La Iglesia con los afectados por los incendios: «He llorado con ellos»
El polideportivo José Caballero, donde están acogidos los vecinos de Navalagamella junto a su párroco, recibieron la visita del arzobispo de Madrid. «Fue conmovedor», dice Luz Ceballos
Aquella mañana, el color del cielo no auguraba nada bueno. «A cada rato se ponía más gris, más anaranjado y ya, antes de la comida, se tornó en rojo y por último en negro», describe Luz Ceballos, vecina de Navalagamella, que se encuentra con Alfa y Omega en el polideportivo José Caballero, de Alcobendas, donde está acogida después de que hubiera que desalojar el pueblo ante la proximidad de las llamas. La variedad cromática, sin embargo, no fue lo peor. «Caía mucha ceniza y costaba respirar», rememora.
Ante esta situación, la figura del párroco, Alfonso Rodríguez, se tornó en faro con el que guiarse ante la espesura del ambiente. «Se adelantó a cualquier aviso oficial y nos iba advirtiendo de la situación. Nos dijo que estuviéramos preparados, y eso fue clave para que pudiéramos pensar con relativa calma en las cosas que debíamos llevar con nosotros ante una hipotética evacuación». En el caso de Ceballos, además de la documentación —propia y la de la casa—, decidió salvar del fuego esos retazos de la historia familiar, plasmada en un papel, que desde principios del siglo XIX se popularizó bajo el nombre de fotografías.

La información puntual del sacerdote fue clave para mantener la calma. No había de qué preocuparse. Él tocaría las campanas en caso de que hubiera que dejar la localidad. Y así lo hizo. Un aviso más tradicional que fue complementario a la alerta que las autoridades mandaron a través del móvil y al trabajo de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, quienes se aseguraron de que todo el mundo se subiera a los autobuses que los llevarían al polideportivo de Alcobendas.
«No nos falta de nada»
El José Caballero, situado en las inmediaciones del centro comercial Plaza Norte 2, está literalmente pegado al Parque de Bomberos de la localidad. Pero el espacio no se eligió por la proximidad de quienes tienen la encomienda de apagar los fuegos, sino porque reúne las condiciones necesarias para atender a los desplazados. «Está climatizado las 24 horas del día, podemos hacer un correcto control de accesos, dispone de aseos y duchas, está alejado del foco del peligro y grandes posibilidades de esparcimiento para los más pequeños», explica Moisés Álvarez, coordinador jefe de Protección Civil, a este periódico. Precisamente, cuando Alfa y Omega entra al recinto sorprende a Margarita Sánchez, que ejerce el cargo de responsable de Escuelas Deportivas de Alcobendas, organizando las actividades que van a hacer los niños a lo largo del día. «El plan de hoy incluye baloncesto, hockey y golf. Los más pequeños tienen clase de natación. Y los mayores irán a la sala de musculación, harán alguna actividad de equipo y luego terminarán en la piscina», detalla.

Uno de los niños que disfrutan de este programa es el hijo de Jessica Delgado. «Lo está pasando muy bien». De hecho, «cuando le dije que a lo mejor nos dejaban volver pronto a casa me pidió un poco más de tiempo para no perderse nosequé actividad que le habían organizado». Esta experiencia, junto a las continuas atenciones tanto de Protección Civil como de los voluntarios alcobendenses presentes en el polideportivo, lleva a esta vecina a reconocer que «nos están tratando de lujo. No nos falta de nada». Un agradecimiento que ha quedado plasmado en un mural de grandes dimensiones, que cuelga de una de las gradas del José Caballero, en el que los acogidos se deshacen en elogios hacia los acogedores.
Estuve evacuado…
Pero cuando Delgado dice que «no nos falta de nada» es que no les falta de nada, ni si quiera la atención espiritual. El padre Alfonso Rodríguez está atento a todos, disponible para hablar con unos y con otros. «Hay que estar aquí, con la gente. He llorado con ellos, nos hemos reído también y nos hemos esperanzado», dice, sin querer darse más importancia. No obstante, su actitud no ha pasado desapercibida. «Navalagamella tiene mucha suerte. Es una persona excepcional. Es impresionante cómo se ha preocupado por todos», destaca el coordinador jefe de Protección Civil. Coincide el vicario Pastoral de la archidiócesis de Madrid, José Luis Segovia, que en declaraciones a Alfa y Omega recuerda que el presbítero «no ha dejado de acompañar a su pueblo en este exilio forzoso» y «les ha animado, alimentado y fortalecido» con la celebración de la Eucaristía. Precisamente el lunes 27 de julio, cuando este semanario visita el centro deportivo, la Misa comunitaria tiene lugar a las 11:00 horas en el salón de actos del edificio. También la tuvieron el día de Santiago Apóstol y el domingo 26 de julio. En la homilía, el sacerdote habla a los vecinos de armonía, de escucha, de estar atento a las necesidades del otro, de paciencia ante la adversidad, de discernimiento y de saber dónde está nuestro tesoro.

