La Iglesia latinoamericana pide «decisiones valientes» para cambiar los modelos de desarrollo y de poder
Las redes eclesiales que combaten el extractivismo lanzan un documento que apuesta por el diálogo para resolver los conflictos derivados de la crisis ambiental
Al inicio del Tiempo de la Creación, que la Iglesia católica celebra del 1 de septiembre al 4 de octubre, en el que se invita a reflexionar sobre la obra de Dios y la responsabilidad humana en el cuidado del planeta, las redes eclesiales latinoamericanas en contextos de extractivismo (Comisión Brasileña de Justicia y Paz, Iglesias y Minería, Pax Christi, Red Eclesial del Gran Chaco y el Acuífero Guaraní, Red Eclesial Mesoamericana y Red Eclesial Pan Amazónica), han lanzado el documento Diálogo justo y en equidad para la transformación de conflictos.
Crisis climática y ambiental
Vivimos un momento de extrema gravedad para nuestro planeta, que nos acerca a «puntos de no retorno en la crisis climática y ambiental», señala el texto. La causa de esta situación la sitúan en la búsqueda de «preservar y ampliar las actuales estructuras de poder económico y financiero», lo que demanda más energía y bienes de la tierra.
Una coyuntura que el Papa León XIV ve como un nuevo episodio de la imagen bíblica de Babel. Así, pone de manifiesto «la absolutización de lo humano y de su pretensión de autosuficiencia, sacrifica la dignidad de las personas en aras de la eficiencia y aspira a alcanzar el cielo sin la bendición de Dios».
Ante esa situación, las organizaciones firmantes defienden la necesidad de «comenzar por escuchar a quienes padecen las consecuencias de este modelo y descubrir en ellos un lugar privilegiado de discernimiento, esperanza y renovación histórica». Este modo de actuar sigue las premisas del actual Pontífice, que en los preparativos de su reciente visita a Lampedusa afirmaba que «la historia es devastada por los poderosos, pero es salvada por los humildes, los justos y los mártires, en quienes brilla el bien y la auténtica humanidad resiste y se renueva».

Compromiso social transformador de la Iglesia
El documento «busca ofrecer una reflexión más profunda sobre el diálogo y el compromiso socio transformador de la Iglesia». Desde una perspectiva sinodal, se quiere «escuchar e integrar las voces de las periferias» y acompañar a las comunidades afectadas por el extractivismo y sus consecuencias: contaminación, desplazamientos, conflictos, vulneración de derechos y diversas formas de violencia.
Desde ahí se hacen preguntas para reflexionar sobre las causas e intereses que hay detrás. Un camino que lleve a entender la necesidad de «decisiones valientes y transformaciones profundas en los modelos de desarrollo, producción y consumo, así como en las estructuras de poder que hoy condicionan la vida de los pueblos y de la casa común».
Recoge el documento algunas reflexiones sobre el diálogo y su significado, que aparece como «la vía más adecuada para solucionar los conflictos y construir consensos». Un diálogo que es válido en la medida en que contribuye a «la justicia, la reconciliación y la transformación de los conflictos».
Para ello se proponen seis dimensiones fundamentales para un diálogo auténticamente transformador: reconocer las asimetrías de poder; garantizar la voz de las víctimas; dar autoridad, voz y oportunidad de propuestas a las víctimas; garantizar la transparencia y el acceso universal a la información; situar el diálogo en los territorios en conflicto; monitoreo y control de las acciones empresariales a través de las leyes e instituciones públicas.
Escuchar, aprender y caminar juntos
Estamos ante un nuevo instrumento de discernimiento eclesial que ayuda a dar continuidad a los caminos de escucha, decisión y diálogo emprendidos por la Iglesia en los últimos años. Una dinámica que se lleva a cabo dentro del camino sinodal, que «ha permitido encuentros poco habituales y, en muchos casos, profundamente desafiantes, renovando la convicción de que el Espíritu continúa guiando a la Iglesia allí donde existe una disposición sincera para escuchar, aprender y caminar juntos».
Desde su vocación evangélica, la Iglesia de América Latina y el Caribe quiere impulsar procesos de diálogo que tengan en cuenta las asimetrías de poder, la centralidad de las víctimas humanas y no humanas y la escucha de las comunidades que viven cotidianamente los conflictos socioambientales. Un «multilateralismo desde abajo», del que hablaba el Papa Francisco, que fomente «la construcción de procesos de diálogo y de toma de decisiones más próximos a las realidades concretas de los territorios y al protagonismo de quienes los habitan y los cuidan».