Cardenal Cobo: «¿Hemos preparado más a las parejas para la boda que para el matrimonio?»
El arzobispo de Madrid afronta el acompañamiento de los primeros años del matrimonio en su intervención en la cumbre vaticana sobre Amoris laetitia
La vida matrimonial. Los primeros años de matrimonio: un tiempo decisivo. Escuchar y acompañar a las parejas en los primeros años de vida matrimonial y en cada etapa de la vida. Este es el título de la intervención que ha tenido hoy el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, durante el encuentro Diez años de Amoris laetitia: Proclamando el Evangelio con las familias hoy, que se desarrolla estos días en el Vaticano.
«Una pareja llega a la parroquia para casarse. Llevan juntos tres o cuatro años. Quizá viven ya juntos, tienen bastante clara la decisión de casarse y han hablado muchas veces de su futuro. Vienen a la Iglesia y nosotros comenzamos a preparar con ellos el matrimonio. Pero hay una pregunta anterior: ¿en qué momento de su historia hemos llegado como Iglesia?», se preguntó el cardenal Cobo.
Para el arzobispo de Madrid, «Amoris laetitia nos ha ayudado a mirar de otra manera la realidad del matrimonio y ha abierto nuevos horizontes pastorales», pero el reto «no consiste en diseñar nuevos programas», sino que hay una pregunta «anterior y más decisiva», la de saber «si comprendemos de verdad, desde el inicio, la realidad de las parejas que queremos acompañar».
Procesos humanos en el matrimonio
El primer reto, por tanto, es «situar nuestro acompañamiento al matrimonio en la complejidad de este cambio de época». Además, un segundo reto «nace de la convicción de que cuidar la pareja es cuidar también la familia que nace de ella».
En este sentido, para el arzobispo de Madrid, «una de las herencias más importantes que unos padres dejan a sus hijos es la relación que han construido entre ellos: cómo se hablan, afrontan sus diferencias, se perdonan, expresan el afecto, comparten la fe y permanecen unidos en las dificultades».

Por este motivo, ante los retos de estos primeros años «nos preguntamos si en general no hemos preparado más a las parejas para la boda que para el matrimonio». Es decir, «preguntarnos si nuestra pastoral está organizada fundamentalmente desde el acto que se va a celebrar o desde los procesos humanos, creyentes y vocacionales que estamos llamados a acompañar».
«Amoris laetitia nos señaló dos elementos fundamentales a cuidar desde el momento en que una pareja se acerca a la Iglesia: acompañamiento y discernimiento», ha dicho el cardenal Cobo. Y ha esbozado un camino de respuesta: «¿Qué necesitan descubrir para saber si están llamados a entregarse definitivamente el uno al otro?».
Pastoral de acompañamiento
La clave de este acompañamiento está en «transitar, en clave comunitaria, de una pastoral de momentos, concentrada especialmente en la preparación del sacramento, a una pastoral capaz de acompañar procesos que abarcan toda la vida», abundó. Esta preparación comienza antes del noviazgo, cuando «muchos jóvenes creyentes nos dicen que encuentran dificultades para conocer a otras personas con quienes compartir la fe y un proyecto de vida». Por eso, «¿qué espacios ofrecemos? ¿Cómo ayudar a descubrir que también la manera de amar forma parte de la propia vocación cristiana?», interpeló asimismo.
Además, durante el noviazgo, «el enamoramiento forma parte del amor, pero llega un momento en que hay que pasar del otro imaginado al otro real». Entonces, «¿cómo acompañamos ese descubrimiento y ayudamos a los novios a conocerse verdaderamente? ¿O llegamos cuando prácticamente todas las decisiones están tomadas?».
Para ilustrar este acompañamiento a los novios en la diócesis de Madrid, habló de la iniciativa El reloj de los novios, «que parte de una intuición sencilla: una pareja necesita regalarse tiempo de calidad para hablar, revisar su historia, reconocer fortalezas y fragilidades, rezar y discernir». Esta propuesta «va más allá de un método concreto: supone preguntarnos cómo hacer posible un verdadero proceso de discernimiento».
