Desde el centro del futuro - Alfa y Omega

Desde el centro del futuro

Frente al auge de la cultura del enfrentamiento, León XIV reclama «desarmar» los corazones y las palabras, recuperando el diálogo, la comprensión y la paz, y advierte contra la instrumentalización del cristianismo para justificar el odio

Fernando Vidal
León XIV saluda a los jóvenes en la vigilia en Saint-Denis durante su reciente viaje al país galo.
León XIV saluda a los jóvenes en la vigilia en Saint-Denis durante su reciente viaje al país galo. Foto: CNS / Simone Risoluti.

Las palabras desarmadas y desarmantes son quizás el primer rasgo más característico del Papa León XIV, presentes desde su primera declaración como Pontífice hasta el viaje apostólico a Francia. Según distintos centros académicos, como el Programa Uppsala de datos sobre Conflictos, el año 2025 ha sido uno de los años más mortíferos: 245.000 muertos por conflictos armados y violencia política y récord de número de estos conflictos desde 1945. Es una tendencia global en ascenso desde la crisis de 2008. 

Las palabras desarmadas y desarmantes del Papa pulsan perfectamente el terrible estado del mundo, roto por las palabras de guerra y la guerra de palabras. La lucidez y valentía de León XIV no ha evitado la iluminación del fenómeno de la revolución autoritaria populista que está demoliendo la civilización de los derechos humanos y la democracia en el mundo. El conjunto de mensajes del viaje apostólico a Francia ha sido el núcleo más sobresaliente de su magisterio en el mes de septiembre e incide en el centro de esa cuestión.

El Papa constata que «las instituciones internacionales… atraviesan una crisis», principalmente por los ataques que han recibido de los autoritarios contra la confianza en las mismas. León XIV ha querido devolver la credibilidad y legitimidad a instituciones como la UNESCO y de modo contundente ha afirmado solemnemente que «la Santa Sede desea infundir esta confianza en la UNESCO, al igual que en las demás organizaciones internacionales». Forma parte de una misión a la que llama no solo a las instituciones de gobernanza mundial, sino a cada uno de los ciudadanos y especialmente a los cristianos: «Trabajar sin descanso para que la conciencia de pertenecer a una sola familia humana se haga más viva, más activa y más justa» [discurso en la UNESCO, 25 septiembre de 2026]. Sin la recuperación del espíritu del encuentro y el diálogo se pone en riesgo incluso la transmisión de la fe, porque «es imposible dar testimonio de Cristo sin amar a quienes deseamos anunciarlo» [vigilia con los jóvenes, St-Denis, 25 septiembre de 2026].

Para el Papa no es evangélico rehuir el diálogo argumentando que el otro no quiere dialogar. Por el contrario, nos solicita a cada cristiano que seamos signos de que «siempre es posible reencontrarse, establecer la amistad y construir la paz» y, recordando al venerable Robert Schuman, ser actores para «transformar las antiguas líneas de fractura en puntos de esperanza», dijo en el encuentro interreligioso de Metz el 28 de septiembre.

Dialogar no mina nuestra identidad, sino que la ahonda y enriquece. «Dialogar no disminuye nuestra identidad, sino que la expresa con simplicidad y verdad», añadió en el encuentro interreligioso. El Papa nos insta a expresar la esencia de nuestra identidad con palabras vitales que comprenden tanto mente como corazón, buscando las verdades compartidas, aprendiendo sobre el otro y nosotros mismos desde la mirada del otro. Esa forma de expresar lo esencial no se hace a base de superficializar y diluir la verdad, sino solo tanto cuanto logremos profundizar y hacer esas palabras vida real.

Sin embargo, la expansión de los extremismos no solo está desatando un aumento cualitativo de los crímenes políticos y bélicos en el mundo, sino que está corroyendo el corazón de muchas personas que se dejan poseer por el odio. La violencia suele acompañar a los extremismos, salvo cuando lo único que se radicaliza es el respeto, el amor, el perdón, la alegría o la confianza. Pero es evangélicamente más deleznable cuando se usa el cristianismo y en su conferencia de prensa en el vuelo de regreso desde Metz a Roma, lo dijo con claridad y altura magisterial: «Cierta combinación de puntos de vista de extrema derecha con un determinado tipo de religión… no constituyen una expresión auténtica del cristianismo», y advierte que estas ideas extremistas «quizá causen mucho más daño del que somos conscientes en este momento». El Papa León XIV reclama a todos los cristianos que «volvamos a los valores del Evangelio, que no tienen que ver con el odio ni con la división, sino con la comprensión, la compasión y el acompañamiento».

El Papa celebra la Misa en la catedral de Metz, Francia, el 28 de septiembre.
El Papa celebra la Misa en la catedral de Metz, Francia, el 28 de septiembre. Foto: CNS / Lola Gómez.

En Metz, el Pontífice lo aplicó con meridiana claridad a todos los extremismos que están instrumentalizando a Dios y el cristianismo: «Invocar el nombre de Dios para legitimar la violencia o la opresión es una profanación de este nombre. Nada de lo que desfigura la dignidad humana se puede reivindicar como una auténtica inspiración divina». Una y otra vez vincula las palabras y la paz, la intrínseca paz de la Palabra: «El discurso religioso debe apelar constantemente a desarmar los corazones y las palabras». El Papa no nos habla desde el pasado, ni tan solo desde la viva actualidad del presente, sino que son palabras proféticas desde el centro del futuro.