Federico y Natalia adelantaron su boda: «Solo necesitas a tu prometido, cura e iglesia»

Federico y Natalia adelantaron su boda 13 meses: «Solo necesitas a tu prometido, cura e iglesia»

Natalia no estaba tranquila por tener un año y medio para planificar todo con calma; al contrario. Discernieron casarse poco más de dos meses después y las palabras del Papa en la plaza de Lima «nos confirmaron que íbamos bien»

María Martínez López
La boda de Federico y Natalia cambió de fecha dos veces. Foto: cedida por Federico.
La boda de Federico y Natalia cambió de fecha dos veces. Foto: cedida por Federico.

Federico y Natalia están convencidos de que casarse «ha sido la mejor decisión de nuestras vidas». Tanto por el primer sí, como por haber dado el paso, la primavera pasada, de adelantar su boda más de un año y prepararla en poco más de dos meses. Se habían prometido el 29 de marzo de este año, después de dos años y un mes de novios. Y su plan original era casarse el 27 de septiembre de 2027. 

—¿Por qué cambiaron de planes?
—Natalia: Nuestro plan original era casarnos como lo hace todo el mundo: estás un año preparando la boda tranquilamente. Pero en esa aparente tranquilidad había algo que no me dejaba estar tranquila. Veía que tanto tiempo era muy pesado y tampoco era bueno teniendo las cosas claras y el discernimiento hecho ya. Y estábamos recibiendo unas charlas que apuntaban a eso. Pero no quería que fuera una cosa mía, sino una decisión de los dos. Estuve un tiempo rezándolo y le trasladé esa inquietud a Fede.

—Federico: A mí me encajaba lo de un año y medio porque era muy correcto, muy seguro. Yo soy una persona miedosa y tenerlo todo tan aseguradito me encantaba. Pero cuando Natalia me trasladó esa falta de paz le prometí que lo iba a rezar para saber qué quería el Señor. Se lo conté a mi director espiritual y le dije que no sabía cómo empezar un discernimiento tan concreto. Y me dio tres pautas ignacianas.

—¿Cuáles?
—Federico: Primero, si te da paz, adelante. Segundo, leer todos los días el Evangelio del día y ver qué te quiere decir el Señor. La tercera era qué te gustaría que dijesen de ti al morirte o cómo te gustaría ver la vida al final de tus días. Ya los primeros días vi que Dios hablaba claro, por ejemplo con un papelito de la Palabra que cogí en la capilla de la universidad. Pregunté «¿quieres que la adelantemos a noviembre?». Y el papelito era «el Maestro está ahí y te llama». Flipé e hice una especie de sesión de alabanza yo solo. Tuve un momento brutalmente íntimo con el Señor, de agradecimiento profundísimo. 

—¿Fue así como fueron a la vigilia con el Papa en la plaza de Lima?
—Natalia: Sí. La vigilia nos gustó mucho por el mensaje que se dio sobre la llamada al matrimonio. Fue un refuerzo más para saber que estábamos en lo cierto, porque no queríamos hacernos la fe a nuestra medida, sino de verdad hacer la voluntad de Dios. El Papa nos confirmaba que íbamos bien. Si el Señor te está llamando a algo, va a ir bien aunque uno tenga miedo, porque te va a dar los medios. 

—Federico: Alguno de los matrimonios que nos ha acompañado en la parroquia de Buen Suceso nos ha dicho que si el Señor te mete en un fregado, el fregado es suyo, no tuyo. Le puedes decir «si Tú me metes, Tú tendrás que sacarme».

—Pero tampoco se casaron en noviembre…
—Natalia: Luego adelantamos la boda otra vez —¡eso ya fue el acabóse!— porque había personas muy cercanas que no podían venir. Tenía que ser antes porque después no iba a ser. «¿Venís en verano?», preguntamos. Y la adelantamos al 15 de agosto. Se lo dejamos a la Virgen. Y curiosamente todo el mundo estaba, aunque les venía mal en mitad de las vacaciones.

—Federico: Para mí fue difícil en algunos momentos decirlo, era un poco como pidiendo perdón. Y muchas veces nos transmitieron desaprobación o se ponía en tela de juicio nuestra madurez. Ha sido agotador sostener la presión de que la gente desaprueba constantemente que hagas algo contrario a lo que ellos consideran que deberías hacer. Querían lo mejor para nosotros, pero con la mirada del mundo es muy difícil entender estas cosas tan de Dios. 

El apoyo de otros matrimonios en la parroquia de Buen Suceso los sostuvo. Foto: parroquia del Buen Suceso.
El apoyo de otros matrimonios en la parroquia de Buen Suceso los sostuvo. Foto: parroquia del Buen Suceso.

—¿Qué los sostuvo?
—Federico: El respaldo de esa otra familia que es la Iglesia. Los sacerdotes que estaban disponibles, amigos ya casados, matrimonios de Buen Suceso, todos los cursos y retiros que ofrecen… Gracias a eso hemos podido hacer un discernimiento en condiciones y sentir que no estamos locos, que no estamos tomando una decisión precipitada sino haciendo un acto libre de entregarnos el uno al otro, con plena conciencia. 

