En el último barómetro del CIS (septiembre de 2026) aparece un dato que, por su importancia simbólica, no ha pasado desapercibido: el porcentaje de ateos (17,1 %) supera al de católicos practicantes (15,9 %) en la sociedad española. Esta información ha atraído una atención aún mayor, ya que contrasta con el frenesí religioso de la última temporada, en la que, entre películas, álbumes, influencers hablando de fe y la visita papal se han publicado diversas crónicas sobre «el giro católico». El péndulo vuelve a virar y a algunos se les antojará que el sueño —dependiendo de quién lo mire— de la revitalización católica se desvanece, retomando su curso la normalidad secular. Si agregamos el clima de polarización y los ecos sempiternos de la España laica y la católica, cada nueva información —según su contenido— se presenta como una victoria de una parte frente a la otra.
¿Hay más ateos que católicos practicantes en España? Sociológicamente la respuesta no es tan sencilla: la diferencia es de apenas 1,2 %, lo que la sitúa incluso dentro del margen de error para este tipo de estudios, y no es descartable que, cuando se publique el siguiente barómetro, la situación se revierta (o no). Las muestras se diseñan para ser representativas de la sociedad, no son la sociedad, aunque los números nos generan esa aura de mágica precisión propia de los guarismos. Sin embargo, las cifras sin un marco de interpretación pueden ser utilizadas para confeccionarnos un traje a medida. Paro aquí, porque de esto ya tendremos suficiente al año que viene en los debates electorales, en los que volveremos a ver cómo, con la misma información, nos tratarán de convencer de posiciones diametralmente opuestas.
Los datos por sí solos poco dicen, pero hablan más claro cuando los ponemos a dialogar con otras realidades. Y, para el caso que nos ocupa, debemos interpretar la cifra dentro de una trayectoria más amplia. El sector no religioso ha aumentado vertiginosamente en los últimos años, desde representar apenas un 13 % en el año 2000 a superar, sumando ateos, agnósticos e indiferentes, el 40 % de la población. El barómetro apuntala esta dinámica y nos revela, a la vez, una cuestión muy significativa: es el grupo de los ateos, que —si lo comparamos con otros estudios— tiende a presentar una postura más crítica y alejada del ámbito religioso, el que se sitúa en la cabeza de este sector.
Esta tendencia, afianzada con claridad desde el inicio del siglo XXI, contrasta con la reducción del número de católicos en paralelo, haciendo que el catolicismo practicante deje de ser el estado natural de los españoles, como otrora (quizá) fue, para convertirse en una minoría cognitiva, es decir, un grupo con una posición propia y distinta de la del resto de la sociedad. Esto no implica que sea irrelevante, primero porque continúa representando a un porcentaje significativo de españoles, pero también porque ese estatus minoritario lo sitúa ante la responsabilidad de qué hacer con su voz en una sociedad que cada vez la reconoce menos como propia.
Los datos no solo tenemos que leerlos desde las trayectorias, sino también a la luz de un contexto social más amplio que está marcado por la diversidad; una diversidad que, además, trasciende las fronteras estáticas de las categorías ateo / católico para poblarse de espirituales no religiosos, cofrades ateos, católicos de todo tipo y condición, así como aquellos que recuerdan que lo son cuando les pregunta el CIS. Junto a ello hay que enfatizar algo que el barómetro, al incluir solo personas con nacionalidad española, no puede capturar plenamente: el pluralismo religioso y, también, el pluralismo cultural dentro del catolicismo, ya que una parte importante de los migrantes profesa esta fe (y tampoco están incluidos en el estudio si no tienen la nacionalidad).
Todas estas contradicciones se recogen con fuerza en el sector juvenil. El aumento de católicos entre los jóvenes de 18 a 24 años desde el año 2020 acontece sobre el trasfondo de una juventud muy secularizada: una tendencia que en este estudio vuelve a reiterarse con un 39,7 % de católicos (sumando practicantes y no practicantes) en esas edades. El dato contrasta con el 33 % aproximadamente de los barómetros del año 2021, pero —no se nos olvide— debe ser leído junto al 54,5 % de jóvenes que se declara no religioso en esta edición de septiembre del 2026. Así pues, el crecimiento que se detecta en el catolicismo se da en el seno de una juventud cuya mayoría se declara no religiosa, y sobre la que, si enfocamos nuestra mirada, podemos precisar más con una información relevante: las diferencias entre catolicismo practicante y ateísmo entre los más jóvenes dejan de ser casi imperceptibles y se convierten en una importante distancia entre el 25 % de ateos y el 12,9 % de católicos practicantes para esa franja de edad.
¿Y qué pasará en el siguiente barómetro? ¿Qué nos depara el futuro? Aunque la sociología emplee números para pulsar la realidad, su materia prima es ese mosaico humano que llamamos sociedad. Y esto nos conduce a reconocer inevitablemente que, detrás de la magia de los números, se esconden las personas; rostros e historias concretas, con un horizonte tan abierto como el de la respuesta a la pregunta esbozada.