Concluye la misión de Gallagher en Rusia: «Sed constructores de puentes»
El diplomático vaticano pide a los católicos del país que hagan lo posible para ser «verdaderos artífices de la paz en nuestra vida diaria»
El arzobispo Paul Richard Gallagher acaba de concluir su visita a Rusia sin que, de momento, haya trascendido algún fruto concreto de las conversaciones políticas y diplomáticas que ha mantenido en Moscú. Aunque la buena diplomacia habla más por sus resultados que por sus declaraciones, el enviado del Papa sí ha querido dejar constancia de que la Santa Sede desea mantener un canal de diálogo abierto con Rusia. Sin ir más lejos, para pedir a Rusia que ponga fin a la guerra.
El Secretario para las Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales de la Santa Sede dedicó su última jornada al pequeño rebaño católico de la Federación Rusa. La Iglesia católica es una pequeña minoría con alrededor de 800.000 entre más de 146 millones de habitantes, aproximadamente el 0,5 % de la población total. La Iglesia católica cuenta con cuatro diócesis, agrupadas en torno a la archidiócesis de la Madre de Dios en Moscú.
Gallagher celebró Misa en la catedral de la Inmaculada Concepción de Moscú y se reunió con sacerdotes, religiosos y religiosas, además de mantener encuentros con los obispos católicos del país.
Artífices de paz en la vida diaria
No obstante sus pequeñas dimensiones, Gallagher animó a los católicos rusos a mantener su misión en medio de las dificultades y a ser «constructores de puentes», para favorecer el encuentro y la reconciliación. «Convertirnos en verdaderos artífices de la paz en nuestra vida diaria», les exhortó.
La dimensión ecuménica del viaje estuvo marcada por su visita a la catedral ortodoxa de Cristo Salvador, uno de los principales símbolos religiosos de Moscú, donde fue recibido por Igor Yakimchuk, Vicepresidente del Departamento de Relaciones Eclesiásticas Exteriores del Patriarcado de Moscú. En la jornada precedente, el representante de la Santa Sede se había reunido con el metropolita Antonij de Volokolamsk, responsable del Departamento para las Relaciones Eclesiásticas Exteriores del Patriarcado de Moscú. El encuentro permitió abordar asuntos de interés común y mantener los contactos entre la Santa Sede y la Iglesia ortodoxa rusa en un momento especialmente delicado para la región. Un encuentro que, de alguna manera, va remendando los lazos entre ambas Iglesias, gravemente dañados tras el apoyo explícito del Patriarca Cirilo a la invasión rusa de Ucrania.
La guerra debe terminar
Ese fue el principal objeto del encuentro que Gallagher mantuvo el primer día de su visita con el ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov. Tras una conversación de más de una hora, ambos comparecieron ante la prensa. Gallagher reiteró el llamamiento de León XIV para poner fin a la guerra en Ucrania. «La posición de la Santa Sede es clara: el conflicto no puede resolverse por medios militares», afirmó el arzobispo. Por ello, añadió, «es esencial crear las condiciones para un proceso político y diplomático».
Gallagher pidió a Rusia y Ucrania que mostraran «apertura y buena voluntad» para hacer posible el diálogo y fue especialmente tajante al referirse a la continuación de la guerra. «Para que quede claro: esta guerra debe terminar», declaró junto a Lavrov.
En la reunión se abordaron asimismo posibles iniciativas humanitarias y la situación de los niños afectados por la guerra. La Santa Sede manifestó su voluntad de continuar ofreciendo apoyo «espiritual, diplomático y humanitario» y de contribuir a abrir espacios de diálogo para alcanzar la paz.
La visita de Gallagher a Moscú se produjo, además, a la vez que la del director de la CIA, John Ratcliffe, que mantuvo contactos con responsables de los servicios de inteligencia rusos. Una curiosa coincidencia que llevó al mismo tiempo a Moscú al máximo responsable de la diplomacia de la Santa Sede y al director de la principal agencia de inteligencia de Estados Unidos.