León XIV: «nuestra alegría es un don para los demás»

León XIV: «nuestra alegría es un don para los demás»  

León XIV invita a los fieles durante el Ángelus a no desanimarse cuando el bien que ofrecen es incomprendido o rechazado

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
El Papa durante una misa el pasado 8 de octubre. Foto: CNS.
El Papa durante una misa el pasado 8 de octubre. Foto: CNS.

El Papa León XIV ha animado este domingo a anunciar el Evangelio «con generosidad, con valentía y con fe», también cuando no es comprendido. Durante el Ángelus, el Pontífice ha reflexionado sobre la parábola del banquete de bodas, narrada en el Evangelio de Mateo, en la que varios invitados rechazan la invitación de un rey a la boda de su hijo. 

El Santo Padre ha señalado que esta actitud también se produce en la vida cotidiana. «No siempre el bien que ofrecemos es comprendido, reconocido, apreciado; es más, a veces es malinterpretado y rechazado», ha advertido. Ante estas situaciones, ha invitado a los fieles a no desanimarse y a seguir ofreciendo el bien a los demás. 

Para ilustrarlo, León XIV ha recordado la reacción del rey de la parábola, que no suspendió la celebración ante el rechazo de los primeros invitados, sino que amplió la convocatoria y envió a sus servidores a llamar a más personas por las calles. De este modo, la alegría de los esposos podía convertirse en un don para todos. 

La fiesta de bodas es la nuestra 

El Papa ha explicado que «la fiesta de bodas es la nuestra» y que la sala del banquete representa las iglesias, las casas y los lugares en los que transcurre la vida cotidiana. En ellos, ha afirmado, Jesucristo vuelve a declarar su amor y espera una respuesta de los hombres. 

En este contexto, ha recordado el Bautismo y las buenas obras como signos de la vida cristiana: «Allí nosotros lo encontramos, vestidos, como la esposa, con el vestido blanco del Bautismo y adornados con las joyas de las buenas obras, que nos acercan a Dios y entre nosotros». 

Una alegría profunda y real 

León XIV ha subrayado que la alegría cristiana «no es artificial», sino que es profunda y real. La ha descrito como una alegría presente en los rostros de las personas y en las experiencias cotidianas, como el trabajo, las sonrisas, las lágrimas, los apretones de manos y los gestos de bondad. 

El Pontífice ha concluido pidiendo la ayuda de María, Madre del Señor, para crecer en esta alegría y anunciarla «siempre y en todas partes», incluso cuando no sea comprendida. Lo ha hecho con una invitación a compartir el Evangelio con generosidad, valentía y fe.