Un Tren Misionero especial por los 100 años del Domund - Alfa y Omega

Un Tren Misionero especial por los 100 años del Domund

Esta iniciativa de Cristianos Sin Fronteras que la diócesis hace suya se celebra por primera vez en la capital. La otra gran apuesta es que el domingo misionero se viva en cada parroquia y colegio con testigos de primera mano en otras tierras

María Martínez López
Rocío Rey (segunda por la izquierda) en una visita a la selva.
Rocío Rey (segunda por la izquierda) en una visita a la selva. Foto cedida por Rocío Rey.

Este sábado, unos 300 niños tomarán el centro de Madrid. Por primera vez el Tren Misionero, que organiza Cristianos Sin Fronteras y hace suya la Delegación de Misiones de la archidiócesis, se queda en la capital en vez de visitar alguna localidad cercana. «Queríamos hacer algo especial por ser el centenario del Domund», explica Pilar Salas, de la organización. Aunque esto haya implicado renunciar al tradicional trayecto en tren, «queríamos volver simbólicamente al punto de inicio, al origen»; y al tiempo demostrar que «en Madrid también se puede ser misionero». 

Se ha buscado para ello el punto más cercano posible al kilómetro cero, para desde allí peregrinar a la catedral de Nuestra Señora de la Almudena. El plan original era partir de la Puerta del Sol, aunque la acampada lo ha impedido. Al final, este particular tren arrancará de la plaza de Santa Cruz y efectuará paradas —cada una con su motivación y algún testimonio— en la iglesia del mismo nombre, la de Santa Teresa de Jesús y San José, la muralla de la Almudena y el Seminario Conciliar, donde se trabajará por grupos y se comerá. Por la tarde, el obispo auxiliar Vicente Martín presidirá la Eucaristía con ellos en la catedral.

No serán solo madrileños los que se suban al tren. La archidiócesis recibe cada año a viajeros de otros lugares. Entre los más fieles está el grupo de pastoral juvenil del Colegio Santa Joaquina de Vedruna de Cartagena (Murcia), que este año traerá a 37 chavales. «Es una de nuestras actividades importantes del curso. Llevamos más de 30 años yendo», asegura África Cordero Sánchez, su responsable. 

Los niños llegan a su destino en una edición anterior del Tren Misionero.
Los niños llegan a su destino en una edición anterior del Tren Misionero. Foto: CSF.

De hecho, es un momento tan esperado que «a veces hay lista de espera. Nos renta porque no hay muchas actividades para niños, y esta está abierta para todas las edades. Si no ponemos esa semilla desde pequeños, no podemos pretender que con 20 años estén en la Iglesia y sean misioneros. Además, es muy dinámica y amena». Ellos sí que viajan: llegan el viernes, duermen en un colegio que los acoge y regresan al día siguiente. Eso les permite «hacer convivencia también entre nosotros, algo que une mucho al grupo». 

Más allá del Tren Misionero como acto central, la Delegación de Misiones de Madrid hace hincapié en que la promoción del Domund se viva en cada colegio y parroquia. Entre los centros escolares, destaca La Inmaculada-Escolapias por lo original de su planteamiento: son niños como Nicolás y Ana, de 10 años, los que les cuentan el Domund a sus compañeros. Son los delegados de pastoral de sus respectivas clases, de 5º de Primaria; los hay desde 1º hasta Bachillerato y «nos eligen los compañeros», explica el primero. «Los profesores nos comunican las cosas para que luego se las contemos a la clase». 

«¡No sabía que llevaba tanto!»

La primera fue precisamente el Domund. El delegado, Manuel Cuervo, los visitó y les habló de esta cita. «Yo sabía lo que era, ¡pero no que llevaba tanto tiempo!». Les dieron materiales, una revista y los sobres. A su lado, Ana cuenta que se lo pasó muy bien con una dinámica que pretendía hacer realidad el lema de este año, Uno en Cristo, unidos en la misión: «Estábamos en corro y cuando alguien se soltaba le invitábamos a unirse otra vez, porque Jesús le tiende la mano». Pero lo que más le llamó la atención fue «la cantidad de gente que hay por el mundo dispuesta a ayudar».

La semana pasada fue su turno de transmitirlo en clase. Con algo de nervios, compartieron todo lo que habían aprendido, «coloreamos el sobre del Domund» y jugaron a proponer entre todos soluciones a problemas como que un compañero esté triste en el recreo o que en un colegio de la India necesiten lápices y ellos quieran ayudar pero no tengan dinero. «Ojalá algún alumno tenga vocación misionera; pero hay que empezar siéndolo en clase», señala Noemí Rodríguez, coordinadora de Pastoral. 

Los delegados de pastoral de La Inmaculada aprenden sobre el Domund.
Los delegados de pastoral de La Inmaculada aprenden sobre el Domund. Foto: Noemí Rodríguez.

Seis primas en Costa Rica

Si algo hace cercana la campaña del Domund, es que permite que mucha gente pueda escuchar, en el lugar donde vive la fe, el testimonio de un misionero. No solo aquellos con décadas de experiencia a sus espaldas, sino también jóvenes de la diócesis que han hecho experiencias breves. Es el caso de Rocío Rey, de 23 años. Hace dos veranos estuvo en la diócesis de Limón, en Costa Rica. Eran 15 compañeros, de los que seis eran ella y sus primas, además de su novio. «Mis tíos se fueron dos años a la selva de Perú y nos transmitieron mucho esa alegría por la misión», asegura. 