—Natalia: Fue bastante duro, pero estábamos convencidos de que ahí estaba el Señor y sentíamos una paz inmensa. Entendemos que es una cosa difícil de entender, que no es para nada habitual y va en contra de lo que dicta el mundo. Nos hemos visto sostenidos por Jesús. 

—Federico: Aunque esto no nos ha librado de cometer errores ni significa que hayamos sido perfectos. Nos hemos equivocado de mil formas diferentes. Pero el Señor nos ha dado la mano siempre. 

—¿Tenían trabajo cuando tomaron la decisión?
—Federico: Yo encontré trabajo en mayo, justo cuando decidimos cambiar la fecha la primera vez. Creo que ha sido uno de los signos evidentísimos de que Dios es bueno con nosotros. 

—Natalia: De hecho le surgieron tres. Yo tenía uno hasta noviembre y lo tuve que dejar antes. Pero el Señor se ha encargado de darnos otros. Yo soy profesora de Música en Infantil y Primaria en un colegio y Federico es orientador en el mismo sitio. Jamás me hubiera podido imaginar que nos iba a dar uno que nos permitiera tener el mismo horario y las mismas vacaciones. No estaba para nada en nuestros planes. 

—Federico: ¿Nos podíamos pegar un guantazo? Pues a lo mejor sí, pero tendremos a Dios. La gente vive con muchísimo miedo. Yo también. Y el Señor no te los va a ahorrar pero va a estar contigo. Aquí todos somos muy católicos pero cuando llega el momento de la verdad, hay que asegurarse bien las cosas. Y no: Dios nos llama a una confianza plena, a ser como niños. Dios sabe lo que necesitas y te lo da. Pero necesita primero tu sí.

—¿Y cómo fue organizar una boda en dos meses?
—Natalia: Pues por el Señor, porque si es por nuestras fuerzas… Ya estábamos muy seguros de esa fecha e hicimos todo lo posible para que saliera adelante. Antes de hacer cada llamada rezábamos. Llamamos a un párroco de confianza y le preguntamos si podía ser en su parroquia. Pero si no era en ese sitio ya sería en otro: nos íbamos a casar ese día. Al final nos dijo que sí.

Primero va la boda. ¿Que luego no hay cóctel? ¿Y quién ha dicho que tiene que haber cóctel? Es que se nos ha ido la olla, no hace falta tanta parafernalia. No sé si ese mismo día o al siguiente fuimos al sitio donde teníamos que hacer el expediente matrimonial. Intentaron resolverlo cuanto antes. Y, cuando está el Señor de por medio, todo fluye y todo sale. De verdad, os damos nuestra palabra. La clave está en que nos centramos. Como era tan poco tiempo y teníamos todo tan claro… ¿Qué necesitamos? A mi prometido, un cura y una iglesia. 

Después de lo importante, ya todo es añadido y viene el pensar hasta dónde se quiere gastar uno el dinero. Ya antes de cambiar la fecha, yo tampoco tenía paz pensando en una boda al uso. Lo de que las bodas cuestan un dineral… es lo que te quieras gastar. Hay que ser consciente de que es solo un día y ese día no es el importante, sino los que vienen después. 

—Federico: Cuando llegamos a la conclusión de que tal como se hacen las bodas ahora lo más barato que podíamos encontrar eran 40.000 euros… Aunque hubiéramos podido pagarlo no lo habríamos hecho. Y aun así, luego venían personas cercanas que te quieren y consideran que necesitas tener una boda como la de todo el mundo, y te dicen «esto te lo pago yo», aunque no lo quisiéramos… Miro atrás y me hubiera gustado que la boda fuera un poco más austera, en la que todo lo que hubiera tuviera sentido para nosotros.

—¿Hubo momentos de tensión por las prisas o tener que tomar tantas decisiones?
—Federico: Casi nada. La mayor diferencia fue cuando Natalia quiso adelantar la boda. E incluso entonces nuestro deseo no era el de hacer lo que yo quiera sino saber qué quería el Señor. Porque ese es el plan que nos va a hacer felices. 

«Cuando está el Señor de por medio, todo sale», aseguran. Foto: cedida por Federico.
«Cuando está el Señor de por medio, todo sale», aseguran. Foto: cedida por Federico.

La cruz la vas a encontrar en todos lados, hagas la voluntad del Señor o no. Si la naces, lo vas a pasar mal porque el mundo se va a poner en tu contra y mucha gente no te va a entender. Y si no, porque vas a estar preso del qué dirán sin el amparo de estar haciendo la voluntad del Señor. Entonces, puestos a elegir, vete a Su bando, ¿no?

—¿Cómo salió todo al final y cómo lo vivieron los invitados?
—Natalia: La gente estuvo contenta y nos felicitó mucho porque había sido una ceremonia preciosa y preparada con mucho amor. Decían: «¡Ah, pues oye, qué bien han salido las cosas!». Es como el que dice a su vecino que qué bonitas tiene las plantas. Pero es que llevan su trabajo, no se mantienen solas. No es cuestión de suerte, sino de confiar en el Señor y de ser constante. El poner primero lo primero hace que al final lo importante salga bien. ¿Que luego suena en el cóctel una canción que no quieres? No es importante. Ha sido la mejor decisión de nuestras vidas.