Habemus Papam - Alfa y Omega

La plaza de San Pedro era un hervidero de cámaras y micrófonos llegados de todos los puntos del mundo. También había quien, palo de selfi en mano, encarnaba la forma de hacer comunicación que, por desgracia, vivimos en estos días. Huelga decir que no todo el mundo con un teléfono es periodista. Aquellas dos semanas de vértigo desde que nos dejó Francisco hasta que llegó León fue de las pocas ocasiones en que la información religiosa pasó de ser algo residual a estar en prime time. Y no para hablar de abusos o de chismes de sacristía. Sino para explicar, desde el conocimiento y la experiencia, el papel fundamental que la Iglesia sigue teniendo en el devenir de la historia. Y quienes movían el relato, y el dato, optaron por la calidad. Fue un orgullo, y lo seguiré repetiendo sine die, ver a mis compañeros en cada onda, en cada imagen, hablar de la Iglesia y del papel del Pontífice con frescura, actualidad y rigor. Se nos avecina ahora una segunda oportunidad que no pensamos desaprovechar.