El folclore de Violeta Parra - Alfa y Omega

El folclore de Violeta Parra

Álex González
Violeta Parra.
Violeta Parra. Foto: ABC.

Fue una de las mujeres más interesantes a nivel artístico que ha dado Sudamérica. Una de las grandes estudiosas de la música folclórica de su país natal, Chile. Creció en el seno de una familia humilde cuyo padre era profesor de música, aunque enfermó y murió cuando era una adolescente. Empezó a tocar la guitarra y a componer con 12 años y se ganaba la vida junto a sus hermanos cantando por bares de la ciudad donde vivían. Se casó con un obrero ferroviario y tuvo a sus dos primeros hijos, pero su ímpetu rebelde le llevó a divorciarse una década después. Tenía un espíritu adelantado a las mujeres de la época y huía de lo tradicional. Junto a su hermana Hilda formó el grupo Las Hermanas Parra, que grabó  sus primeras canciones entre 1947 y 1952. Volvió a casarse con un tenor de ópera y tuvo otras dos hijas más, aunque la más pequeña falleció a los 2 años de edad. Emprendió su carrera en solitario ya investigando más a fondo la música del folclore chileno, convirtiéndose e una de las mayores entendidas del mismo. Editó libros, organizó cursos y recitales para darlo a conocer, incluso fuera de las fronteras de su país. Hablaba en radios y programas de televisión, y llegó a poner rumbo a Europa en varias ocasiones. De hecho, en París tuvo un importante avance a nivel laboral. Además, era una mujer que pintaba, hacía cerámica y bordaba arpilleras. Se hizo muy amiga del poeta Pablo Neruda y, de hecho, también ganó algunos certámenes de poesía. Una de sus canciones históricas fue aquella que decía «gracias a la vida, que me ha dado tanto, / me ha dado la risa y me ha dado el llanto. / Así yo distingo dicha de quebranto / los dos materiales que forman mi canto / y el canto de ustedes que es el mismo canto / y el canto de todos que es mi propio canto». Un tema histórico que versionó después Mercedes Sosa y que era todo un símbolo de gratitud a la vida, pero donde también se reflejaban las cosas malas que le había traído. Tuvo que superar problemas económicos, la muerte de una hija y una vida de amores complicados. Además, su extrema sensibilidad artística le hizo pasar momentos difíciles y le derivó a padecer una severa depresión que le llevó con 49 años, en 1967, a quitarse la vida. Aquel día nació un mito, pero también se marchó una de las mujeres más interesantes de la historia artística de habla hispana. Su legado ha sido recordado con calles, plazas, obras de teatro, películas, documentales y series. Pocos se interesaron tanto por el folclore chileno. De hecho, ella llegó a abrir en la década de los años 50 un museo para divulgarlo.