El tiempo más noble del año - Alfa y Omega

Quizá es algo más propio de la generación que calzo, pero recuerdo que cuando empezaban las vacaciones se apoderaba de nosotros un nosequé moralista en formato Cuadernos Rubio. Estos iban acompañados de los buenos consejos de los buenos padres que nos recordaban que no debían perderse los buenos resultados de los buenos esfuerzos que habíamos hecho durante el curso. Bien es verdad que mis padres buenos no se empeñaban en demasía en esto, pero no hay niño de los 80 que junto con sus dos horas de digestión y su Frigopie no tuviera su ristra de cuentas para hacer con caligrafía ursulina durante el verano. Está bien. Saberse en un entrenamiento constante puede dar el resultado de tipos currantes, que falta nos hace. Bien. Pero hay algo que nos curte y nos hace mejores: aprender a vivir la libertad. 

Decía Luigi Giussani que donde se juega uno el tipo es en el tiempo libre. En el trabajo, más o menos, obedecemos a otro, seguimos las reglas de la nómina y del deber. Hacemos lo que nos han dicho o se espera de nosotros, y siempre puede estar la sospecha (de nosotros mismos incluso) de no tener muy claro si eso que hacemos es lo que deseamos y nos hace mejores. Pero cuando llega el ocio nuestra libertad se pone en pie para decidir cómo, dónde y con quién vivir; es decir, en qué dirección perder la vida, que diría su amigo Guardini. Desperdiciar el tiempo libre es no amar la vida, convertirse en un necio. Saber vivir es comprender que las vacaciones son el tiempo más noble del año porque nos comprometemos con el valor que reconocemos más relevante en nuestra vida y lo hacemos con gratuidad, emerge con libertad, se queda al descubierto dónde se va nuestro corazón cuando lo dejamos suelto. 

De esto hemos tenido el privilegio de hablar en la universidad unos cuantos amigos que trabajamos en el Instituto Newman (UFV) y el Club Dalroy en un tardeo que organizamos precisamente para hablar del valor del tiempo libre ahora que comienzan las vacaciones y profesores y alumnos miramos de reojo los Cuadernos Rubio. Es en la universidad donde preguntarse por el sentido de la realidad se hace urgencia educativa. Y es en la vida donde no perder el tiempo (y menos el libre) se hace emergencia existencial. No se trata de mantener fresco lo que hemos aprendido y sabemos, sino de dedicarnos a lo que aún no conocemos; de comprobar si lo que hacemos para ganarnos la vida verdaderamente la gana.