«La visita del Papa a Lampedusa es útil e importante porque olvidamos pronto» - Alfa y Omega

«La visita del Papa a Lampedusa es útil e importante porque olvidamos pronto»

Sor Antonietta forma parte de una comunidad intercongregacional que atiende a quienes llegan por mar a Lampedusa y reza por los que no lo lograron. Han seguido los pasos del Papa en la isla

Ángeles Conde Mir
León XIV atraviesa el monumento Puerta de Europa, donde llegó de la mano de dos niños migrantes.
León XIV atraviesa el monumento Puerta de Europa, donde llegó de la mano de dos niños migrantes. Foto: Reuters / Remo Casilli.

Horas antes de que León XIV caminara por tierras lampedusinas, sor Antonietta y sus hermanas religiosas habían limpiado con esmero las tumbas del cementerio de Cala Pisana, el primer lugar que pisó el Papa el pasado 4 de julio a la isla. Allí, dejó un ramo de flores entre las cruces que recuerdan a muertos sin nombre. Las religiosas se ocupan de que las lápidas de quienes el mar arrojó sin vida siempre estén impolutas, con flores y rezadas. «Para nosotras es un lugar sagrado. No sabemos si está enterrado un musulmán o un cristiano. No se trata de eso, sino de poder rezar por una persona que ya no está y que nadie sabe cuánto sufrió para llegar a Italia con el sueño de empezar una nueva vida. Muchos no lo consiguen y esa es la verdadera tragedia», comenta con tono apesadumbrado esta hija de María Misionera, una congregación italiana. Cuenta a Alfa y Omega que la suya es una comunidad de religiosas de distintas congregaciones. Tras visitar en 2013 la isla, el Papa Francisco pidió a la Unión Internacional de las Superioras Generales que enviara a algunas hermanas para servir a las almas que llegaban, tanto a las vivas como a las muertas. Empezaron en 2015 y, desde 2023, sor Antonietta es la coordinadora del proyecto UISG Migranti in Sicilia.

«Cuando desembarcan, intentamos acogerlas y hablar con ellas si se puede. Nuestra misión, en ocasiones, es sencillamente acompañar al baño a las mujeres o los niños, llevarlos a la enfermería, traducir si podemos… u ofrecerles una sonrisa y una mano amiga. En definitiva, nos dedicamos a estar presentes», apunta la religiosa. No hacen turnos: dedican horas y horas a estar en el muelle, desde que se enteran de que va a haber una llegada. Las organizaciones humanitarias y las autoridades las conocen y aprecian. 

Sor Antonietta con sus hermanas en el muelle Favaloro para saludar a León XIV.
Sor Antonietta con sus hermanas en el muelle Favaloro para saludar a León XIV. Foto: UISG.

León XIV también visitó ese mismo lugar, el muelle Favaloro, donde bendijo una placa en honor a su predecesor. En Lampedusa han querido que ahora se llame «muelle Papa Francisco». En la placa puede leerse: «Lugar de llegada, de esperanza, de humanidad».

«¿Para qué sirve un Papa en Lampedusa?», le preguntamos. «Su visita es necesaria, es útil y es importante porque olvidamos muy pronto», responde. «Cuando vino hace 13 años Francisco hizo que se tomara conciencia de lo que estaba sucediendo. León XIV ha llamado a la responsabilidad personal. La homilía de la Misa fue maravillosa, dijo lo que estábamos esperando. Apeló a la humanidad», añade. El Pontífice aseguró que «nadie está exento de responsabilidad» en la cuestión migratoria; especialmente Europa, a la que recordó que tiene capacidad para «acoger, proteger, promover e integrar a los migrantes y, al mismo tiempo, trabajar por el desarrollo, de tal forma que nadie se vea obligado a emigrar».

El balón de Leonardo

De la mano de Leonardo y María, León XIV alcanzó la Puerta de Europa, el monumento construido en 2008 para recordar a los muertos en la ruta Mediterránea. La madre de Leonardo, de Ghana, es una de esas personas que no llegó con vida a la costa. En 2016, el niño, de apenas un año entonces, arribó a Lampedusa en una patera entre los brazos de su madre ya muerta. A Leonardo lo adoptó una familia de Palermo. En su encuentro con León XIV, le explicó con una carta que, en el muelle, lo único que calmó su llanto fue sostener una pelota. Por eso, le regaló una. María tuvo más suerte. En 2021 llegó a la isla italiana en el vientre de su madre, procedentes de Costa de Marfil. La mujer, al poner un pie en el muelle, comenzó con las contracciones. María fue la primera nacida en Lampedusa después de 51 años, porque ni tiempo hubo de llevar a la madre a un hospital fuera.

La religiosa relata que la esperanza y el entusiasmo en los ojos de quienes superan el mar compensa el desgarro del que son testigos a diario. Dice que lo más duro son las madres que llegan con sus hijos muertos, «en un llanto que no se puede consolar». «Es que es imposible que no se te rompa el corazón estando en el muelle. Las religiosas están por unos años y luego se renuevan. Cuando llegamos las de 2023, pasamos semanas sin dormir porque la situación era realmente terrible. Y hemos estado en misión en América o África. Es tremendo cuando arriban pateras después de seis o siete horas de travesía, pero imagina después de siete días. Llegan en un estado… y nos cuentan unas historias… Se necesita mucha entereza», reconoce la religiosa.

Y, sin embargo, sor Antonietta no quiere terminar la conversación sin un pequeño toque de humor. Cuando saludó al Santo Padre en el muelle, le recordó que, en Barcelona en junio, le había dicho que se verían en Lampedusa. «Ha mantenido la promesa», le dijo a León, quien respondió con un «eccoci», una especie de «aquí estamos». A continuación, sor Antonietta añadió: «¡Ah!, y mi apellido es Papa». «¿Papa?», replicó él sorprendido y divertido. «Me dicen que el vídeo se ha hecho viral», exclama riendo. Entre una mole de dolor diario, a veces es necesario permitirse la ligereza de una sonrisa.