El sacerdote que prefirió morir con su pueblo: así era el nuevo beato Francisco Javier Trương Bửu Diệp - Alfa y Omega

El sacerdote que prefirió morir con su pueblo: así era el nuevo beato Francisco Javier Trương Bửu Diệp

La primera beatificación celebrada en suelo vietnamita reconoce la vida de un pastor que rechazó abandonar a sus fieles durante la guerra y entregó su vida para salvar a más de 70 personas. Su tumba recibe en la actualidad miles de peregrinos, muchos de ellos no cristianos

Cristina Sánchez Aguilar
El cardenal Luis Antonio Tagle, enviado especial del Papa, durante la Misa de beatificación del difunto sacerdote católico vietnamita Francis Xavier Truong Buu Diep.
El cardenal Luis Antonio Tagle, enviado especial del Papa, durante la Misa de beatificación del difunto sacerdote católico vietnamita Francis Xavier Truong Buu Diep. Foto: AFP.

«Vivo con mi pueblo; si tengo que morir, quiero morir con ellos». Con estas palabras, el sacerdote vietnamita Francisco Javier Trương Bửu Diệp rechazó la posibilidad de escapar de la violencia que asolaba el sur de Vietnam en 1946. Poco después sería asesinado. 80 años más tarde, la Iglesia lo ha proclamado beato en una ceremonia histórica celebrada el pasado 2 de julio en el santuario de Tắc Sậy, en el delta del Mekong, la primera beatificación realizada en territorio vietnamita.

La Eucaristía estuvo presidida por el cardenal Luis Antonio Tagle, enviado especial del Papa León XIV, ante decenas de miles de fieles llegados de todo el país para honrar a un sacerdote cuya popularidad desborda desde hace décadas las fronteras de la Iglesia católica.

Un pastor cercano a los más pobres

Francisco Javier Trương Bửu Diệp nació el 1 de enero de 1897 en el sur de Vietnam. Tras la muerte de su madre siendo niño, acompañó a su padre a Camboya, donde inició el camino hacia el sacerdocio. Estudió en el seminario mayor de Phnom Penh y fue ordenado sacerdote en 1924. Después de unos primeros años dedicados a la enseñanza y al ministerio parroquial, en 1930 fue nombrado párroco de Tắc Sậy, una pequeña comunidad rural en la que permanecería durante 16 años.

Quienes lo conocieron recuerdan a un sacerdote de trato sencillo, voz serena y una extraordinaria preocupación por los más necesitados. Compartía el arroz de la parroquia con las familias que pasaban hambre, ayudaba a quienes habían perdido su casa y nunca distinguía entre católicos y no católicos. Esa cercanía explica que hoy su imagen pueda encontrarse en hogares, comercios, vehículos y mercados de todo Vietnam.

«Llévenme a mí»

El final de la Segunda Guerra Mundial sumió el sur de Vietnam en un periodo de enorme inestabilidad. Bandas armadas, milicias y grupos enfrentados sembraban el miedo en las aldeas del delta del Mekong. Algunos compañeros le aconsejaron esconderse. Él se negó.

El 12 de marzo de 1946 fue detenido junto con más de 70 vecinos de Tắc Sậy. Los captores amenazaban con ejecutar al grupo. Entonces el sacerdote dio un paso al frente y se ofreció a cambio de todos ellos: «Soy el pastor de estas ovejas; estoy dispuesto a morir por ellas». Su gesto permitió salvar la vida de los demás prisioneros. Aquella misma noche fue asesinado por odio a la fe. Según diversos testimonios, afrontó la muerte perdonando a sus verdugos.

Un santuario abierto a todos

La devoción al padre Diệp comenzó inmediatamente después de su muerte y no ha dejado de crecer. En 1969 sus restos fueron trasladados a la iglesia de Tắc Sậy y, desde entonces, el lugar se ha convertido en uno de los principales centros de peregrinación del país.

Lo llamativo es que muchos de quienes acuden a rezar ante su tumba no son católicos. Budistas, seguidores de religiones tradicionales y personas sin adscripción religiosa afirman haber recibido gracias por su intercesión y acuden a pedir ayuda en momentos de dificultad. La Agencia Fides lo describe como el sacerdote católico más popular de Vietnam, un país donde los católicos representan una minoría de la población.

Un mensaje para el Vietnam de hoy

Durante la beatificación, el cardenal Tagle presentó al nuevo beato como un modelo para una sociedad necesitada de reconciliación y verdad. Recordó que el mundo «necesita auténticos mártires y testigos de la verdad» y advirtió del peligro de multiplicar «los mensajeros del odio, de la división y de la violencia». Según explicó, el padre Trương Bửu Diệp fue un hombre que anunció el Evangelio tanto con sus palabras como con su forma de vivir y de morir.

Su beatificación supone además un hito para la Iglesia vietnamita. Aunque los 117 mártires de Vietnam fueron canonizados por san Juan Pablo II en 1988, nunca antes una beatificación había tenido lugar en el propio país. La celebración refleja también la creciente visibilidad de una Iglesia que, pese a ser minoritaria, reúne a más de siete millones de fieles y conserva una profunda memoria de sus mártires.