Toribio de Mogrovejo: escuela actual de pastores - Alfa y Omega

Santo Toribio de Mogrovejo (1538-1606) ocupa un lugar especial entre los santos preferidos de León XIV, junto a san Agustín, san Juan Crisóstomo y santo Tomás de Villanueva, como nos recordó en la plaza de Lima (Madrid) (06-06-26) y a la Conferencia Episcopal Española (08-06-2026). El Papa lo presenta como modelo de evangelización, oración, justicia y entrega pastoral, especialmente al servicio de los pobres y más abandonados. Durante su episcopado fundó numerosas parroquias, impulsó concilios y sínodos y dedicó todas sus fuerzas a la evangelización, aprendiendo las lenguas locales y afrontando los abusos y la corrupción de su tiempo. Su acción pastoral nacía de una profunda unión con Dios y de una intensa vida de oración (A la semana social en Perú, 04-08-2025). 

Para León XIV, santo Toribio enseña a los obispos a leer la realidad con fe y vivir a la manera de los Apóstoles, con sencillez, valentía y disponibilidad al Señor. Su vida apostólica se resume en comunión, fidelidad al Evangelio, entrega total, cercanía y amor pastoral: no solo anunciar a Cristo, sino hacer de la propia vida un verdadero testimonio de Cristo, como lo fue la vida de santo Toribio: unido a la Iglesia, fiel a la Palabra, entregado hasta el sacrificio y cercano a cada persona. (A los obispos peruanos en visita ad limina, 30-01-2026).

Recientemente el papa ha enviado una carta (08-09-2026) como un verdadero programa de espiritualidad y de ejercicio del ministerio episcopal para América Latina y el Caribe. Su originalidad está en presentar a santo Toribio no como simple conmemoración histórica, sino como escuela actual de pastores. Presenta el rito de recepción del obispo en su catedral y cada gesto litúrgico como clave para comprender y renovar el ministerio episcopal. 

Y junto a Toribio el papa propone como una auténtica constelación de obispos santos y beatos latinoamericanos: Antonio María Claret, Ezequiel Moreno, Rafael Guízar y Óscar Romero, y los beatos Juan de Palafox, Jacinto Vera, Mamerto Esquiú, Enrique Angelelli, Jesús Jaramillo y Eduardo Pironio, que desea se estudien sus ministerios y escritos, especialmente en la formación de seminaristas y sacerdotes. Así surge la idea de una escuela histórica de pastores, nacida de la propia experiencia eclesial latinoamericana. 

Para León XIV el obispo debe estar arraigado en Cristo y en la Eucaristía, ser discípulo antes que maestro, unido al Papa y al Colegio Episcopal, cercano a sus sacerdotes, presente físicamente entre su pueblo, atento a los pobres y vulnerables, evangelizador en las culturas concretas y dispuesto a entregar su vida por la grey.

Santa María de Guadalupe enseña al obispo a reconocer la acción de Dios incluso cuando se manifiesta por medio de los pequeños y de caminos inesperados. La carta comienza con Toribio y termina con Guadalupe: el pastor recibe una Iglesia concreta, camina con ella, la escucha, la lleva a Cristo y aprende a reconocer en ella la acción del Espíritu. La pastoral episcopal aparece así como una peregrinación de fe, comunión, servicio y entrega.

En conjunto, esta carta no es solamente una reflexión sobre santo Toribio. Es una teología práctica del episcopado latinoamericano: el obispo como discípulo, pastor, maestro de la fe, padre de sus sacerdotes, servidor de los pobres, hombre de oración y ministro de la unidad. Su novedad está en presentar todo ello a través de la gramática simbólica de la liturgia de entrada en la catedral. De este modo, León XIV transforma una conmemoración histórica en una invitación concreta a la renovación misionera y espiritual del episcopado latinoamericano, en este año jubilar que celebramos el tercer centenario de la canonización de santo Toribio (Benedicto XIII, Bula Quoniam Spiritus, 10-12-1726).

Isaac González Marcos, OSA