Si no escuchas no guiarás, si no aprendes no enseñaras - Alfa y Omega

Si no escuchas no guiarás, si no aprendes no enseñaras

Escuchar y aprender, dos verbos que el Papa quiere que toda la Iglesia conjugue cada día y en todo lugar

Alfa y Omega

En los últimos días resuenan en el mundo eclesial las palabras del Papa León XIV al final de la homilía de la Misa con la que se inició el consistorio del Colegio Cardenalicio de la semana pasada: «La autoridad del primado es propia de quien escucha y solo por eso guía, de quien aprende y solo por eso enseña».

Que la máxima autoridad de la Iglesia católica reconozca la necesidad de escuchar y de aprender para garantizar su primado nos ayuda a reconocer que ese, al menos entre quienes se dicen católicos, es el camino que debemos seguir. Una propuesta que no vendría mal hacer extensiva al conjunto de la sociedad. La necesidad de escuchar y aprender en una sociedad en la que los párvulos se creen doctores se presenta como un desafío cada vez mayor. La escucha nos enriquece, también cuando practicamos ese ejercicio con aquellos que tienen planteamientos contrarios. El deseo de aprender nos hace crecer humanamente, pues asumimos con ello nuestra condición finita.

Una escucha y un deseo de aprender que son elementos decisivos de una visión comunitaria de la existencia. De ahí la importancia de que, en la Iglesia católica, en la que la dimensión comunitaria prima, su Pontífice quiera marcar con su ejemplo la forma de actuar de cada bautizado, independientemente del servicio que asuma en el conglomerado eclesial.

Un modo de actuar que también resulta decisivo para llevar a cabo el propósito fundamental de la Iglesia católica: la misión de anunciar el Evangelio. Para ser testigos es preciso haber ido aprendiendo poco a poco lo que constituye ese testimonio. Un anuncio que cobra mayor vitalidad cuando previamente escuchamos a aquellos a quienes les queremos anunciar la propuesta cristiana. Seremos más grandes cuanto más escuchemos; y vivir abiertos a aprender hará de cada uno de nosotros mejor presencia de Aquel en quien creemos.