La misión se mantiene a través de procesos comunes. De ahí la importancia de líneas pastorales para llevar a cabo aquello que ayuda a generar discípulos, construir comunidad y anunciar el Evangelio, como propone la archidiócesis de Madrid para el curso pastoral 2026-2027.
Planificar juntos la misión
A partir de la imagen de un árbol, con sus raíces, tronco y ramas, se busca «fortalecer aquellos procesos comunes que hacen posible caminar unidos, compartir la misión y crecer como una única Iglesia». Más que organizar, la Iglesia que peregrina en Madrid pretende «consolidar una forma de trabajar que exprese la comunión y favorezca el discernimiento pastoral». Una dinámica que se concreta en cuatro grandes procesos comunes.
Ante la tentación de los «reinos de taifas», un pecado en el que no podemos negar se cae dentro de la Iglesia, las líneas pastorales proponen planificar juntos para servir mejor a la misión, como una expresión concreta de la sinodalidad. Sabemos, aunque nos cueste llevarlo a cabo, que «cuando una comunidad discierne sus prioridades, fija objetivos comunes y revisa su camino, está aprendiendo a caminar unida bajo la acción del Espíritu».
Una constatación que demanda «seguir desarrollando una verdadera cultura de la planificación pastoral, capaz de armonizar las orientaciones diocesanas con la realidad de cada vicaría, arciprestazgo, parroquia y comunidad». Sabemos que las consecuencias de actuar de este modo son positivas, pero nos sigue costando elaborar un proyecto pastoral anual en diálogo con las prioridades diocesanas, caminar al hilo del magisterio pontificio o tratar de responder con sinceridad a lo que nos pide el Espíritu a través de un discernimiento comunitario.
Jóvenes protagonistas
Del mismo modo que los jóvenes tienen su protagonismo en la sociedad, quieren ser tratados de ese modo dentro de la Iglesia. Por ello, la Iglesia de Madrid propone dar los pasos necesarios para que los jóvenes sean protagonistas de la vida y de la misión de la Iglesia. Nada mejor para eso que la Asamblea Diocesana de Jóvenes que se llevará a cabo en febrero de 2027, como un espacio amplio de escucha, discernimiento y participación. Solo cuando se conocen las búsquedas, esperanzas y desafíos se pueden dar respuestas que ayuden a descubrir que vale la pena entregar la vida.
Una Iglesia que escucha, discierne y decide unida. Algo que en el caso de Madrid se quiere llevar a cabo mediante una Asamblea Diocesana. Nada mejor que un amplio proceso de participación para reflexionar sobre los retos de la evangelización y discernir juntos los pasos del futuro. Sentarse y escucharse todos los bautizados para discernir la voz de Dios, para reconocer lo que Dios sigue esperando de quienes viven su fe en Madrid.
En una sociedad donde el bautismo de niños ha dejado de ser práctica común, la Iglesia está llamada a acompañar a aquellos que se acercan a la fe en la edad adulta. Frente a quienes se escandalizan por el descenso de los bautismos de niños, esta nueva realidad tiene que ser vista como «una oportunidad providencial para renovar nuestra acción evangelizadora y recuperar la riqueza del proceso catecumenal en la vida de la Iglesia», nos dicen las prioridades. Algo que también ayudará a quienes participan del esquema vivido tradicionalmente en la Iglesia, y ser así comunidades donde cada uno vive su propia vocación bautismal y misionera.