El Papa en África: «Es el momento de cambiar»
El continente «es una reserva de alegría y esperanza», ha subrayado León XIV en su periplo. Consciente de los retos, ha querido empoderar sobre todo a los jóvenes
Fue en el avión de Camerún a Angola, en el ecuador de su viaje a África. León XIV tomó el micrófono para responder a los medios que estaban interpretando sus discursos, escritos semanas atrás, como respuesta a los recientes ataques del presidente estadounidense, Donald Trump. «No es en absoluto mi intención», aseguró. Su viaje a África buscaba, sobre todo, «estar, celebrar, animar y acompañar a todos los católicos» de allí, proclamando el Evangelio y lo que significa seguir a Cristo y «promover la fraternidad, la hermandad», «la justicia y la paz».
León XIV ha disfrutado y vivido intensamente su periplo africano, que acaba este jueves con su regreso de Guinea Ecuatorial. Han sido once días, otras tantas ciudades y 18 vuelos. «Ya no estábamos acostumbrados a viajes papales así a este continente», asegura David Crespo, editor de Africa Mundi. Tras Argelia, de aplastante mayoría musulmana, llegó la explosión subsahariana, con sus cantos y ovaciones en cada aeropuerto, celebración, calle o carretera. La alegría, la música y el colorido de los vestidos, en particular los cosidos con las telas diseñadas para la visita, contrastaban con la sencillez y pobreza de los edificios y caminos. El Pontífice ha aludido a ello en varias ocasiones, como cuando al aterrizar el día 18 en Angola dijo a sus autoridades que África «es una reserva de alegría y esperanza para el mundo», que «ni siquiera las circunstancias más adversas han podido extinguir».

Sin paternalismos, el Santo Padre ha dejado en 26 discursos —en francés, inglés, portugués y español— un diagnóstico certero de los desafíos a los que se enfrentan los países que ha visitado y que, en cierto sentido, caracterizan a todo el continente (ya dijo que Camerún era una «África en miniatura»). Pero también de su potencial e incluso de los ámbitos en que adelanta al llamado primer mundo.
«Me anunciáis la paz»
Así ocurrió en Bamenda, en la región anglófona de Camerún, golpeada desde 2017 por un conflicto independentista. La llegada del Papa causó una gran expectativa entre la población, que creía ver en su presencia y en la tregua de tres días anunciada por los separatistas el preludio de un cambio. «Estoy aquí para anunciar la paz, pero descubro que sois vosotros los que me la anunciáis a mí y al mundo», reconoció el 16 de abril en la catedral de San José. Aludía a la religiosa Carine Tangiri, que superó su secuestro de tres días —amenaza recurrente para las consagradas— aferrada al rosario hasta que los católicos de la zona intervinieron en su favor. O a Denis Salo, rostro de medio millón de desplazados. Amenazado por vender bebidas prohibidas, perdió a seis personas cercanas a manos de los separatistas mientras «los soldados del Gobierno quemaban casas».
También se refería, tras escuchar a líderes tradicionales, protestantes y musulmanes, al papel de las religiones. En vez de degenerar en una guerra de religión, el conflicto las ha «acercado más que nunca», hasta crear un Movimiento por la Paz para mediar entre bandos. Como había dicho el día anterior a las autoridades, con iniciativas de este tipo «la política y la diplomacia pueden valerse de fuerzas morales capaces de apaciguar las tensiones y prevenir las radicalizaciones». Por el contrario, clamó en Bamenda contra «quienes doblegan las religiones y el nombre de Dios a sus propios intereses». Y denunció que «el mundo está siendo destruido por unos pocos dominadores», pero «se mantiene en pie gracias a una inmensidad de hermanos solidarios» que viven el amor al próximo; toda una «revolución silenciosa».

Extractivismo y corrupción
No han faltado tampoco momentos en los que el Santo Padre ha señalado a la «lógica extractiva» de los recursos como combustible para los conflictos y catástrofes. Lo hizo en Bamenda, al denunciar que «quienes saquean los recursos de la tierra suelen invertir gran parte de las ganancias en armas»; el 17, en la Universidad Católica de África Central, aún en Camerún, al recordar «el lado oscuro» de «la frenética búsqueda de materias primas y tierras excepcionales». Y el 18, ya ante las autoridades angoleñas, animándolas a «romper esta cadena de intereses» que reduce la vida a mercancía. Este mensaje es, para David Soler, «muy importante especialmente ahora que, por ejemplo, Estados Unidos está haciendo acuerdos con países africanos como República Democrática del Congo» en los que la contrapartida es siempre un acceso preferente a los minerales.
El Pontífice ha lanzado asimismo frecuentes alegatos contra «las cadenas de la corrupción». Empezó nada más aterrizar en Yaundé, ante los líderes cameruneses: «Es necesario liberar el corazón de esa sed de ganancia que es idolatría; el verdadero beneficio es el desarrollo humano integral». Pidió un «examen de conciencia» y un «valiente salto cualitativo» para lograr «transparencia en la gestión de los recursos públicos y el respeto al Estado de derecho», esenciales «para restablecer la confianza» de la gente.

