Reseñar Habla la carne (Encuentro) tiene para mí un interés añadido y, al mismo tiempo, una gran responsabilidad. Tuve el privilegio de asistir como alumna a las clases de Rafael Gómez Miranda en la Universidad Eclesiástica San Dámaso y comprobar cómo muchas de las cuestiones que desarrolla en este ensayo formaban ya parte de una reflexión más amplia, caracterizada por el diálogo entre la filosofía contemporánea y la teología. Quizá por ello, la lectura de esta obra me ha permitido apreciar con mayor claridad la coherencia entre su labor docente y su producción escrita, ambas orientadas a suscitar —en el alumno y en el lector— el acontecer del misterio cristiano a partir de las preguntas más hondas y actuales.
La afirmación joánica «el Verbo se hizo carne» constituye el punto de partida de este ensayo. Si la Encarnación es el centro del acontecimiento cristiano, la carne no puede entenderse como un elemento secundario o meramente biológico. Frente a una cultura que tiende a reducir el cuerpo a un objeto disponible o a una realidad susceptible de ser manipulada, Gómez Miranda propone recuperar la carne como lugar de manifestación, de relación y, sobre todo, de salvación.
Esta propuesta se desarrolla mediante un fecundo diálogo entre la fenomenología contemporánea —con referencias a Heidegger, Jean-Luc Marion y Michel Henry— y la tradición teológica. Sin recurrir a un lenguaje innecesariamente técnico, aunque sí exigente, el autor muestra que la carne posee un significado que desborda las categorías con las que habitualmente la comprendemos. No se trata únicamente de pensar qué es la carne, sino de aprender a escuchar el lenguaje que esta revela a la luz del acontecimiento de Cristo.
Uno de los aspectos más sugerentes del libro es su crítica a la progresiva espiritualización de la fe. El cristianismo acontece siempre a través de una carne concreta: la de Cristo, la de la Iglesia y la de quienes transmiten la fe mediante su testimonio. La revelación no alcanza al hombre al margen de la historia, sino por mediaciones visibles y personales. Desde esta perspectiva, la carne deja de ser un límite para convertirse en el modo elegido por Dios para salir al encuentro del ser humano.
Especial relieve adquiere también la noción de vulnerabilidad. Porque Cristo asumió plenamente nuestra condición humana, la fragilidad deja de ser un fracaso para convertirse en un lugar privilegiado de comunión con Dios. En continuidad con esta intuición, Gómez Miranda propone una comprensión de la libertad basada no en la posesión, sino en la acogida del otro como don: una mirada que denomina «virginal» y que constituye una de las aportaciones más originales del ensayo.
Habla la carne no pretende ofrecer respuestas cerradas ni elaborar un tratado sistemático. Su propósito es más ambicioso: invitar al lector a repensar la Encarnación como el acontecimiento desde el que comprender la existencia humana y la misión de la Iglesia. Al comenzar esta recensión recordaba mi experiencia como alumna de Rafael Gómez Miranda. Al terminarla, esa evocación adquiere un significado más profundo. Su lectura confirma la misma intuición que ya transmitían sus clases: que la teología no consiste únicamente en elaborar un discurso sobre Dios, sino en aprender a reconocer los lugares donde Él continúa hablándonos. Y, como este ensayo muestra con hondura, desde la Encarnación ese lugar sigue siendo la carne.