Seis años sin que los niños con síndrome de Down puedan ir al cole que quieren
Down España denuncia un retraso en la LOMLOE que impide atender las necesidades educativas de estos alumnos en los centros ordinarios
«Han pasado ya seis años desde que la LOMLOE estableciese la elaboración de una normativa para dotar a los centros ordinarios de los recursos necesarios para una educación verdaderamente inclusiva. Sin embargo, ese compromiso continúa pendiente y el alumnado con síndrome de Down sigue sin disfrutar de su derecho a una educación de calidad». Este es parte del comunicado que Down España ha lanzado con motivo del próximo inicio del curso escolar. En él afirma que considera urgente implantar «los cambios metodológicos, organizativos y curriculares necesarios para responder a la diversidad del alumnado y atender a sus necesidades educativas». María Oñez Martín, vocal de la junta directiva de Down España, denuncia una situación en la que «la solución más fácil es que los alumnos no se escolaricen en los centros ordinarios y acaben yendo a los centros educativos especiales».
—¿Qué supone en la práctica este retraso en la aplicación de la LOMLOE?
—En principio supone que haya centros educativos que no estén dispuestos a escolarizar a alumnos con síndrome de Down porque no tienen los recursos necesarios o no están preparados para ello. Y, una vez que hay un alumno escolarizado, como a veces el centro no está preparado adecuadamente, al final se le acaba derivando a educación especial. En algunas ocasiones, un alumno que ha llegado incluso hasta cuarto de la ESO no consigue el título porque se considera que no ha cumplido los requisitos necesarios.
—¿Un centro puede negarse a admitir a un alumno con síndrome de Down solamente por este motivo?
—En realidad no, es una discriminación y no debería suceder. Pero, de hecho, muchas veces los centros responden así no de manera oficial y por escrito. Dicen a los padres que no están preparados o que no tienen los apoyos que precisa ese alumno.
Un túnel sin salida
—¿Cuál es la causa de que esto esté sucediendo ahora mismo?
—La legislación no está establecida de una manera más concreta, no existe un plan estratégico educativo inclusivo. Sobre este tema hay mucha ambigüedad y la solución más fácil es que el alumno no se pueda escolarizar en los centros ordinarios y acabe yendo a los centros educativos especiales. Los perjudicados siempre acaban siendo el alumno y su familia, que sufren las consecuencias.
—¿Qué es lo que precisa un niño que comienza su recorrido educativo en un centro ordinario? ¿Qué recursos específicos necesita?
—Depende muchísimo de las características de cada alumno. En principio, un alumno con síndrome de Down no requiere mucho. Lo que sí es necesario es que el profesor y todo el equipo del centro tengan claro que hoy en día la diversidad de la población es muy amplia. Que haya un alumno con síndrome de Down es un aula es uno más de los muchos casos que se pueden encontrar en los colegios y en la sociedad. Los centros educativos lo que tienen que hacer es prepararse para atender con conciencia toda esa diversidad.

—¿Qué obstáculos hay con respecto a este retraso en la implementación de la LOMLOE en este campo?
—Yo entiendo que no es fácil, quizás. Implica cambios importantes que son difíciles de llevar a cabo. Sobre todo, es preciso incidir en la formación del profesorado y en poner más recursos a disposición de los centros. Eso al final implica una mayor inversión y entiendo que es la mayor dificultad.
—¿Cómo viven este proceso las familias que, en principio, quieren que sus hijos vayan a un centro ordinario?
—Las familias sufren bastante. Sus hijos necesitan más apoyo y más recursos, y si no los tienen no se sienten a gusto en el centro, no pueden progresar como sus compañeros, no pueden participar en algunas actividades… Eso para las familias es complicado. Tampoco se les ofrecen alternativas y, muchas veces, las familias se ven en un túnel sin salida.