Caracas, un día después: «Dios es muy grande y seguiremos adelante»
El presidente de los obispos venezolanos y varios misioneros relatan cómo está siendo la labor de la Iglesia en estos momentos
«Estábamos muchas iglesias celebrando la festividad de San Juan Bautista y de repente se produjeron dos fuertes seísmos en Venezuela», dice desde allí un día después para Alfa y Omega Jesús González de Zárate, presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana. Los terremotos, que afectaron sobre todo la región central, donde se encuentra la capital del país, fueron «muy fuertes, y algunas personas hablan de que tal vez fueron el episodio más fuerte de los últimos 126 años», añade.
El presidente de los obispos venezolanos hace asimismo un elenco de los daños, con «afectaciones materiales y caída de muchos edificios», entre ellos «templos, casas parroquiales y otras instalaciones de la Iglesia». Desde el principio se activaron las labores de rescate de las personas que podrían estar sepultadas en los edificios que se cayeron, «y poco a poco se van teniendo noticias de las personas heridas y fallecidas».

En cuanto a la implicación de la comunidad creyente, González de Zárate cuenta que «desde el primer momento nos hemos activado en primer lugar para reconocer los daños que pudieran darse entre nosotros, atender las necesidades inmediatas de los sacerdotes, religiosos, las comunidades cristianas y poco a poco también la atención de otras personas». Para ello, las comunidades que han podido hacerlo «han abierto las puertas de sus instalaciones a quien lo pudiera necesitar, tal como sigue abierto el protocolo que Cáritas de Venezuela suele utilizar en estos casos para atender a las personas damnificadas».
La Iglesia ayuda «en lo que podemos»
Por su parte, Eddy Omar Polo, de la Red Solidaria Internacional Agustino Recoleta (ARCORES), reconoce desde Caracas que «la situación sigue siendo de emergencia y de búsqueda constante de sobrevivientes en los derrumbes», y aunque las autoridades han ofrecido un primer balance oficial de fallecidos, «las imágenes que vemos sobre todo por las redes sociales muestran que la magnitud del desastre probablemente sea aún mayor, y ahí con muchas personas desaparecidas y bajo los escombros».
En este sentido, «vemos equipos de rescate en todo momento, se escuchan muchas ambulancias, y muchas personas están pasando las noches en las plazas, en las calles y espacios abiertos por temor a las nuevas réplicas». En los hospitales, «se sigue atendiendo a gran cantidad de heridos, bajo fuerte presión». Junto a ello, las infraestructuras «están siendo evaluadas por las autoridades por las interrupciones de transporte y las afecciones de carreteras, y también el metro y el tren, con problemas para que el agua y la luz lleguen a la gente».
En estos momentos, «nosotros como Iglesia permanecemos atentos a la evolución de la situación y en constante comunicación entre la diócesis y la vida consagrada, las comunidades religiosas y todos los organismos eclesiales que queremos aportar algo». En este sentido, «nos encontrarnos articulados para de una u otra forma ayudar humanitariamente en lo que se pueda», lo que incluye también «apoyo espiritual y acompañamiento desde las comunidades religiosas y las parroquiales».
La gente es muy generosa
También desde Caracas, David Fuemayor, misionero del Sagrado Corazón de Jesús, relata un panorama parecido: «hay muchos hermanos fallecidos, muchos heridos, muchos aún desaparecidos, daños en la infraestructura de edificios, casas, hospitales, y también en muchas iglesias católicas de la arquidiócesis de Caracas».
En esta primera labor de ayuda, su comunidad se está centrando en suministrar en los posible «agua potable, alimento duradero, alimentos enlatados, colchonetas», porque a esta hora «hay mucha gente durmiendo fuera de los edificios, en los parques».
Como elemento positivo, es testigo de que «la gente es muy generosa, muy receptiva y siempre atenta». Lo fue desde el primero momento, cuando los fieles se salieron del templo «y afuera se hizo la oración con la comunidad, con la gente, y ahí nos quedamos un buen rato, hasta las cuatro y media de la mañana, sin poder dormir, porque se sucedían las réplicas».
«Este es un pueblo muy generoso», atestigua el misionero, que da fe de un pueblo «con mucha conciencia, un pueblo que ha pasado por muchas situaciones complejas y hemos tenido que responder ante esas situaciones. Y bueno, Dios es providente, Dios es muy grande y seguiremos adelante».