León XIV se postra en el cementerio de Lampedusa donde reposan las tumbas sin lápida de los migrantes
«Hoy estoy aquí para decirles que el Papa sigue acompañándolos, los sostiene y los anima», ha dicho a los fieles que se han congregado en el muelle de Lampedusa
Potentes imágenes protagonizadas este sábado 4 de julio por el Papa León XIV en Lampedusa. El Santo Padre ha visitado el cementerio local, donde se encuentran las tumbas sin lápida de los migrantes fallecidos en el mar. A modo de identificación, pequeñas cruces hechas con los maderos de los cayucos sobresalen de unos cuantos montículos de arena distribuidos por el suelo. Allí el Pontífice ha depositado un centro de flores –como ya hizo en su reciente visita al muelle de Arguineguín– y se ha detenido unos instantes a rezar.
En el cementerio están enterrados más de 300 migrantes. De entre todos ellos, el Papa se ha detenido ante la tumba del pequeño Yusuf. Fue un niño migrante fallecido en 2020 durante una travesía cuando a penas tenía 6 meses de vida. Nació en Libia y falleció en brazos de su joven madre a bordo de un barco de la organización española Open Arms mientras esperaban una evacuación médica de emergencia que llegó seis horas después de haber sido solicitada.
La puerta de Europa
Tras su visita al cementerio, León XIV ha cruzado la conocida como «puerta de Europa», un símbolo de Lampedusa. Su construcción, elaborada en cerámica refractaria y hierro galvanizado, simboliza la historia de todos esos migrantes que dejan atrás sus países de origen, enfrentan infinidad de adversidades, para tratar de entrar a Europa y cruzar la puerta de Occidente.
El Santo Padre se ha convertido simbólicamente en uno más. Ha cruzado la puerta y se ha detenido unos instantes en ella, sujetado al marco y contemplando el horizonte. Ante sus ojos, el mar Mediterráneo, y tras la inmensidad del agua esa África de la que parten tantos migrantes en busca de un futuro mejor.

En recuerdo de Francisco
El Pontífice ha llegado a la puerta acompañado de una familia de migrantes que le han contado brevemente su historia y, más tarde, tras cruza el monumento, se ha dirigido él solo a una formación rocosa, cerca del mar, donde el intenso viento ha provocado que el solido saliera volando.
La última parada ha tenido lugar en el muelle, donde ha bendecido una placa que da nombre al muelle en honor al Papa Francisco. El Pontífice bonarense visitó el lugar varias veces. De hecho, su primer viaje como Santo Padre fue a Lampedusa. Allí se encontró con el fenómeno migratorio, al que tanta atención prestó durante su pontificado.
«El hecho de que hayan querido nombrar el Muelle Favaloro en honor al Papa Francisco es un signo del vínculo que mi predecesor estableció con su comunidad y con nuestros hermanos migrantes», ha dicho el Pontífice en un breve saludo ante los presentes. «El Papa ha estado cerca de ustedes durante este momento tan difícil, y hoy estoy aquí para decirles que el Papa sigue acompañándolos, los sostiene y los anima».
Pero el Pontífice no ha venido a pronunciar discursos, sino a celebrar la Eucaristía, como él mismo ha dicho. «El gesto de Jesús, al partir el pan, para entregarse a sí mismo da sentido y fuerza a nuestros actos cotidianos de ayuda y solidaridad».
Y ha concluido: «Sí, este es un lugar donde más que las palabras hablan los gestos. Pero los gestos, para ser humanos, requieren un corazón. Por eso nos hemos reunido aquí, para recibir de Cristo el amor que solo Él puede darnos, para que el mundo de hoy y de mañana sea más humano para todos».
