Raimo Goyarrola: «Las primeras causas para pedir la eutanasia son espirituales»
«¿El objetivo de la ley es que haya más eutanasias?», se pregunta el obispo de Helsinki sobre el aumento de esta práctica en España
—Usted acaba de defender una tesis doctoral en Medicina sobre cuidados paliativos. Pocos días después de que el Papa defendiera la vida desde la concepción hasta la muerte natural en el Congreso, la ministra de Sanidad celebró que en 2025, a los cinco años de la ley de eutanasia, se practicara un 32,6 % más que en 2024 como signo de que la ley «funciona». ¿Qué le suscita este enfoque, no solo como obispo sino como médico?
—Me da la impresión de que en el fondo de esas palabras hay una ideología. Pero la ciencia tiene que buscar el bien del paciente. Un médico no puede matar a nadie. ¿Qué interesa, que haya más muertos? ¿Es ese el objetivo de la ley? El fin de las leyes debe ser el bien común, no matar a más gente. Si el paciente está sufriendo, ¿por qué es? Con la ciencia se puede lograr que muera en paz. Más aún, si en los primeros años de la investigación contra el cáncer esa hubiera sido la solución ahora no tendríamos tantos tratamientos.
—Tras Cataluña, que lidera las peticiones con 6,1 por 100.000 habitantes, están Navarra y el País Vasco, lugares que conoce bien. ¿A qué cree que se debe?
—A esa gente que pide la eutanasia se le podría preguntar si su familia la apoya. Por otro lado, intuyo que son de las regiones con más secularización de España. Y hay estudios que muestran que la religión es un factor positivo de esperanza y calidad de vida en las últimas etapas. Otros artículos señalan cómo en los lugares donde lo religioso no está tan presente priman otros factores, como la autonomía personal o la falta de esperanza. Por último, estos días en España hablando con conocidos ha surgido varias veces cómo a personas que ingresaban con enfermedades que no eran mortales les habían ofrecido la eutanasia. ¿Cómo puede ofrecer un hospital la posibilidad de matarte? No lo entiendo, no ya como obispo sino como ser humano.
—Justamente su segunda tesis doctoral, que defendió el 5 de junio, trata sobre la dimensión espiritual en los cuidados paliativos. Siendo el obispo de un país entero, con un ministerio muy misionero, ¿por qué decidió embarcarse además en este proyecto?
—Surgió durante la pandemia. Vi mucho sufrimiento. Me preguntaba qué podía hacer y por casualidad —que es la providencia— me encontré con que el gurú de los paliativos en el país estaba buscando un médico con formación humana y teológica. Podía ser yo. De ahí surgió la posibilidad de crear un grupo de investigación y de hacer una tesis sobre ello. Vimos que hacían falta instrumentos para que el paciente pueda expresar sus necesidades en ese ámbito y desarrollamos varios cuestionarios que los ayudan a ellos y a los profesionales a abordar estos temas.
—Muchas peticiones de eutanasia alegan sufrimiento psíquico o espiritual.
—El paciente tiene varias dimensiones: física, donde está el dolor; psicológica, social y espiritual. En cuidados paliativos se ha visto, y yo lo he constatado, que en los enfermos hay un dolor espiritual que puede tener manifestaciones físicas, como la angustia, pero no se remedia con morfina y ansiolíticos. Los pacientes se hacen muchas preguntas existenciales, como «por qué a mí», o sobre el sentido de la vida, qué ha sido de su vida, la relación con uno mismo, con los demás y con la trascendencia, qué significa la muerte, si hay algo después. Estas preguntas son espirituales, sean ellos religiosos o no. Esto está documentado en los cinco continentes. Donde se empezó a legalizar la eutanasia para situaciones de un dolor insoportable, ahora las primeras causas para pedirla son espirituales.
Nacido en Bilbao en 1969, Ramón Goyarrola (en finés Raimo) se licenció en Medicina y Cirugía en la Universidad de Navarra en 1993. Diez años después se ordenó sacerdote, incardinándose en la prelatura del Opus Dei. En 2006 se trasladó a Helsinki, donde cinco años más tarde se convirtió en vicario general. En 2023 el Papa lo nombró obispo de esta diócesis, que abarca toda Finlandia. Recibió la ordenación el 26 de noviembre de ese año en una iglesia luterana. Además de en Medicina, es doctor en Teología Dogmática.
—¿Tiene sentido aceptar que se provoque la muerte por el sufrimiento de este tipo? Y, si no, ¿cómo aliviarlo?
—No, la muerte nunca se puede provocar. La medicina es ciencia. Hay que escuchar y llegar al porqué. Si se individua el motivo de ese distrés se le puede poner remedio. Pero eso requiere tiempo y el mayor enemigo del médico es la prisa. Me viene a la memoria un joven con un dolor crónico casi insoportable. Sentándome a su lado me di cuenta de que tenía además una angustia profunda. Se fue dando cuenta de que era por la relación con su padre, que era muy exigente. Cuando le perdonó sintió una paz impresionante y se le fue la angustia.
—La eutanasia vino del norte de Europa. ¿Está cerca en Finlandia?
—Se ha intentado aprobar tres veces y ha sido rechazada. Existe una línea a favor de los cuidados paliativos. El Gobierno ha dicho que quiere desarrollarlos. Esa es la solución. Una sociedad que envejece va a necesitarlos más. Lo que pasa es que los medios tienen un poder impresionante. Sacan casos extremos para tocar el corazón. Pero el corazón no es ciencia. También hay una lucha semántica, porque la eutanasia no es morir en paz, sino que te maten. La sanidad está para curar y, si no se puede, aliviar y acompañar.
—¿Cómo fue la experiencia de defender una tesis sobre este tema en una universidad escandinava?
—En mi defensa había más de 100 personas, incluidos muchos médicos y enfermeras, cuando suele haber solo un grupo reducido. Se dio la palabra al público y hubo ocho intervenciones muy agradecidas. No por mí, sino porque el tema es muy importante para la gente que está sufriendo y se ha visto una esperanza. Hay un interés real y profundo. Desde entonces, me han hecho doce entrevistas. Y antes de Navidad tengo cinco sesiones formativas previstas para médicos y enfermeras. Una ministra me dijo que me invitarían al Parlamento. Tengo el proyecto de crear un centro de espiritualidad para los cuidados paliativos, aunque no tengo tiempo. La muerte digna es la muerte con cuidados paliativos en todas las dimensiones, incluida esta.