Los hijos de Piedad completan su ayuda a la dependencia: «Imagina que no tuviese a nadie»
Lola Luna está encantada con el servicio de ayuda a domicilio de la Fundación Asistencial San Camilo para su madre, Piedad. Pero señala que las ayudas públicas no son suficientes y que «no pueden valorarla hoy y estar esperando un año». Espera que la reforma de la ley de dependencia cambie las cosas
Cada día, Piedad pasa la mañana con Carmen. La asea, la ayuda con la casa, acompaña al médico y hasta a la peluquería. Antes fue con Marisa. Y la primera fue Mai, que atendió durante tres años —pandemia incluida— a su marido, fallecido en noviembre de 2020, y luego a ella.
«Él estaba enfermo del corazón, ya muy débil, y era muy dependiente de mi madre que también estaba mayor», explica Lola Luna, una de sus hijos. Pidieron apoyo al Servicio de Ayuda a Domicilio de la Fundación Asistencial San Camilo, surgida en el entorno de los religiosos del mismo nombre.
Al fallecer él, «mi madre cayó bastante hacia abajo porque había tenido un desgaste muy fuerte. En mi casa se ha cuidado a mis abuelos, a mis tíos…». Ahora, a sus 87 años, tiene a alguien que ayuda a sus hijos a hacer lo mismo por ellos. «Y lo hacen muy bien, están muy bien preparadas y mis padres han estado siempre muy bien atendidos», asegura.
Aumentan las necesidades
En su día, Luna y sus hermanos decidieron solicitar para su madre una ayuda a la dependencia. «En nuestro caso fue bastante rápido porque mi hermano llamó a muchas puertas». Se concretó en una aportación económica de 400 euros. Que contribuyen, pero no cubren ni mucho menos el coste de que Piedad esté atendida.
Hace poco, «detectamos que tenía ausencias y perdía la noción del tiempo». El 2 de septiembre recibieron el diagnóstico de un inicio de alzhéimer. «Nos han recomendado que vaya a un centro de día. Tenemos que buscar y valorar bien, pero yo cuento con San Camilo». También tendrán que pedir una nueva valoración de su grado de dependencia.
Luz verde definitiva a la reforma de la ley de dependencia y la discapacidad.https://t.co/0yz4HqJW2D
— EFE Noticias (@EFEnoticias) September 16, 2026
«A ver cuánto es» una cosa y otra, se pregunta Luna. Sobre todo porque el resto del tiempo seguirá necesitando a alguien en casa. Estos trámites han empezado a hacerlos con la ley de dependencia en vigor, sin beneficiarse de los cambios de la reforma que el 16 de septiembre recibió la luz verde definitiva en el Congreso.
Más agilidad
«Pediría sobre todo agilidad en los procesos», reivindica la hija de Piedad. A una persona dependiente «no pueden valorarla hoy y estar esperando un año a que le den algo. Nosotros tenemos suerte». Son siete hermanos y entre todos la acompañan por las tardes y fines de semana, y la llaman varias veces al día; además de poder repartir los gastos que no cubre la ayuda pública.
«Pero imagínate que no tuviese a nadie. O que solo fuésemos uno o dos hijos. Hay mayores solos o que dependen solamente de una persona que además tiene que trabajar para vivir», mientras «se hace cargo de un familiar que es sagrado para ella. Esta gente vive en vilo». Si la situación se prolonga años, a Luna no le extraña que «acaben con depresión».