Remedios Morales: «Hay ganas pero debe haber simplificación administrativa»
En el marco del Día Mundial del Desarrollo Rural (6 de julio), la gerente del centro dedicado a ello en la Axarquía (Málaga) explica que la burocracia «te quita tiempo de estar en la calle», que es donde se pueden conocer las necesidades de los vecinos. Con todo, ha conseguido impulsar la uva pasa, el queso y el turismo.
—¿Qué es un grupo de desarrollo rural?
—Son asociaciones sin ánimo de lucro en las que participan las entidades públicas o privadas con algo que decir en el desarrollo de la comarca. La nuestra, la Axarquía, es particular porque tiene 31 municipios, alguno grande o en costa; pero lo habitual es entre siete y diez. Dentro está la Diputación Provincial de Málaga, Ayuntamientos, asociaciones de mujeres o empresarios, organizaciones agrarias, entidades financieras y sindicatos.
—¿Para qué sirven?
—Buscamos financiar proyectos vitales para la comarca. Pueden ir desde modernizar explotaciones agrarias a poner en marcha industria alimentaria. Todo lo que se haya decidido que contribuye al desarrollo social y económico y la mejora de la calidad de vida. Tenemos tres objetivos transversales: luchar contra el cambio climático, dinamizar a la juventud y fomentar la igualdad de género.
—¿Cómo se deciden las necesidades?
—Se hace una metodología participativa de abajo a arriba con mesas temáticas. Organizamos una reunión donde se haga un diagnóstico de la comarca y se van haciendo propuestas con las necesidades principales. Para que pueda participar todo el mundo, se envían cuestionarios y les damos difusión por correo electrónico y físicamente. También se invita a personas relevantes de cada ámbito.
Esto se hace cada cuatro o cinco años, pero es una estrategia que siempre está viva. Por ejemplo, con la COVID-19 atendimos muchos cambios. Esa estrategia que plantea la comarca se presenta al Programa Leader, que viene de Europa, para conseguir financiación que nos permita conseguir esos objetivos. Trabajamos con los marcos comunitarios que se hacen desde hace 30 años. Actualmente estamos en el marco 2023-2027.
¿Son cantidades importantes?
—Estos fondos están financiados por el Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural y por la Consejería de Agricultura, Pesca, Agua y Desarrollo Rural. Los presupuestos que manejamos son pequeños en comparación con cualquier línea de ayuda grande. Siempre diferenciamos lo que podemos abarcar de lo que no y, aunque son limitados, son muy productivos por la cercanía, el cara a cara y el acompañamiento. Podemos acompañar pequeños proyectos con ayudas que pueden llegar a los 200.000 euros y que de otra manera no saldrían adelante.
—¿Tienen algún éxito reciente?
—En el marco anterior hubo un proyecto muy importante en Almáchar, un pueblo de menos de 2.000 habitantes. La zona de cultivo de la uva pasa que hay allí fue la primera de España en ser reconocida como Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial que concede las Naciones Unidas. El proyecto fue crear el primer apartamento turístico del municipio. Había alguna casa rural, pero no un establecimiento de esta categoría que, aparte, difundiera la cultura de la pasa a gente de fuera. Otras veces trabajamos temáticas beneficiosas para grupos con unas mismas necesidades. Por ejemplo, se han hecho formaciones para conseguir que el sector quesero de Málaga consiguiera la denominación de origen porque hay producciones excepcionales.
—¿Qué cambiaría urgentemente para favorecer el desarrollo?
—Lo peor es la burocracia. Los programas europeos tienen una carga muy grande que te quita tiempo de estar en la calle, que es donde la gente del mundo rural tiene su referencia y se puede echar una mano. Además, en cada programa los presupuestos son más reducidos y hay preocupación por el importe del marco 2028-2034. Este es un trabajo bonito, pero requiere mucho esfuerzo con pocos recursos. Hay muchos proyectos y ganas en los municipios, pero tiene que haber una simplificación administrativa.