Casi un mes sin noticias del obispo desaparecido en Nicaragua - Alfa y Omega

Casi un mes sin noticias del obispo desaparecido en Nicaragua

Juan Abelardo Mata fue detenido por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo y, pese a que aseguran que está en arresto en su domicilio, nadie ha podido comunicarse con él desde junio

Ángeles Conde Mir
La pareja presidencial, Daniel Ortega y Rosario Murillo.
La pareja presidencial, Daniel Ortega y Rosario Murillo, ha anunciado que no habrá más elecciones en el país. Foto: César Pérez.

¿Dónde está Juan Abelardo Mata? Es lo que pregunta la Comisión Inter Americana de Derechos Humanos al régimen de Nicaragua. Se lo preguntan también muchos fieles nicaragüenses y muchos otros en el exilio, testigos, una vez más, de los desmanes de la pareja presidencial Ortega-Murillo en contra de la Iglesia católica. En el momento en el que se escriben estas líneas, sigue sin conocerse el paradero del obispo emérito de la diócesis de Estelí. Desde el 29 de junio no da señales de vida. Un día antes, el prelado había celebrado Misa en la parroquia de la Cruz del Calvario. En la oración de los fieles, pidió por la Iglesia perseguida en Nicaragua, así como por los sacerdotes desterrados. Al día siguiente de celebrar esta Eucaristía, el obispo Mata fue detenido en Estelí por la policía orteguista. Tras unas horas en custodia, pudo regresar a su domicilio en Tisma, Masaya, donde fue detenido por segunda vez y trasladado a otro lugar. O eso se cree. Porque delante de la vivienda del obispo hay unidades de vigilancia apostadas, como si el prelado estuviera en arresto domiciliario, pero no se sabe con certeza si está dentro de su casa o no. El 4 de julio, el ministerio del Interior emitió un comunicado en el que informaba de que el obispo había sido devuelto sano y salvo a su domicilio. Sin embargo, no hay ninguna prueba de que así haya sido porque sus allegados no han podido comunicarse todavía con él. Por eso, el dominico Rafael Aragón desmiente enérgicamente el contenido de ese comunicado, «porque nadie lo ha visto. Está desaparecido». El religioso español, que llevaba casi 50 años en Nicaragua, salió en abril de 2022 para hacerse unos exámenes médicos en España y nunca más se le permitió regresar. 

Arnulfo Peralta, periodista nicaragüense en el exilio, fue una de las personas que habló con el obispo pocos días antes de su desaparición. Le pidió al jerarca un vídeo saludo para un médico nicaragüense a quien Mata había ayudado en el pasado con una beca para estudiar y al que Peralta iba a entrevistar. «Aquel mensaje tuvo un significado especial porque el prelado llevaba más de cuatro años sin aparecer públicamente», explica a Alfa y Omega el periodista que conoce al obispo desde hace 27 años. En aquellas palabras afectuosas hacia el médico, el emérito se refería a Nicaragua como patria «sufrida» y «maniatada». Peralta no establece una relación de causa efecto entre este vídeo del obispo y su detención, pero destaca que «el régimen mantiene una vigilancia constante sobre la Iglesia católica, sobre las Misas, las homilías, las actividades pastorales y lo que se dice desde los púlpitos».

Juan Abelardo Mata obispo emérito de la diócesis de Estelí
Mata sufre problemas de salud. A sus 80 años, tiene puesto un marcapasos.

El mencionado comunicado emitido el 4 de julio por el ministerio del Interior sandinista especificaba sin tapujos que el obispo emérito de Estelí había brindado «declaraciones sobre distintos episodios violatorios de las leyes nacionales». «En Nicaragua, un sacerdote puede convertirse en blanco de persecución simplemente por predicar el Evangelio desde una perspectiva de justicia, por pedir oraciones por los presos políticos, por los sacerdotes exiliados o por las personas que sufren», recuerda Peralta quien subraya que en ese caldo de cultivo se explica una detención como la del obispo. «Lo verdaderamente preocupante es que exista incertidumbre sobre su paradero y sobre su estado de salud», sostiene. Mata tiene 80 años y lleva un marcapasos. 

«Para cuidar de sus sacerdotes, hay obispos que les han pedido que no mencionen a los exiliados o a la Iglesia perseguida», recalca el dominico español que acaba de regresar de una gira por Europa para crear conciencia y que la situación de Nicaragua no caiga en el olvido. «La fe en el país se está viviendo clandestinamente en muchas ocasiones y se ha visto reducida al templo. Las iglesias están controladas, hay policías que toman nota de quién entra y sale», lamenta. 

En Roma, hicieron llegar una carta a León XIV pidiéndole «una palabra por la Iglesia perseguida de Nicaragua, porque la mayoría del pueblo es católico y hay gran devoción al Papa». Y demanda contundencia política porque «mientras la diplomacia y la economía le funcionen a Rosario Murillo, le dan igual los documentos que critiquen la falta de derechos humanos». En cualquier caso, confiesa entristecido que «no veo una salida a corto plazo del régimen». Y su pronóstico no va desencaminado. Daniel Ortega ya ha expresado su intención de no convocar elecciones en Nicaragua. Así lo aseguró el pasado 19 de julio, durante los actos conmemorativos del aniversario de la Revolución y ascenso al poder del sandinismo. Como buen dictador, considera peligrosos unos comicios porque darían a los opositores la posibilidad de arrebatarle el poder; por eso, ha anticipado la promulgación de leyes para impedir la alternancia política. Mientras, seguirá persiguiendo a la Iglesia por su osadía de ser «un actor incómodo para cualquier régimen que pretenda controlar todos los espacios de la vida pública», como apunta Peralta.

Nicaragua, cada vez más aislada

El último país con el que Managua ha roto relaciones diplomáticas es Italia. Ha sucedido hace apenas unos días tras unas declaraciones del ministro de Exteriores italiano, Antonio Tajani, en las que calificaba como «extremista» al Gobierno de Nicaragua y recordaba que, desde 1983, da refugio a Alessio Casimiri, uno de los secuestradores y asesinos del primer ministro Aldo Moro, cuyo proceso de beatificación se inició en 2012. Para el Gobierno de Ortega y Murillo, el canciller italiano les ha «insultado con arrogancia europea». El régimen nicaragüense se siente frecuentemente insultado, sobre todo, cuando se señala su nulo respeto por los derechos humanos. Entre los países con los que Nicaragua no mantiene relaciones diplomáticas o son mínimas por este motivo se encuentran Estados Unidos, Argentina, Brasil, Colombia, Costa Rica, España, Países Bajos o la Santa Sede.