Ayudaron en una casa para hombres sin techo de las Misioneras de la Caridad, visitaron comunidades en la selva y participaron en actividades diocesanas como una procesión con una reliquia de Carlo Acutis con motivo de su canonización. «Me sirvió mucho para valorar lo que tenemos aquí, donde cada poco te tropiezas con una iglesia. Allí la gente hacía seis horas de camino para media de adoración». Hoy sigue vinculada a un grupo misionero de la delegación, y estos días se ha puesto a su disposición para compartir su experiencia «en un cole y a ver si puedo ir también a una parroquia». 

Una iglesia que siempre pide algún misionero es la de Cristo Rey de Usera. Su párroco, Javier Medina, está muy concienciado de la importancia de «sensibilizar a la comunidad cristiana sobre la realidad de la misión ad gentes» frente a esa mentalidad que se queda en que «aquí hay mucho que hacer y también tenemos misión». Siendo cierto, recuerda que «lo que toca aquí va por un lado y la misión ad gentes por otro»; y ambas cosas son necesarias. Este sacerdote sintió su primera llamada de niño precisamente por un misionero. Cuatro años después de ordenarse pidió permiso para irse a Colón (Panamá); a una ciudad «con 21 calles y 23 bandas armadas» donde «además de servir a la comunidad» la Iglesia tenía un gran empeño en «generar estructuras de paz». Solo pudo estar un año por problemas de salud, pero «fue una experiencia que me ha marcado». 

Actos clave
  • 17 de octubre, 9:15 horas: Arranca el Tren Misionero de la plaza de Santa Cruz.
  • 17:00 horas. Misa con el Tren Misionero en la catedral de la Almudena, presidida por el obispo auxiliar Vicente Martín.
  • 18 de octubre. Cada madrileño está invitado a celebrar el Domund en la Misa de su parroquia.

«Hay una buena respuesta»

Por eso, la semana anterior a la Jornada Mundial de las Misiones utilizan los materiales para la oración comunitaria y para los grupos de catequesis. Incluido el de trastorno del espectro autista, aprovechando el acierto de que hay una adaptación con pictogramas. Pero lo más útil para que «la comunidad alce la mirada» hacia lo universal son los misioneros visitantes, «tan generosos que suelen venir a todas las Misas». «A la comunidad le viene muy bien» conocer «de primera mano a gente que está dando la vida» y el abanico de órdenes y carismas existentes. Medina lo percibe tanto en conversaciones posteriores como en que luego «hay una buena respuesta económica». 

Este año, escucharán a María Jesús Torres García, misionera de Cristo Jesús de Albacete. Tras vivir la fe en su parroquia de niña, escuchó la llamada a la misión y «he compartido mi vida y la fe durante 32 años en Bolivia». Se dedicó a la promoción de la mujer en una zona minera y luego fue responsable de parroquia y acompañó a comunidades en Cochabamba y el Oriente. «Han sido años de una gran riqueza; he recibido mucho». Ahora en España al servicio de su congregación, siente «una gran alegría» por compartir su experiencia, especialmente en este centenario del Domund: «La misión es de todos y para todos».

Un siglo de conciencia misionera

Un año más —y ya son 100 desde que el Papa Pío XI en 1926 fijó el penúltimo domingo del mes de octubre para celebrar el Domingo Mundial de las Misiones— celebramos el Domund. Cuando algo se celebra un día al año podríamos pensar o tener la tentación de que si lo vivimos bien ese día, si colaboramos, rezamos y quizá escuchamos algún testimonio hemos cumplido con la misión ad gentes. En este caso, el recordatorio anual del Domund no es flor de un día: los misioneros, los territorios de misión, nos necesitan todo el año; o mejor, la corresponsabilidad de la evangelización es algo de cada día.

El Domund nos recuerda que la Iglesia es misionera. Resuena en nuestro corazón: «Y les dijo: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación”» (Mc 16, 15). La Iglesia diocesana vive la misión cada día, se preocupa por que el Evangelio se extienda, se sabe corresponsable de la misión, porque es su ser Iglesia el que la hace mirar hacia fuera. La Iglesia diocesana no piensa solo en la evangelización ad intra, mira más allá de sus fronteras.

Tener un corazón abierto a la misión es saber que necesitan de nosotros en lo material. Gracias a la colaboración que se recibe por el Domund, se sostienen los territorios de misión, se crean nuevas capillas, nuevas parroquias, los misioneros pueden recorrer los territorios, formar catequistas…

Gracias a nuestra oración constante, sostenemos a nuestros misioneros, nos hacemos conscientes de que no son francotiradores. Son miembros de nuestras Iglesias locales que, escuchando la llamada del Señor, fueron enviados a llevar el Evangelio por todos los rincones de la tierra. Y gracias a la animación misionera en nuestras diócesis, vigilias, mesas redondas, testimonios, experiencias misioneras de verano, damos a conocer la vocación misionera —ya que lo que no se conoce no se ama— y el discernimiento vocacional para que hombres y mujeres de todos los carismas y estados de vida puedan discernir la llamada y responder a la voz de tantos pueblos sedientos del Evangelio.

Manuel Cuervo
Delegado de Misiones de Madrid