Segovia habla de lo que él mismo vio el sábado 25 de julio, cuando se hizo presente en el polideportivo José Caballero acompañando al arzobispo de Madrid, el cardenal José Cobo, que quiso interesarse personalmente por la situación de los desplazados. De cada uno. Durante la visita, el purpurado escuchó de primera mano cómo vivieron los vecinos las horas más angustiosas del incendio y trasladó a la alcaldesa de Alcobendas, Rocío García Alcántara —que también se personó en el polideportivo—, y a los responsables del operativo, la disponibilidad de la archidiócesis de Madrid para colaborar en las labores de ayuda para todos los afectados. «Fue muy conmovedor y consolador», concluye Luz Ceballos. «Para mí fue la encarnación del “estuve evacuado y me visitasteis”. Se acercó a cada camilla, consolando, acompañando. Para mí fue como ver a Cristo en esa relación personal que tiene con cada uno de nosotros».
En el polideportivo de La Marazuela, en Las Rozas, donde permanecen acogidos vecinos de Robledo de Chavela y Colmenar del Arroyo, la Iglesia también se ha hecho presente con una Eucaristía celebrada por el párroco de San Miguel Arcángel, José Antonio Buceta. «La gente se ha dejado abrazar», resume en declaraciones a Alfa y Omega. «Había personas que rompían a llorar, otras que daban las gracias y otras simplemente estaban felices de haber vivido este momento. Ha sido impresionante», señala el párroco, que no escatima elogios hacia los responsables del dispositivo de acogida.
La mañana del domingo dejó también una imagen inesperada. El entrenador de fútbol Luis de la Fuente quiso acercarse al polideportivo y acompañó a los afectados en la Misa. «Su presencia no dejó indiferente a nadie», reconoce Buceta. «Es un personaje público importante y quiso hacerse presente como uno más. Fue una forma muy bonita de transmitir que comparte el dolor».
La Iglesia de Madrid ha respondido con una llamada a la oración y a la solidaridad ante la grave crisis provocada por los incendios forestales. El cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, invitó a todas las parroquias a incluir una intención especial en la oración de los fieles durante las celebraciones del pasado fin de semana. La propuesta pedía rezar «por quienes sufren las consecuencias de los incendios, por quienes han tenido que abandonar sus hogares, por los equipos de emergencia que trabajan sin descanso y por el pronto control de las llamas». La convocatoria quiso hacer visible la cercanía de la comunidad cristiana a quienes atraviesan estos momentos de incertidumbre y dolor. Además de la oración, la archidiócesis anima a permanecer atentos a las necesidades que puedan surgir en las próximas horas y días, especialmente entre las personas más vulnerables.
En otro comunicado, la archidiócesis ha expresado de manera explícita su cercanía a la diócesis de Getafe, una de las más afectadas por el avance del fuego. «Nos unimos a la oración y al dolor de cuantos están sufriendo las consecuencias de estos incendios», señala el mensaje, al tiempo que agradece el trabajo de bomberos, agentes forestales, Guardia Civil, Protección Civil, UME y el resto de efectivos que participan en las labores de extinción.