León XIV defenderá «toda vida» en la Francia que estrena la eutanasia - Alfa y Omega

León XIV defenderá «toda vida» en la Francia que estrena la eutanasia

El Santo Padre se reunirá con enfermos en Lourdes solo un mes después de la promulgación de la ley. «Queda mucho por hacer» para limitar su alcance, aseguran los expertos, y su voz ayudará a ello

María Martínez López
La Gruta de Lourdes, donde los enfermos buscan el consuelo de María, en vísperas del viaje papal.
La Gruta de Lourdes, donde los enfermos buscan el consuelo de María, en vísperas del viaje papal. Foto: Reuters / Manuel Ausloos.

La italiana Antonietta Raco conoce bien el sufrimiento de una enfermedad limitante. La esclerosis lateral primaria la postró en una silla de ruedas. En 2009 peregrinó a Lourdes (Francia). En las piscinas escuchó: «No tengas miedo», y recuperó la movilidad. El suyo es el último milagro (el 72) reconocido en el santuario. Allí volverá este fin de semana para escuchar a León XIV, que recalará del sábado al lunes dentro de su viaje al país galo, del 25 al 28 de septiembre. Raco cree que sus palabras «podrán llenar el corazón de muchas personas que en este momento sufren, tanto en su cuerpo como en su espíritu. Seguramente será de gran ayuda», ha dicho a los medios vaticanos.

Su propuesta poco tendrá que ver con la que ofrece el país, que en verano legalizó la eutanasia y el suicidio asistido para quienes sufren enfermedades graves e incurables en fase avanzada o terminal que les provoquen un sufrimiento físico o psicológico que no pueda ser aliviado y se considere insoportable. Era el final de «un largo recorrido» que se inició hace más de diez años con el anterior presidente, François Hollande, explica a Alfa y Omega Yann le Lay, delegado para la Diaconía y la Solidaridad (incluida la pastoral de la salud) de la Conferencia Episcopal de Francia. Las asociaciones que promueven estas prácticas «han trabajado incansablemente» para sacarla adelante, «argumentando que la gran mayoría de la sociedad lo apoyaba». 

Respuesta al debate sobre la integración

En un distrito popular cercano a Saint-Denis se encuentra Maison Bakhita, creada hace seis años por la archidiócesis con otras entidades y que el Papa visitará. «No es una casa de acogida, sino un proyecto que permite dar ese paso en la integración» promoviendo la creación de relaciones «entre las personas que viven en ese distrito, los voluntarios y los migrantes que son acogidos», explica Marcela Villalobos, del Servicio de Misión y Migraciones de la conferencia episcopal. Es la respuesta de la Iglesia a debates que se proyectan a toda Europa. «Sería ingenuo negar que en Francia hay problemas de segregación territorial, de pobreza, de discriminación, de desempleo. Pero no podemos decir que se deben simplemente a la presencia de migrantes», ni que esta se relaciona automáticamente con la violencia. «¿Qué condiciones ponemos como sociedad para que la integración sea posible?».

Sin embargo, «nunca obtuvo un apoyo unánime». Más aún, «ha disminuido a medida que se explicaba con mayor claridad» su contenido. Además de la oposición del Senado, incluso en la Asamblea Nacional «vio disminuir considerablemente la mayoría a favor», hasta el punto de que se aprobó «por un estrecho margen» de 50 votos entre 577 diputados.

Una peculiaridad de esta ley es que se ha vinculado con otra de cuidados paliativos, aprobada en mayo. Esta «es algo bueno, pero muy insuficiente», asegura la doctora Marie Danel, jefa de este departamento en el Hospital San Vicente de Paúl de Lille. «No es una ley lo que garantizará el desarrollo de los paliativos» ni «permitirá que todos tengan la opción de recibirlos». Lo harían «más bien los recursos, una política sólida, financiación y la concienciación de toda la sociedad». 

Danel explica que «los pacientes terminales a veces se encuentran en situaciones de sufrimiento y expresan el deseo de morir. A menudo no se trata de una solicitud de eutanasia» como tal, aunque «a veces sí lo es». Más aún, «con frecuencia no es un proceso continuo ni lineal», sino un sentimiento «ambivalente y que fluctúa», hasta el punto de que «ciertas personas expresan un fuerte deseo de morir que luego desaparece». En realidad, manifiestan «la necesidad de ser escuchados, de que se les dé tranquilidad. Nos piden nuestro compromiso». «Quieren asegurarse de no sufrir, de no estar solos». Es habitual que «se sientan una carga» y les preocupa «la inutilidad de sus vidas». Ante esto, «lo primero y más importante es establecer una conexión, escucharlos, respetar lo que expresan» y reconocer, por debajo de todo ello, el sufrimiento. «Nuestra labor como cuidadores es comprenderlo, entender sus miedos, poder responder a ellos, brindarles alivio cuando tienen dificultades físicas» y «comprometernos a no dejarlos solos». 

