Ya hay hoja de ruta para la Asamblea Eclesial de 2028: así se preparará
El Vaticano ha desvelado el itinerario para poner en común los «nuevos caminos de sinodalidad» que están surgiendo a todos los niveles. Pide que en el proceso participen personas en situaciones de marginación
«¿Qué rostro concreto de Iglesia sinodal misionera y qué nuevos caminos de sinodalidad están surgiendo en tu comunidad?». Esta pregunta será la que, a partir de enero del año que viene, guiará el camino de la Iglesia hacia la gran Asamblea Eclesial que tanto el Papa Francisco (se anunció en marzo de 2025) como León XIV han querido celebrar en octubre de 2028.
Es una de las indicaciones recogidas en el documento Hacia las Asambleas 2027-2028: etapas, criterios, instrumentos con vistas a las Asambleas de 2027-2028, publicado por la Secretaría General del Sínodo este miércoles. Se trata de un momento central de la fase de implementación del Sínodo sobre la sinodalidad, tras la fase de consulta al pueblo de Dios (2021-2023) y de celebración, con las dos sesiones de la Asamblea General, en 2023 y 2024.
NEW SYNODAL DOCUMENT | OUT NOW!! The General Secretariat of the Synod releases the document “Towards the Assemblies 2027–2028: stages, criteria and tools for preparation,” taking a step forward in the #implementationphase of the Synod on #Synodality.
— Synod.va (@Synod_va) May 20, 2026
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Esta Asamblea Eclesial se desarrollará en cuatro etapas a cuatro niveles, como se adelantó en julio de 2025. Ahora, se ha desvelado el verbo clave que señala la finalidad de cada una de ellas así como los documentos que saldrán de cada una de ellas.
¿Cuáles son las etapas?
Así, el primer semestre de 2027 estará dedicado a «hacer memoria», con encuentros en las diócesis y eparquías. Servirá para «releer la experiencia de implementación del documento final» del Sínodo. Antes del 30 de junio de 2027, cada Iglesia local deberá presentar un relato narrativo de esta vivencia y una carta a las otras Iglesias.
Durante el medio año siguiente, las conferencias episcopales se reunirán para, con ello, «interpretar» lo vivido. Se elaborará antes de diciembre de 2027 un informe teológico-pastoral. Se les pide además, de nuevo, una carta a las Iglesias en otros países.

La etapa posterior es la de las asambleas continentales, que tiene como objetivo «orientar». Con las aportaciones nacionales, se elaborará un informe prospectivo identificando «prioridades y orientaciones compartidas». Estos, que tendrán que finalizarse antes de mayo de 2028, serán los mimbres con los que se elabore el instrumentum laboris de la Asamblea Eclesial.
Esta tendrá lugar en octubre de 2028 con el leit motiv de «celebrar». En ella «el camino recorrido se reconducirá a la unidad y se entregará al discernimiento de toda la Iglesia».
¿Quién participará?
Al presentar Hacia las Asambleas 2027-2028 el cardenal Mario Grech, secretario general del Sínodo, subrayó que esta propuesta «no es una tarea adicional» para las Iglesias locales. Busca convertirse en «un tiempo de discernimiento compartido y de acción de gracias, en el que releer juntos lo que el Espíritu está haciendo crecer en la Iglesia y reconocer los pasos que estamos llamados a dar».
Señaló además que estas asambleas «no son una consulta sociológica ni un proceso deliberativo, ni tampoco una verificación técnica». Pretende servir de «momento de síntesis y de relanzamiento del camino, para que el intercambio de dones entre las Iglesias se convierta en una experiencia concreta y la sinodalidad se traduzca cada vez más en un estilo ordinario de la vida eclesial al servicio de la misión».

Para cumplir este objetivo, el nuevo documento pide que al seleccionar a los participantes en las asambleas diocesanas, nacionales y continentales se garantice «una atención adecuada a la relación entre hombres y mujeres y entre las diferentes generaciones». Solicita también que representen a la diversidad de estados de vida: presbíteros —con «especial atención» a los párrocos—, diáconos, consagrados, miembros de distintas realidades eclesiales y «fieles no insertados en estructuras organizadas».
Otro requisito será «la presencia de personas que viven situaciones de fragilidad o marginación». Y, «cuando sea oportuno», se contempla la participación de cristianos de otras confesiones y creyentes de otras religiones. En las reuniones, se invita a mantener el método de la conversación en el Espíritu.