La Iglesia auspicia la paz frente a la degradación ecológica - Alfa y Omega

La Iglesia auspicia la paz frente a la degradación ecológica

En la Jornada Mundial de Oración para el Cuidado de la Creación, el Papa puso el foco en los efectos de la violencia sobre la casa común y animó a revertirlos. En México lo hacen convirtiendo las armas en juguetes

José Calderero de Aldecoa
Un colombiano tala árboles para plantar coca en Guaviare.
Un colombiano tala árboles para plantar coca en Guaviare. Foto: AFP / Raúl Arboleda.

Violencia y degradación ecológica no son líneas infinitas sin puntos de intersección. Así lo aseguró León XIV en su mensaje para la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, una celebración que marca el inicio del Tiempo de la Creación en el que estamos inmersos: «La guerra deja una destrucción social y ecológica que perdura por generaciones». Más aún, «la interacción entre conflictos armados y degradación ambiental a menudo crea círculos viciosos que destruyen ecosistemas, contaminan recursos esenciales, como el aire y el agua, y merman la seguridad de los alimentos».

Pero lejos de ser una hipótesis, las palabras del Pontífice se encarnan en infinidad de zonas de la geografía mundial. México es una de ellas. «La violencia que vivimos en el país tiene un impacto directo sobre los recursos naturales», asegura el padre Jorge Atilano González, que es el director ejecutivo del Diálogo Nacional por la Paz. Se trata de una iniciativa impulsada por la Conferencia del Episcopado Mexicano y la Compañía de Jesús —junto con la sociedad civil, universidades y otros colectivos— para reconstruir el tejido social y combatir la violencia. «Hay grandes zonas del país controladas por la delincuencia». En ellas, por un lado, «se da la mercantilización de la vida, a través del secuestro y la extorsión». Pero también «sufrimos la apropiación de bosques y la tala ilegal de árboles. Arrasan con todo para luego vender la madera», denuncia Atilano. 

Amor frente a los homicidios

Frente a estas prácticas, el Santo Padre en su mensaje llama «a construir una civilización del amor». Un horizonte que en México, a pesar de que en 2025 todavía hubo 27.989 homicidios —según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI)—, no se percibe como imposible. De hecho, el dato es un 16,6 % menor que el de hace un año.

Entre las causas hay que citar al Diálogo Nacional por la Paz, que nació entre 2022 y 2023, y que desde entonces ha desarrollado cientos de proyectos en las zonas afectadas por la violencia. «Hemos montado 200 consejos de paz y justicia cívica y se han creado también más de 300 mesas de diálogo, hemos implementado programas de salud mental…».

Como objetivo común a todas estas iniciativas, el director ejecutivo habla de «rehacer el tejido social, recuperar el sentido de pertenencia, la confianza, la participación ciudadana» o de «articular puentes entre las distintas fuerzas de seguridad para que pueden colaborar contra la corrupción».

Un militar destruye una de las armas entregadas en el marco de la iniciativa 'Sí al desarme, sí a la paz'

Un militar destruye una de las armas entregadas en el marco de la iniciativa Sí al desarme, sí a la paz. Foto: @padrehayen.

Armas por juguetes 

La contención de los datos sobre violencia también tiene que ver con la iniciativa Sí al desarme, sí a la paz puesta en marcha por el Gobierno de México, en la que ha colaborado la Iglesia católica. De hecho, muchos de los puntos de recogida de armas se encontraban en parroquias o incluso en catedrales. «Se trata de un desarme voluntario. Cualquiera podía ir a entregar un arma y, a cambio, se le recompensaba con dinero en efectivo o con material educativo y de ocio para los niños», explica Jorge Atilano González en conversación con Alfa y Omega.

Entre octubre de 2024 y julio de 2026 los mexicanos entregaron 11.500 armas de fuego. Además, se sacaron de la calle 700.000 cartuchos y 2.000 granadas.

Arrasan cultivos para coca

Junto con México, en Colombia también se ha violentado la casa común con fines espurios. Allí el «círculo vicioso» que denuncia el Papa tiene nombre propio: Erythroxylum coca. Ese es el nombre técnico de la hoja de coca, a partir de la que se elabora la cocaína. «La demanda internacional de esta droga hace que se hayan multiplicado los cultivos en nuestro país», lamenta el presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social – Cáritas Colombiana (SNPS-CC), Juan Carlos Barreto, que atiende a este periódico en mitad de la Semana por la Paz. «Es una iniciativa anual con la que, a través de actividades de todo tipo, desde eclesiales hasta deportivas, tratamos de animar la reflexión en torno a la construcción de la paz y la eliminación de la violencia».

En el país, según Barreto, hay cerca de 260.000 hectáreas dedicadas a la coca. Parte de ellas se han plantado arrasando los cultivos originarios. «El problema es que hay zonas que no están controladas por el Estado». Allí los grupos armados campan a sus anchas y «han obligado a los campesinos a plantar la coca». Para ellos, además, es una forma de subsistencia ante «al abandono estatal y las necesidades económicos que padecen».

Sin embargo, «cuando el campesinado es apoyado —concluye el también obispo de Soacha— la situación cambia por completo». Se hace honor de alguna forma al título del mensaje del Papa para mensaje para la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación: Con sus espadas forjarán arados y podaderas con sus lanzas. Unas palabras de Isaías que en Colombia han tomado la forma de todos esos «campesinos» que «al ser apoyados han dejado los cultivos de uso ilícito y han vuelto a la senda de una agricultura respetuosa con la vida y la casa común».