A mediados de mayo impartí un curso sobre mística en la librería Ramon Llull de Valencia, lugar de bella resistencia que, en medio del ruido y la furia, hace pervivir el gusto por los libros, por aprender y hacer presente la palabra escrita en un contexto crecientemente espectacularizado a causa del imperio de la imagen rápida y del rapto cognitivo; en un escenario que no permite —y penaliza— la dilación, las cadencias lentas que precisa la lectura.
Durante las sesiones del seminario, las beguinas adquirieron un lugar preponderante. Pocos asistentes conocían esta tradición espiritual surgida entre los siglos XI y XII en una convulsa Europa: se trata de mujeres que buscaron y experimentaron una relación directa con lo divino desde claves contemplativas y a partir del amor, pero también y sobre todo desde el prisma de la generación activa de comunidad y redes de cuidado al margen de las estructuras de poder. Las páginas que Silvia Bara Bancel, doctora en Teología Dogmática-Fundamental y profesora en la Universidad Pontificia Comillas, ha publicado bajo el título de Saber a Dios, guiaron mis clases y ayudaron mucho a quienes fueron a escucharme al curso sobre mística, en el que se dieron cita Margarita Porete, Matilde de Magdeburgo, Beatriz de Nazaret, Hadewijch de Amberes, Ángela de Foligno o Hildegarda de Bingen, entre otras. Como explica Bara Bancel en su magnífico libro, «la beguina apunta a un saber experiencial, fruto de la contemplación y de la acción, que va más allá del mero conocimiento adquirido en libros», pues, «participando del anhelo de vida apostólica y de pobreza evangélica», las beguinas «constituyeron una forma de vida laical o semirreligiosa» que tenía como centro una «profunda vida y de oración y, al mismo tiempo, estando al servicio de los excluidos».
Existe un actualísimo toque de atención en esta tradición de las beguinas, una reivindicación de la interioridad y del contar la propia historia que trasciende lo contemplativo: algunas mujeres comenzaron a decir-se creando comunidades en las que se enseñaban mutuamente, en lengua vernácula, sobre los misterios de lo sagrado. «Saber a Dios» no es tanto conocerlo como dejarse afectar por la experiencia de la divinidad. No quisieron callar, y convirtieron la experiencia de lo sagrado en una praxis, en acción.
Ojalá la lectura de las beguinas, y de este magnífico volumen de Silvia Bara Bancel, nos haga contener, al decir de la Regla de los auténticos amantes (texto programático de los beguinatos), «corazones ardientes (enflammés coeurs), completamente encendidos y prendidos de Dios».
Silvia Bara Bancel
Verbo Divino
2026
280
28 €