«Las oraciones ayudaron a prepararme como misionero agustino»

«Las oraciones ayudaron a prepararme para escuchar el llamado de Jesús a seguirlo como misionero agustino»

El Papa León XIV rememora su experiencia como misionero agustino en un vídeo para el Domund. «Las oraciones y contribuciones de los fieles alentaron y sostuvieron mi labor misionera en Perú»

José Calderero de Aldecoa
El Papa en el vídeo mensaje. Foto: OMP.

El próximo domingo 18 de octubre se celebra la Jornada Mundial de las Misiones (Domund), un día que el Papa León XIV ha querido impulsar con un vídeo mensaje en el que agradece a Dios «los frutos abundantes que ha derramado sobre la Iglesia» a través de esta iniciativa.

Todo comenzó hace 100 años cuando el Papa Pío XI estableció esta celebración. «Él expresó su deseo de que ello incentivara, en cada diócesis y parroquia, una comprensión más profunda de la gran importancia de la tarea misionera, una oración ferviente por la labor de evangelización, el impulso de la vocación misionera y el apoyo al trabajo de las Obras Misionales Pontificias».

El objetivo, según el Santo Padre, se ha cumplido en su propia vida. «Recordando mi juventud —rememora—, puedo contemplar cómo, misteriosamente, las oraciones ofrecidas al Señor de la mies ayudaron a preparar mi corazón para escuchar el llamado de Jesús a seguirlo como misionero agustino». Además, las oraciones y contribuciones de los fieles «alentaron y sostuvieron mi labor misionera en Perú, así como la de innumerables personas en todo el mundo».

Un misionero agustino con la unidad por bandera

Durante el video mensaje, el Pontífice también se fija en el lema de la jornada Uno en Cristo, unidos en la misión, que invita a reflexionar sobre la tarea fundamental de fomentar la unidad de la Iglesia en el seguimiento de Cristo, especialmente con nuestra propia obligación y responsabilidad de difundir el mensaje salvífico del Evangelio a todas las gentes.

Efectivamente, mediante el bautismo, explica el Papa, «cada uno de nosotros se convierte en miembro del Cuerpo de Cristo y adquiere un papel único en la contribución a la obra salvífica de Jesús». Y añade: «Nuestro Señor nos llama a colaborar como una sola familia, con la asistencia del Espíritu Santo, para llevar a todos —en todas partes— a una comunión de fe en Cristo».

León XIV concluye animando a «todos a contribuir, cada uno según su vocación y los dones recibidos, a la gran misión evangelizadora, que es siempre obra del amor». Serán de gran ayuda «para llevar el Evangelio del amor de Dios a todos, especialmente a los más pobres y necesitados».