplen con el afán de promover la devoción, sino que también hallamos un fin claramente catequético, objetivos ambos alcanzados gracias a ese decoro —Trento dixit— capaz de conjugar tradición y modernidad, esa singularidad de Ibáñez a la hora de dialogar con su aquí y con su ahora, tal y como también demandaron Pablo VI o Juan Pablo II a los artistas en sus correspondientes cartas a ellos dirigidas.

Quizá lo que más llama la atención de esta serie pictórica sea su temática: el Apocalipsis. Ello no es baladí, recordemos que aludida advocación mariana que aquí se venera es la de Nuestra Señora de los Desamparados del Saliente. En sentido estricto, se trata de una clara iconografía inmaculista, cuyas referencias simbólicas las hallamos principalmente en el último libro de la Biblia (Ap 12, 1-3). Así pues, con nuestra mirada puesta en esta auténtica Madre de la Esperanza, en esta mediadora que preside tan magno conjunto, precisamente en la cabecera de este santuario descubrimos ampliamente desarrollado el tema del Juicio Final, con el Agnus Dei como tierno Juez, acompañado por esos ángeles trompeteros que anuncian la definitiva instauración del Reino de Dios, siendo el Saliente ya un adelanto de la Jerusalén celeste. Así podemos observar también en la cúpula a los ancianos del Apocalipsis, mientras que en las bóvedas de los brazos del crucero lucen los elegidos y los condenados, según relata el mismo san Mateo (25, 31-46), actualizándose así tan acendrada tradición iconográfica, frecuente especialmente durante el medievo, pero también en el Renacimiento de Miguel Ángel.
En el resto del cuerpo de la iglesia no faltan otras notables referencias al Apocalipsis, destacando a quienes participan ya de esta Jerusalén celeste: los santos Pedro y Pablo como cabezas de la Iglesia, los ascendentes de María: san Joaquín y santa Ana, pasando por san Miguel, general de las huestes angelicales, hasta llegar al mundo contemporáneo de la mano del beato Juan Ibáñez.
No podemos obviar la aportación de este conjunto respecto a una reclamada y necesaria renovación de los discursos estéticos promovidos por la Iglesia y su mecenazgo. Hallamos así una apuesta por la modernidad a partir de esa figuración actual compatible con los mencionados paradigmas de la imagen sacra. De este modo, García Ibáñez da buena cuenta de su madurez pictórica, donde brilla una arrebatadora personalidad que bebe de los grandes, de Zurbarán, Caravaggio, Zuloaga y especialmente de Goya.
Y, como concluye el libro del Apocalipsis, así nos permitimos despedir este artículo, al igual que lo hacen estas pinturas: «La gracia de Nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén» (Ap 22, 21).