Marcelo Miravete escribió a mano un diario de siete volúmenes
La diócesis de Orihuela-Alicante acaba de recuperar una de las partes en las que este sacerdote ilustrado recogía íntegras sus homilías
Cuando a inicios del siglo XX se etiquetaron los libros de la Biblioteca de Fondo Antiguo del Seminario Diocesano de Orihuela, estaban los siete volúmenes de Jesucristo predicado. Oraciones, panegíricos y morales, de Marcelo Miravete de Maseres. Cuando un siglo después se realizó una catalogación según los estándares actuales, el V y el VII habían desaparecido, sin que se sepan las circunstancias.
El VII se recuperó en mayo y se presentó en público el 12 de junio. Mariano Cecilia, director técnico del Museo Diocesano de Arte Sacro de Orihuela, que engloba su archivo, explica que «nuestro equipo controla las subastas y el comercio por internet», donde de vez en cuando aparecen obras de la Iglesia, mediante alertas que les avisan si se publican determinadas palabras clave. En realidad, si el hallazgo de una pieza de estas características se produce de forma legal quienes lo hacen suelen contactar con los propietarios antes de anunciarla. En este caso no fue así. La puso a la venta una librería de Madrid a través de una plataforma de venta de libros usados, raros o agotados.
Marcelo Miravete de Maseres fue, según la diócesis de Orihuela-Alicante, un personaje «ecléctico», que en pleno Siglo de las Luces combinaba la «profunda vocación eclesiástica» con el mundo académico y «una constante preocupación por el progreso social, la ciencia práctica y la salud de sus conciudadanos». Realizó «proyectos pioneros de prevención médico-sanitaria». Uno de los ámbitos que más le interesaron fue la prevención de la «muerte aparente», estados de asfixia o síncope en los que aún se podía salvar al paciente. Para asistir a esas personas en 1791 creó la Junta de Piedad y Compasión. Además, diseñó una «máquina fumigatoria» que «introducía aire o humo de tabaco vía rectal o pulmonar para estimular los órganos internos de los ahogados y lograr su reanimación».
A la diócesis se le planteó un dilema: «Podíamos recuperarlo gratuitamente si lo denunciábamos a la Policía, pero se habría dilatado el proceso». En vez de eso, el Cabildo optó por comprarlo. El precio, por debajo de 2.000 euros, estaba ajustado a lo que vienen costando. «Para nosotros tiene más valor, tanto histórico como documental. No es un libro impreso sino manuscrito y, por tanto, único», argumenta Cecilia. De momento, «lo tenemos en el archivo porque vamos a digitalizarlo. Después lo depositaremos en la biblioteca del seminario», con los demás.
Jesucristo predicado es uno de los tesoros del archivo oriolano. Se trata de un extenso y detallado diario de Marcelo Miravete de Maseres (1729 – 1792), clérigo, catedrático e intelectual ilustrado. En él, por ejemplo, copiaba enteros los sermones que predicaba, en Orihuela y también en sitios como Elche o Alicante. Los textos «dicen mucho de la forma de vida, de la moral de la época». Por ejemplo, por la cantidad de veces que tenía que predicar «era una ciudad muy religiosa». De hecho, por otros documentos del archivo se sabe que «justo en la época de Miravete se estaban planteando derribar la catedral y hacer una más grande», aunque finalmente se mantuvo hasta hoy.

Además, las anotaciones de Miravete desvelan aspectos de su personalidad. Uno de ellos es que «tenía un miedo atroz a la muerte súbita», por si le sorprendía «sin haberse confesado. Hacía oraciones por la noche para que no llegara». Por otro lado, «durante una época en la que está fuera, en la zona de Solsona, los sermones están escritos en catalán»; es el caso de varios de este volumen. Algo de gran interés para investigadores que estudien la evolución de esa lengua. De hecho, «dos están trabajando este tipo de cuestiones».
Para Cecilia, uno de los rasgos más característicos de Miravete es que «escribía muchísimo. Hasta hacía índices» de sus diarios. Es más, incluso «escribió dos libros gigantes» que son un índice temático de «todos los acuerdos del Cabildo» hasta ese momento. «Se los leyó todos y anotó dónde aparecían palabras y términos. Es algo que yo no he visto nunca. Lo llamo “el Google del archivo”», y se sigue usando hoy. Asimismo, más allá de las obras manuscritas encuadernadas, «en el archivo hay muchos otros documentos» suyos, como resúmenes de las reuniones. «Ahora no tendríamos tiempo», sobre todo teniendo en cuenta que además de sacerdote y canónigo fue rector de la universidad.