El Papa denuncia una «contaminación ambiental» que asesina

El Papa viaja a Acerra para consolar a quien ha perdido familiares «asesinados por la contaminación ambiental»

León XIV ha resucitado a Francisco durante un discurso en el que ha denunciado la «actuación impune» de «organizaciones sin escrúpulos» y ha llamado a la Iglesia local a «sed vosotros mismos la respuesta: una comunidad unida, en la fe y en el compromiso. Entonces la vida se multiplicará»

José Calderero de Aldecoa
El Papa durante su discurso. Foto: Vatican Media.

León XIV ha vuelto a dejar claro este sábado que su pontificado tiene una clara continuidad con su antecesor. El Papa ha aterrizado, de nuevo, en un destino programado por Francisco: Acerra. «Sabéis que ya el Papa Francisco habría deseado venir aquí, a la que tristemente ha tomado el nombre de “Tierra de los fuegos”, pero no le fue posible», ha dicho el Papa al comienzo de su discurso en la Catedral de Santa María de la Asunción, donde se ha dirigido a la Iglesia local y a las familias que han sufrido víctimas a causa de la contaminación ambiental.

La localidad italiana se suma así a Turquía y Líbano, donde el pontífice bonarense quiso acudir para conmemorar el 1.700 aniversario del Concilio de Nicea, y Canarias, que recibirá a León XIV a principios de junio. En el archipiélago español, el Pontífice conocerá de primera mano el fenómeno migratorio, como intentó hacer Bergoglio. El sucesor argentino de Pedro murió antes de poder cumplir este deseo.

Grito de la creación

Por otro lado, las palabras de León XIV bien las podría haber firmado su antecesor. «El grito de la creación y de los pobres entre vosotros se ha percibido de manera más dramática, a causa de una concentración mortal de oscuros intereses e indiferencia hacia el bien común, que ha envenenado el ambiente natural y social», ha clamado el Pontífice americano.

Pero el Papa no ha acudido a Acerra para escuchar un grito, «he venido ante todo a recoger las lágrimas de quienes han perdido a seres queridos, asesinados por la contaminación ambiental provocada por personas y organizaciones sin escrúpulos, que durante demasiado tiempo han podido actuar impunemente», ha denunciado.

Una actitud ecomafiosa, sin embargo, que no ha secundado todo el mundo. De hecho, «estoy aquí también para agradecer a quienes han respondido al mal con el bien, especialmente a una Iglesia que ha sabido atreverse a la denuncia y a la profecía, para reunir al pueblo en la esperanza».

Precisamente, el Santo Padre, durante su discurso, ha reconocido la existencia de dos alternativas. «Sufrimos por la devastación que ha comprometido un maravilloso ecosistema, lugares, historias y memorias». Y ante ella, «puede haber dos actitudes: la indiferencia o la responsabilidad».

Foto: Vatican Media.

Huesos y esperanza

No obstante, quienes tomen la segunda opción no tienen un panorama fácil: «La muerte parece estar por todas partes, la injusticia parece haber vencido, la criminalidad, la corrupción, la indiferencia siguen matando, el bien parece permanecer seco». Ante este escenario, el Pontífice se ha preguntado si cabe la resurrección, y él mismo ha respondido a continuación: «Tú sabes que podemos levantarnos, porque tú mismo nos tomas de la mano. Tú sabes que nuestro desierto puede florecer. Tú sabes transformar el luto en alegría».

Pero para este cambio, el Santo Padre ha llamado a la Iglesia al compromiso: «Sed vosotros mismos la respuesta: una comunidad unida, en la fe y en el compromiso. Entonces la vida se multiplicará», ha asegurado al mismo tiempo que ha subrayado que «el cambio del mundo -que se desarrolla de a poquitos- comienza siempre desde el corazón».

El Papa: «Dejad morir el resentimiento»

Al final de su discurso, el Santo Padre se ha dirigido a las familias a las que la muerte ha golpeado en este contexto. A todas ellas, les ha pedido «Generad vida nueva transmitiendo a hijos e hijas, a nietos y vecinos ese sentido de responsabilidad que demasiadas veces hasta ahora ha faltado. Dejad morir el resentimiento, practicad los primeros la justicia que pedís, dad testimonio de la vida, educad para el cuidado».

«Y vosotros, ministros ordenados, religiosas y religiosos, -ha concluido- sed miembros vivos de este pueblo: manifestad cotidianamente la autoridad del servicio, que se abaja y se acerca, que da el primer paso y perdona».