Raíces de la vida matrimonial
Cuando la pareja toma la decisión de casarse, muchas veces es «después de ocho o diez años de relación, con la boda ya decidida». En este momento, «¿queda realmente espacio para discernir? Si afirmamos que el matrimonio es una vocación, ¿cómo se discierne una vocación matrimonial en la Iglesia?», se preguntó. La entrevista pastoral bien cuidada puede abrir caminos, «pero la pregunta sigue delante de nosotros».
Después comienzan los primeros años, cuando el sacramento «está celebrado», pero ahora los esposos tienen que aprender «a construir y enraizar su vida matrimonial». En esta etapa «quizá podríamos hacernos presentes en algunos momentos especialmente significativos: después de la boda, al primer año, con la llegada de los hijos, a los tres años, a los cinco». Todo ello sin convertir necesariamente este acompañamiento «en un programa continuo de reuniones».
En esos primeros años «cambia la comunicación» entre los cónyuges, y llegan «las diferencias y los conflictos», y también los hijos. Es un momento en que «la vida se reorganiza y la dimensión funcional puede acapararlo casi todo». Los matrimonios jóvenes «nos piden ser acompañados en estos cambios», pero «¿quién lo hace?», y «¿cómo acompañar el paso de la fe vivida como pareja a la fe vivida en familia?».
Nuevas transiciones
Más adelante, a lo largo de la vida conyugal aparecen nuevas transiciones: trabajo, dificultades económicas, cuidado de los mayores, cambios personales, enfermedad o desgaste de la relación. Pero «no todo es una crisis», matizó el arzobispo de Madrid en el encuentro en el Vaticano sobre los diez años de Amoris laetitia. Por este motivo, «necesitamos preguntarnos cómo ofrecer espacios de revisión antes de que las dificultades deterioren profundamente el vínculo».
Así, el cardenal Cobo mencionó los Centros de Orientación Familiar y otros ámbitos eclesiales como los tribunales eclesiásticos, que «nos ayudan a conocer mejor estas situaciones», pero dejan abierta una cuestión: «¿cómo hacer normal que un matrimonio pida ayuda para cuidar su relación sin esperar a encontrarse al límite?».
La comunidad como eje del matrimonio
En todas estas etapas de la vida matrimonial, «muchos coinciden en señalar algo decisivo: la importancia de sentirse acompañados por una comunidad cercana». Así, en una sociedad cada vez más «individualizada», «no pocas parejas viven su matrimonio con bastante soledad». Sin embargo, el matrimonio cristiano «no es solo una historia de dos; es también una vocación eclesial, llamada a crecer y a desplegarse dentro de una comunidad».
Todo ello abre varias preguntas pastorales de fondo: «¿qué comunidad necesitan hoy nuestros matrimonios? ¿Qué corresponde aportar a la diócesis, a la parroquia, a los movimientos y, especialmente, a otros matrimonios para generar comunidades capaces de acoger, acompañar y sostener la vida conyugal?».
En esta línea de acompañamiento, hay una fórmula fundamental: «los matrimonios que acompañan a otros matrimonios, no como expertos, sino desde una experiencia vivida, discernida y compartida».
Asimismo, para el cardenal Cobo, «no necesitamos solamente nuevos cursos o servicios», sino «un cambio de enfoque». «Necesitamos preguntarnos cómo generar comunidades capaces de acompañar procesos largos de vida y, especialmente, ayudar a profundizar en el vínculo conyugal dentro de las familias», abundó en este sentido.
Por eso quizá la pregunta final para el arzobispo de Madrid ya no es solamente: «¿Qué tenemos que hacer para preparar mejor a nuestros novios?», sino otra más amplia: «¿Cómo puede nuestra Iglesia acompañar toda la historia de una vocación matrimonial, desde que comienza a discernirse hasta que ese matrimonio se convierte también en acompañante y testigo para otros?».
En este campo pastoral quedan abiertas otras cuestiones: «qué elementos de Amoris laetitia necesitamos acoger mejor, cómo diseñar procesos comunitarios de acompañamiento, cómo incorporar realmente el discernimiento y qué rasgos específicos debemos cuidar en cada etapa», concluyó.