«Cada vez se usa más el hambre como arma de guerra»

«Cada vez se usa más el hambre como arma de guerra» 

Manos Unidos organiza la Mesa del Hambre 2026 con la vista puesta en el hambre, los conflictos y el derecho a la alimentación

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
En la actualidad hay 266 millones de personas que pasan hambre en 47 países en conflicto. Foto: Magnific.
En la actualidad hay 266 millones de personas que pasan hambre en 47 países en conflicto. Foto: Magnific.

Este martes ha tenido lugar en Madrid la Mesa del Hambre 2026, organizada por Manos Unidas. Para Marco Gordillo, coordinador de Incidencia y Alianzas en Manos Unidas, «cada decisión que tomamos cada día sobre cómo nos alimentamos influye en un sistema que provoca más hambre o que permite que más gente pueda comer mejor». 

—¿Qué relación hay entre los conflictos armados y el hambre en el mundo?
—En realidad, hambre y conflicto son compañeros de camino. Es decir, siempre que hay un conflicto, o bien es, entre otras cosas, porque el hambre está como un elemento subyacente, o bien porque el hambre es consecuencia del conflicto. Hay un estudio reciente que plantea que en la actualidad hay 266 millones de personas que pasan hambre en 47 países en conflicto, y que esto ha supuesto que en diez años se haya duplicado la cantidad de personas que sufren inseguridad alimentaria a causa de conflictos. De tal manera que es una realidad que está ahí, porque es muy evidente. Cada vez que hay un conflicto, eso lleva muchas veces a una situación de inseguridad alimentaria.

Un momento de la Mesa del Hambre organizada por Manos Unidas. Foto: Manos Unidas.
Un momento de la Mesa del Hambre organizada por Manos Unidas. Foto: Manos Unidas.

—¿Se está convirtiendo el hambre en un arma también?
—El hambre acaba siendo un instrumento político de poder para definir una guerra. Y eso también es una tendencia que va aumentando cada vez más, de tal manera que desde Manos Unidas hablamos del hambre como causa de conflictos, como consecuencia de conflictos y, cada vez más, como un instrumento de guerra.

«La paz no empieza cuando acaba la guerra»

—Desde el otro lado del mundo, ¿nos hemos acostumbrado a las emergencias humanitarias?
—Creo que somos muy susceptibles a los medios de comunicación, porque muchas veces lo que hacen es poner sobre la mesa las situaciones cuando explotan, cuando aparecen los efectos más interesantes, que son muy visuales. De alguna manera, es lo que más vende en términos de imagen y de comunicación, pero muchas veces nos olvidamos de que los conflictos son previos y posteriores.

Es muy difícil estar al día realmente y que los medios informen de todas las situaciones, tanto las previas a los conflictos como, sobre todo, las posteriores. Porque la paz no comienza cuando se acaba una guerra: en ese momento comienza un proceso de reconstrucción, de curación de cicatrices, de reconstrucción de infraestructuras, y todo eso queda muy al margen de lo que normalmente somos conscientes como sociedad.

—¿Cómo pasar entonces del diagnóstico a la acción, que es uno de los elementos que habéis tratado en la Mesa del Hambre?
—Lo que nosotros planteamos es que, si realmente el hambre es causa y consecuencia de conflictos, planteemos el tema al revés. Consideremos que, cada vez que trabajamos por reforzar el derecho a la alimentación de poblaciones vulnerables, lo que estamos haciendo es robustecer las capacidades y la estabilidad de esas sociedades para preservar la paz, o al menos para atenuar las consecuencias de un conflicto. De esta manera, trabajar por el derecho a la alimentación y por la seguridad alimentaria se convierte en una verdadera herramienta de construcción de la paz.

Lo que podemos hacer como ciudadanos

—¿Eso cómo se hace?
—La respuesta tiene muchas dimensiones. Hay una dimensión política muy importante, que consiste en plantear que la alimentación es un derecho. Eso requiere de los Estados la potestad y la obligación de garantizar el derecho a la alimentación, y eso, al final, significa planificación y presupuestos. Por parte de la sociedad civil, hay que incidir en las políticas públicas y trabajar realmente por un sistema alimentario que sea justo, sostenible e inclusivo.

—¿Qué puede hacer en este sentido el ciudadano de a pie?
—En la dimensión más individual, cada decisión que tomamos cada día sobre cómo nos alimentamos está retroalimentando un sistema que puede ir en un sentido o en otro. Qué comemos, cuándo comemos, dónde compramos…, todo eso influye en un sistema alimentario que provoca más hambre o que permite que más gente pueda comer mejor.