Un Colegio Cardenalicio ejemplo de sinodalidad - Alfa y Omega

Caminar juntos es uno de los grandes empeños del Papa León XIV. Y para explicitar ese deseo, nada mejor que signos concretos. Un camino que tiene como primer paso la escucha. De ahí la importancia del consistorio al que el pontífice ha convocado a todos los cardenales de 26 a 29 de junio de 2026.

Encontrarse para discernir juntos

En poco más de un año de pontificado es la segunda oportunidad en la que León XIV reúne en Roma al Colegio Cardenalicio. Si los temas son importantes, lo decisivo es el hecho de encontrarse para discernir juntos el camino a seguir como Iglesia. Un ejercicio de sinodalidad que debe ser un ejemplo en todos sus niveles de Iglesia.

El ejemplo del Santo Padre, que reúne a sus colaboradores más próximos, debe servir para que, en las diócesis, parroquias, comunidades, congregaciones religiosas, pastorales, movimientos… se lleven a cabo prácticas similares. Podemos decir que la sinodalidad empieza por el órgano de gobierno más importante a nivel eclesial, el Colegio Cardenalicio, y, a partir de ahí, va transbordando para empapar de ese modo de ser Iglesia al conjunto eclesial.

Se trata de evitar el ordeno y mando, de no entender las funciones que cada uno asume como un cargo desde el que dominar, sino como un espacio para servir. Descubrir la riqueza de la escucha es una dinámica que nos enriquece, no solo personalmente, sino en la dimensión comunitaria, elemento fundamental para ser Iglesia.

Conocer el mundo a ser evangelizado

Es interesante que el punto de partida sea el deseo de conocer el mundo en el que estamos llamados a anunciar el Evangelio. Preguntarse por los sufrimientos, tensiones e interrogantes que afectan hoy con mayor intensidad a los pueblos y a las comunidades eclesiales. Pero, sobre todo, hacer partícipes a todos de los signos de esperanza, de fidelidad al Evangelio y de posible reconciliación presentes en tantas realidades que conforman el espectro social y eclesial.

Estamos ante un claro ejercicio de colegialidad bajo la guía de un Papa que, siguiendo la fama que le precede, quiere escuchar a todos antes de decidir. Pero que nadie lo dude, decidirá y marcará el rumbo a seguir como Iglesia en este momento de la historia. Y es que el tiempo que dedicamos a escuchar, nunca es tiempo perdido. Todavía más si tenemos claro que nos guiamos por el Kairós, el tiempo de Dios, y no por el Cronos, el tiempo humano.

En el tiempo de la imagen, ver reunidos a los cardenales con el Papa a quien ellos han elegido, y que el pontífice quiera escucharlos para profundizar en la reflexión sobre la unidad y en la paz, supone una expresión palpable de aquello que es la Iglesia. Cualquier concepto se evidencia mejor con ejemplos concretos y que el Colegio Cardenalicio practique la sinodalidad nos hace ver que ese es el camino para continuar avanzando.