The Boroughs. El derecho a entretenerse - Alfa y Omega

The Boroughs. El derecho a entretenerse

Iñako Rozas Mera
Alfred Molina da vida a Sam y Alfre Woodard a Judy en esta serie.
Alfred Molina da vida a Sam y Alfre Woodard a Judy en esta serie. Foto: Netflix.

No todas las series tienen que cambiarte la vida. Lo digo porque hemos llegado a un punto en el que parece que cada producción audiovisual debe contener una tesis sobre el sentido de la existencia, una denuncia o una reflexión sobre la condición humana. Como si también en el sofá nos persiguiera aquella vieja consigna, tan repetida como cansina, del «o aportas o apartas».

Y, sin embargo, uno sospecha que existe un cierto derecho al entretenimiento. A sentarse una noche cualquiera, después de un día cualquiera, y disfrutar de una historia sin necesidad de salir de ella convertido en mejor persona o más preparado para una tertulia intelectual. Eso me ha ocurrido con The Boroughs, disponible en Netflix. La premisa no parece revolucionaria: un grupo de jubilados que vive en una apacible comunidad se ve envuelto en una cadena de acontecimientos extraños que alteran su aparentemente tranquila existencia. Lo que acaba convirtiéndose en una aventura amable, divertida y sorprendentemente humana. Quizá porque, detrás de los misterios y los sobresaltos, la serie habla de algo sencillo: llegar a la vejez sin perder la capacidad de asombro, el sentido de la amistad y las ganas de seguir viviendo historias.

No pretendo elevarla a la categoría de obra maestra. Ni falta que le hace. Tiene ritmo, personajes bien llevados y esa simpatía que hace que uno pulse automáticamente el siguiente episodio.

Ayuda mucho un reparto que parece disfrutar de lo que está haciendo. Alfred Molina y Bill Pullman componen esos personajes entrañables que uno hace que sienta que tiene amigos al otro lado de la pantalla. Quizá por eso me ha gustado. Porque cuenta una historia y procura hacerlo bien.

A veces olvidamos que eso también tiene mérito. Que entretener no es un pecado menor del arte, sino una de sus formas más antiguas y nobles. Y que, después de tantas ficciones empeñadas en explicarnos el mundo, se agradece encontrar alguna que se conforme con hacernos pasar un buen rato.