Esteban evangelizó a sus hijos sin saberlo y, tras morir, dio fruto - Alfa y Omega

Esteban evangelizó a sus hijos sin saberlo y, tras morir, dio fruto

Este hospitalario y su mujer iban todos los años a Lourdes. Tras su muerte, su hijo y nieto han acompañado a la viuda y descubierto «la huella que dejó»

Rodrigo Moreno Quicios
Guiomar, Mercedes y Esteban.
Guiomar, Mercedes y Esteban. Foto cedida por Guiomar Carpintero.

«Mi marido y yo, desde hacía 25 años, íbamos todos los veranos de hospitalarios a Lourdes para estar con los enfermos. Intentábamos llevar a nuestros hijos, pero nunca quisieron ir. Por eso, cuando falleció, pensaba que no sería capaz de volver. Entonces me dijo mi hijo: “Yo voy contigo para hacer lo que hizo mi padre”». Es el testimonio que nos da Mercedes Aparicio, de 72 años, sobre cómo ella y su esposo han pasado una vida evangelizando a su familia «sin los frutos que esperábamos». Ahora, su hijo Esteban —que se llama como el padre— y su nieta Guiomar los han recogido al acompañarla como voluntarios al santuario francés a principios de mes.

Esta exsanitaria nos confía que «conozco el mundo de los enfermos» porque «he estado toda la vida con mayores, vi el sida y he trabajado en cuidados paliativos». Sin embargo, al jubilarse no quiso abandonar esa labor y, de hecho, comenzó a doblar sus peregrinaciones a Lourdes. En esta número 32, «tres generaciones hemos estado ante la Virgen cuidando de los enfermos y sé que el Señor y mi marido han tirado de nosotros». «Ha sido un regalazo», asegura.

Mercedes y Esteban «siempre hicimos por educar a los hijos en la fe», lo que implica, «aparte de hablarles de Dios, transmitirles que tenemos mucha gente al lado que nos necesita» y que, «antes que tener un puesto en la vida, debemos mirar por los demás». Quizá fruto de ello, dos de sus tres hijos se volcaron en oficios marcados por el servicio en lo concreto. La mayor es trabajadora social y la pequeña es psicóloga en pisos tutelados. Esteban siempre ha trabajado en el aeropuerto, pero los hospitalarios que le han conocido este verano aseguran que «lleva los genes de su padre como camillero nato».

Es un mensaje sencillísimo que ha llegado a Guiomar, la nieta. Según su abuela «va por el mismo camino» que su difunto esposo. Nada más volver de Francia, ya ha contado a todo su entorno que «desde el momento en que me subí al autobús, enfermos y peregrinos no dejaron de hablarme de mi abuelo», por lo que «me hicieron comprender la huella profunda que dejó en tantas personas». El mensaje que más ha escuchado, nos confía Mercedes, es que «ahora Esteban está haciendo horas extraordinarias desde la casa del Padre».

Los sigue cuidando

Aparicio es coordinadora de Vida Ascendente en la vicaría V. Por un lado, anima a los feligreses de la parroquia del Purísimo Corazón de María, donde «existen dos grupos de 25 personas que funcionan fenomenal». Pero también dirige a otro, de ocho mayores, que cada semana se reúne en la residencia de Nuestro Señor del Perpetuo Socorro. «Algunos tienen 90 años y no tienen estudios, pero han vivido la posguerra y momentos muy difíciles y me cuentan la confianza que siempre han tenido en el Señor». Ella reconoce que «es algo que me encanta, me da mucha fuerza y que me hace sentir muy querida». Como enviudó recientemente, ella también les ha hablado de sus sentimientos y les ha explicado que «el otro día, cuando estuvimos en la gruta de Lourdes, éramos cuatro porque mi marido nos seguía cuidando como padre y abuelo».