El exfutbolista De Marcos narra cómo le impactó un misionero que salvó a una niña acusada de brujería
El ayudante técnico del Athletic de Bilbao ha confesado en el pregón del Domund en Vitoria que se creía «una persona importante simplemente por ser conocida» pero que su experiencia con los salesianos en Togo le cambió radicalmente la mirada
«¿Qué hago yo dando un pregón del Domund delante de personas que han dedicado años y, en muchos casos, su vida entera a ayudar a los demás?», se ha preguntado este miércoles el exfubolista alavés Óscar de Marcos, ayudante técnico en el Athletic de Bilbao. En el pregón del Domund, que ha pronunciado en la Catedral Vieja de Vitoria, ha compartido este interrogante, que le surgió cuando le propusieron poner rostro al Domund.
El motivo era simple: en tres experiencias de voluntariado, en África, Perú y Grecia con refugiados, «si junto todo el tiempo que he dedicado seguramente estaremos hablando de cinco o seis semanas». Por eso no se sentía adecuado para hablar de la entrega de una vida entera.
De Marcos ha asegurado ser consciente de que ha sido elegido por ser un rostro conocido de Álava, que este año es el epicentro del Domund en España, al albergar la exposición El Domund al descubierto con motivo de su centenario. Pero, ha advertido, «a veces confundimos ser conocido con ser importante».
Él mismo lo aprendió en su primera experiencia haciendo voluntariado, con los salesianos en Togo. El detonante fue la pregunta de un chaval en el colegio de esta congregación en Deusto: «¿Cómo utilizas el poder que tienes como persona socialmente conocida para ayudar a los demás?». Al terminar su visita, expresó al director del centro su interés por irse a África.
Así llegó, con 20 años, a Togo. Ha descrito el choque de constatar que, después de «haberme creído una persona importante simplemente por ser conocida», darse cuenta de que «allí la realidad era bien distinta. Los importantes eran ellos y a mí no me conocía nadie».
Una llamada de emergencia
Le impactó especialmente José Luis de la Fuente, que trabajaba con niños de la calle, y una situación «que explica perfectamente lo que significa ser misionero». Un día, mientras comían tres sacerdotes y tres voluntarios, el salesiano recibió una llamada. Se levantó y se fue corriendo con una voluntaria, sin dar más explicaciones.
Al volver les relató que «una niña había sido acusada de brujería», por lo que su vida corría peligro. «Habían ido a buscarla y la habían llevado al internado de mujeres que había allí». Al día siguiente, fueron todos a hablar con el acusador. «Vi en primera persona cómo José Luis se enfrentaba a aquella situación por una persona que el día anterior ni siquiera conocía».
De Marcos ha confesado que entonces empezó a entender una frase que decía su bisabuelo y que forma parte del legado familiar: «El amor es como un frontón: cuanto más fuerte das a la pelota, con más fuerza te vuelve». También ha asegurado que «lo bonito de la solidaridad es que todos tenemos algo que ofrecer, que por pequeño que parezca puede ser muy importante para otra persona».
¿Qué otro sacerdote le ha marcado?
Todo esto le ha llevado a encontrar la respuesta a por qué estaba él hablando del Domund. «Tuve la suerte de estar allí y ver» ese gesto de valentía de De la Fuente. «Y hoy tengo la suerte y la oportunidad de estar aquí y contarlo. Y también de poder darle las gracias por aquello que vi y por tantas cosas que seguramente no he visto».
Junto a De la Fuente, sus palabras han sido un homenaje a Antonio, «misionero durante muchos años, cura de Laguardia y un referente en nuestro pueblo y en la comarca». Si del salesiano aprendió «ayudando lejos», el párroco «representa para mí exactamente lo mismo de lo que es dedicar una vida a ayudar a quienes estamos cerca».
Por eso ha confesado que, antes de aceptar se pregonero del Domund, quiso preguntar a ambos. Y los dos le animaron a decir que sí.