Un minuto con el Papa - Alfa y Omega

El Papa me regaló un rosario. Dios me regaló poder saludar al Papa junto a mi mujer. Hace un mes, antes de la visita de Su Santidad, te contaba que una operación me dejaba sin poder presentar los programas para la cadena de televisión en la que trabajo. Alcé la mirada y acepté que me tocaba ofrecer mi recuperación por los frutos de la visita. Pero Dios siempre da más. Una llamada inesperada de los organizadores del acto del Pontífice con los voluntarios en IFEMA me ofreció presentarlo junto a mi mujer (también periodista). Seríamos la voz de quienes durante meses han entregado su tiempo para que los demás disfrutaran de la visita del Santo Padre. La mano de Dios siguió notándose. El doctor adelantó la operación para que yo pudiera acudir a ese acto, mi empresa me dio permiso y la organización del evento puso todos los medios para ayudarme por mis limitaciones. Con un corsé bajo el traje y un dolor acallado por la emoción, de la mano de mi mujer subí al escenario.

Recibimos a León XIV con unas palabras que brotaron del corazón. Profesionalmente es algo que cualquier periodista desearía. Pero lo más grande estaba por llegar. Mi mujer y yo nos acercamos a él. Nos dio la enhorabuena por la presentación mientras le cogíamos la mano y le hacíamos una reverencia. Después, le contamos nuestra historia como matrimonio, mientras él nos miraba con cariño. El reloj se paró. Con su mirada y atención te abraza, te entiende, te consuela. Fue un minuto larguísimo lleno de ternura y paz, de inmensa gratitud. Una chispa encendió el alma. El encargado del protocolo movía la mano para que nos fuéramos, pero el Papa nos retenía con su mirada. Mi mujer no pudo contener la emoción y yo, al verla, tampoco. Solo fue un minuto, ¡qué regalo tan grande!