Ricardo Spuch: ser cura es «disfrutar de la presencia de Dios y poder llevárselo a los demás» - Alfa y Omega

Ricardo Spuch: ser cura es «disfrutar de la presencia de Dios y poder llevárselo a los demás»

La misión ha acompañado la vida de este sacerdote desde que sintió esa vocación. Tras 15 años de ministerio en Madrid fue enviado a Argentina, donde ha permanecido seis años y medio

Luis Miguel Modino
Ricardo Spuch
Su vocación sacerdotal nació al conocer el sufrimiento humano a raíz de la guerra de Ruanda. Foto: Archimadrid / Javier Ramírez.

Ricardo Spuch ha sido misionero en el Chaco argentino durante seis años y medio. De vuelta a Madrid, dice que ser cura es «algo que te ayuda a disfrutar de la vida, porque estás en medio de la gente con todas sus necesidades. Y llevando a Cristo, que es lo mejor que tenemos». A partir de la misión, reconoce que el sacerdocio es «disfrutar de todo lo que nos da Él y poder compartirlo con los demás», algo que lleva a «disfrutar de esa presencia de Dios; nosotros tenemos esa suerte, esa gracia, esa ventaja de poder llevárselo a los demás».

Analizando el tiempo de misión en Argentina, destaca como negativo la pobreza que encontró: «pobreza humana, pobreza material, pobreza educativa, pobreza sanitaria, pobreza espiritual». Una realidad que, en el país del Papa Francisco, le ha ayudado a comprender, al estar entre gente que vive con tan pocas cosas, el mensaje del Pontífice sobre los descartados y las periferias. La pobreza le ha hecho ver como positivo que, a pesar de todo eso que no tienen, «viven una alegría enorme y una gran esperanza». Ese vivir con esperanza lleva al pueblo del Chaco argentino a querer a los sacerdotes: «te aceptan, te abren todas las puertas», y «están deseando que vayas a sus casas», que muchas veces tienen condiciones muy precarias.

El ser misionero de Ricardo Spuch es algo que forma parte de su vocación, que se hizo presente en su vida a través del sufrimiento humano. El momento concreto fue en la guerra de Ruanda, en 1994, entre los hutus y los tutsis. «Ahí nació mi vocación sacerdotal, mi entrega, mi olvidarme un poquito de lo que yo tenía, de cómo yo vivía, y empezar a pensar en ir al Chaco. ¿Por qué tienen que sufrir tanto? ¿Por qué tiene que haber tanta violencia? ¿Por qué tienen tanta pobreza?». Ya siendo sacerdote, una conferencia del obispo de la diócesis de San Roque de Presidencia Roque Sáenz Peña, le llevó a ser misionero en esa Iglesia local.

Una experiencia que le ha hecho ver, ya de vuelta a Madrid, que «nos preocupamos en tener muchos medios, nos preocupamos en tener mucha organización, tanta programación, tanta reunión». En Argentina lo que le gustaba era estar con la gente, a lo que dedicaba la mayor parte del día; «a estar más pendiente de los demás sin pensar en tantas necesidades que tenemos materiales, organizativas». Por ello, reafirma la necesidad de «escuchar mucho más a la gente».

En un Madrid donde se vive un ritmo frenético, con mil grupos y mil reuniones, defiende la necesidad de escuchar y estar con los fieles para llevar a Jesucristo. Eso le ha permitido conocer la vida de las personas, cómo han sacado adelante a sus familias prácticamente sin nada, con mucho sufrimiento. Entrar en las casas de los más pobres le ha permitido cambiar su forma de ver las cosas. 

La importancia de la misión

«Meterte en el corazón de esas personas», reconoce Ricardo Spuch, por encima de las circunstancias en que viven, ayuda a descubrir «qué amor tienen a Jesucristo, qué esperanza tienen en Jesucristo y que Jesucristo de verdad para esas personas lo es todo». Desde ahí cuestiona: «¿Cuántas personas en Madrid podemos encontrar para las que Jesucristo lo es todo en los momentos más difíciles?».

Ayuda que mejora vidas

«En España y en Madrid podemos estar orgullosos de lo que significa el Domund», subraya Ricardo Spuch. Una jornada para rezar y ayudar a los misioneros y que, este año, se celebra el próximo domingo y tiene como lema: Uno en Cristo, unidos en la misión. Con la ayuda que recibía de su familia y de muchos amigos, contribuyó con una escuelita para la educación de los niños más pobres y que así no estuvieran en la calle.

La promoción que la Iglesia hace de la misión es algo que valora positivamente y cita como ejemplo que cada vez se haga posible que más jóvenes tengan experiencias de misión. Pero, por encima de lo concreto, insiste en que «hay que dejar también que Dios hable, que Dios llame a cada corazón para que, de verdad, cada uno pueda descubrir y elegir dónde Dios le quiere». 

Algo que se descubre «en la oración, en la escucha del otro, en saber que hay tantos lugares en el mundo en que necesitan un sacerdote». Una necesidad que él ha vivido, pues «he celebrado en algunos lugares Misa que hacía siete años que no iba a un cura». Eso «llena el corazón y da un sentido a la vida muy grande».