Aumento de bautizos de adultos

Dentro del catálogo de encuentros institucionales —con el presidente, con las autoridades, etc.— y pastorales de la visita, uno llama la atención por su novedad. Además de Misas multitudinarias, de la vigilia con jóvenes, de las visitas a proyectos sociales y de los encuentros con enfermos, obispos y vida consagrada, en la agenda del Pontífice se ha incluido una cita con la Asamblea Sinodal Provincial, los catecúmenos y los neófitos de la archidiócesis de París. «La comunidad católica considera este encuentro un momento decisivo para su crecimiento, especialmente en lo que respecta al aumento de los bautizos de adultos», más de 13.000 en la última Pascua en el país, subrayó Bruni. A ellos se sumaron 8.000 adolescentes. «El Papa se dirigirá a una Iglesia que se interroga a sí misma, reflexionando sobre la vida cristiana en el corazón de Europa y sobre el desafío de las sociedades secularizadas».

«La batalla no ha terminado»

Paradójicamente, el presidente Macron, que «obligó a su primer ministro a aprobar esta ley antes del verano» —cuenta Le Lay—, cuando «teníamos tiempo de sobra para continuar el debate», probablemente «por razones políticas y electorales» por el final de su mandato, es el mismo que se ha volcado con el viaje de León XIV, hasta querer convertirlo en una gran visita de Estado con gestos que el Vaticano rechazó para favorecer un enfoque más pastoral. 

La visita «es una alegría y un consuelo ante cierta presión política», subraya el responsable de Diaconía y Solidaridad del episcopado. «La batalla legal aún no ha terminado» y «persisten muchas incertidumbres» sobre la aplicación concreta de la ley, por ejemplo en relación con la objeción de conciencia. «Queda mucho trabajo por hacer. No estoy seguro de que podamos mejorar la ley, ya que es grave y peligrosa para los más vulnerables, pero podemos limitar su alcance». En este sentido, «se esperan con gran interés las palabras y la experiencia» del Papa «para reiterar la importancia de promover la dignidad humana y de buscar juntos el bien común». 

Perspectiva europea y global

El viaje del Santo Padre a Francia concluirá, el lunes, en clave europea. La marcará el paso por Metz, un lugar en el corazón del continente, de sus conflictos y su reconciliación. Está en la región histórica de Alsacia y Lorena, epicentro de los enfrentamientos entre Francia y Alemania. Pero es también cuna de Robert Schuman, padre del proyecto europeo. Allí el Papa hablará de «una Europa donde coexisten la unidad y la diversidad», dijo Bruni. Macron ha invitado a líderes internacionales —con una «puerta abierta» a encuentros privados, según la Santa Sede—. Antes de eso, el viernes, el Papa insistirá en la unidad en su visita a la sede de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). Aludirá al papel del arte y la educación frente a «una visión utilitaria de la vida y del hombre» y no faltará una referencia a los retos de la inteligencia artificial.

Al presentar el viaje, el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Matteo Bruni, adelantó que en la sede de la UNESCO, el viernes, el Santo Padre podría hablar de la «protección de la vida humana, de toda vida, especialmente en los momentos de mayor fragilidad». Aludió también a «la libertad individual de conciencia» como fruto de la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano y de sus «orígenes profundamente cristianos». En cuanto a la etapa de Lourdes, la más larga, señaló que este lugar «habla por sí mismo y sirve de refugio y sanación ante los males y sufrimientos que afectan tanto a la nación como a las personas». Lourdes y su mensaje «tienen algo que decir —y respuestas que ofrecer— ante los profundos interrogantes que plantean la sociedad francesa y un mundo que busca sanación», así como a las «personas que luchan contra la enfermedad y sus consecuencias, a quienes tienen sed de recuperación y a quienes temen la enfermedad por sentirse solos». 

«Me conmueve profundamente que el Papa se haya tomado el tiempo de venir a nuestro encuentro», afirma Le Lay; «de descubrir la belleza y la vitalidad de la Iglesia en Francia, y de mostrar su presencia paternal a los más pobres, a las personas con discapacidad, a los enfermos, a las víctimas de abusos, a los ancianos; pero también a los fieles, a las personas consagradas, a los humildes servidores de nuestras parroquias y barrios, a las figuras económicas y políticas, a los artistas y a todos los habitantes de nuestro país».