Para los niños migrantes, un catequista de su país es un puente hacia Dios - Alfa y Omega

Para los niños migrantes, un catequista de su país es un puente hacia Dios

La II Jornada de Buenas Prácticas con Migrantes y Refugiados propondrá iniciativas de pastoral juvenil para contagiar y mostrará el protagonismo de estos testigos

Rodrigo Moreno Quicios
Marinella Parra coordina unos 42 grupos de catequesis entre todos los días de la semana.
Marinella Parra coordina unos 42 grupos de catequesis entre todos los días de la semana. «Es un trabajo de hormiguita». Foto cedida por Marinella Parra.

«Cuando llegué a España, los primeros meses se me hicieron súper difíciles, no tenía ánimo para salir de casa más que para buscar a mis hijos al colegio o hacer la compra. Dios nos regaló vivir a una calle de una iglesia a la que íbamos los domingos, pero no hice comunidad», nos confía Marinella Parra. Hoy es catequista de 600 niños en la parroquia de San Antonio de las Cárcavas y Valdebebas e ilustra a la perfección el lema Incluso uno solo de estos pequeños de la última Jornada Mundial del Migrante y Refugiado, pero no siempre fue así. Hace diez años, cuando vino desde Venezuela, echó en falta alguna de las propuestas que se harán este sábado a las 10:00 horas durante la Jornada de Buenas Prácticas con los Migrantes y Refugiados que celebrará su segunda edición en la parroquia de San Hilario de Poitiers, en el barrio madrileño de Aluche. «Ya hicimos una allí en marzo del año pasado», nos explica Rufino García, delegado de Migraciones de la archidiócesis, quien adelanta que «los objetivos básicos son compartir esas buenas experiencias para que se vayan difundiendo, dar un impulso a los espacios acogedores de emergencia y que en las parroquias se trabaje la pastoral “con” los migrantes en vez de “para” ellos».

Parra es buen ejemplo de esa pastoral protagonizada por migrantes y que sigue las intuiciones de la exhortación pastoral Comunidades acogedoras y misioneras que la Conferencia Episcopal publicó en 2024. «Ese documento fue muy importante, pero no el punto de partida, ya hay muchas parroquias con migrantes como sujetos evangelizadores», recalca el delegado de Migraciones de Madrid. En el caso de nuestra maestra venezolana, al mudarse a las Cárcavas y aterrizar en la parroquia de San Antonio dio con el que «siempre digo que fue nuestro primer hogar». Los motivos principales: que allí encontró «una comunidad bellísima, amigos cercanos, gente que me quiere y con la que sacar adelante proyectos y todo lo que nos propongamos».

Escucha bidireccional

Rufino García se apoya en este recuerdo de Parra para explicar que «una tarea fundamental» de las personas que trabajan con migrantes «es la escucha, que parece poca cosa, pero es muy importante». Él lo hace de manera particular los jueves por la tarde en el CIE de Aluche, donde se alterna con el vicario Pastoral José Luis Segovia, y reivindica que «aquí no hay alguien que escucha y otro escuchado», sino que «nos acompañamos mutuamente» y, en consecuencia, «los capellanes también salimos fortalecidos y enriquecidos gracias a los testimonios».

Es una experiencia que ha tenido Marinella, quien no fue retenida en el CIE de Aluche pero sí sabe de soledad. «Los migrantes pasan por situaciones difíciles y no tienen familia en esta ciudad donde todo el mundo tiene a sus abuelos». La alternativa con la que dio para estar mejor fue un salto hacia los demás. «Ha sido un regalo estar tan cerquita de Dios y poder dar testimonio de lo enamorada que estoy de Jesús», agradece. Y reconoce que su tarea aporta un bien adicional. Como Las Cárcavas es un barrio de nueva construcción al que están llegando muchas familias migrantes, ella sirve como banderín de enganche entre la sociedad española y el resto de hispanos y maneja códigos con los que consigue hacerse entender mejor que muchos nativos.

«En estas buenas prácticas se va a comentar alguna concreta con la infancia y juventud migrante»
Rufino García
Delegado Migraciones

«Este servicio de catequesis desde el amor no busca solamente llevarlos a recibir los sacramentos», nos cuenta Marinella, quien confiesa sentir «un nudo en la garganta» al decirnos lo siguiente: «Más allá de eso, es para formar comunidad, parroquia y estar cerca de los otros, que es un regalo para cualquier persona que emigre a un país nuevo».

Por último, Rufino García nos detalla también cómo la red de acogida de emergencia que gestiona la Mesa por la Hospitalidad de la archidiócesis se está consolidando. La última incorporación, la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, comenzará a funcionar en febrero «y hay otra institución que se lo está planteando». Con más de doce, a partir de ahora la rotación entre estos recursos será más fácil y cada turno podrá durar algo menos de un mes. «Son pasos modestos, sembramos la semilla y el dueño de la mies nos dirá cuándo recoger los frutos», concluye el delegado.