«Hijos de Dios, no huérfanos»
Nada más pronunciar estas palabras, fue al orfanato Ngul Zamba, donde las Hijas de María de Yaundé, una congregación diocesana, sacan adelante a 64 niños (algunos encontrados en la basura) y adolescentes (expulsados de otras instituciones) en un centro donde cuesta hasta servir carne una vez a la semana. Lo que hacen muy bien es ofrecer una educación integral y un hogar cristiano. «Somos hijos de Dios, no somos huérfanos», declamaron tres de ellos ante el Papa. «El Santo Padre es nuestro padre, los cristianos de todo el mundo son nuestros hermanos. Estamos construyendo la Iglesia, nuestra nación y la humanidad».
León XIV aplaudió con cariño y confirmó su entusiasmo al decirles que «estáis llamados a un futuro más grande que vuestras heridas». Señaló que «en un mundo marcado frecuentemente por la indiferencia y el egoísmo, esta casa nos recuerda que todos somos custodios de nuestros hermanos». Y que «en la gran familia de Dios, nadie es nunca u extranjero o abandonado». Tal vez por eso en ninguna etapa del viaje han faltado en el programa proyectos caritativos: para mujeres y ancianos (Argelia), un hospital general (Camerún), otro psiquiátrico y una cárcel (Guinea Ecuatorial). En Angola, visitó un hogar para ancianos donde subrayó que «el cuidado de las personas frágiles es un indicador muy importante de la calidad de la vida social de un país».
Una semana después de que el Papa se despidiera de Argelia, «los ecos que nos llegan están marcados por el respeto y una atención sincera», asegura a Alfa y Omega Diego Sarrió Cucarella, obispo de Laghouat, en este país. Sus gestos «han sido percibidos como signos de consideración, de reconocimiento y de voluntad de encuentro». Por otro lado, para la comunidad católica local, «ha venido a sostener la convicción de que esta manera de vivir el Evangelio desde la cercanía, la relación y la sencillez del servicio, es plenamente evangélica». Además, «ha fortalecido el sentido de comunión».
«Hay pan para todos»
Lo decía en naciones donde las iniciativas de inspiración religiosa son de gran importancia ante la falta de recursos públicos y la pobreza. El Pontífice abordó esta cuestión sin medias tintas en Duala, la capital económica de Camerún: «Hay pan para todos si se da a todos. Hay pan para todos si se lo toma no con una mano que acapara, sino con una mano que da». Los ojos de quienes no tienen lo necesario «nos repiten la pregunta que Jesús hizo a sus discípulos: ¿qué hacen por toda esta gente?».
El peligro del desencanto
No es la carestía lo único que debilita a los africanos. El Papa, que tanto celebró su alegría, no dejó de alertarles contra el desencanto y la desesperanza. «Cuando se lleva mucho tiempo sumergido en una historia tan marcada por el dolor, se corre el riesgo» de «perder la esperanza y quedarse paralizado por el desánimo», admitió el 19 de abril en Luanda, capital de Angola, el país que sufrió la guerra más larga de África (1975-2002). El día anterior, había dicho ante las autoridades que los déspotas «buscan volver las almas pasivas» y contagiar tristeza. Entonces «estamos a merced de nuestros miedos y fantasías; nos refugiamos en el fanatismo, la sumisión, la manipulación mediática, el espejismo del oro y el mito de la identidad. El descontento, la impotencia y el desarraigo nos separan».
En cambio, «sin alegría no hay renovación; sin interioridad no hay liberación; sin encuentro no hay política; sin el otro no hay justicia». ¿Cómo lograrlos? Ese día, al despedirse de Camerún, recordó que Jesús «no calma inmediatamente las tormentas, pero viene a nuestro encuentro» en ellas «y nos invita a permanecer juntos y solidarios en la misma barca».

Apuesta por los jóvenes
León XIV quiso preservar de esta tentación especialmente a los jóvenes, en quienes la falta de perspectivas puede alimentar la fuga de talentos. Es «comprensible» querer emigrar, les dijo en la Universidad Católica de África Central el día 17. Pero los invitó a contrarrestar esto «con un ardiente deseo de servir a vuestro país» y a sus conciudadanos.
Estrechamente unidas a los jóvenes están las universidades. Fueron dos, en Camerún y Guinea Ecuatorial, las que visitó el Papa. En la católica de Yaundé, no solo invitó a sus miembros a vivir «la búsqueda común de la verdad» como «estilo de vida». Subrayó además su papel clave para el país mediante la formación de las conciencias, sin la que «ninguna sociedad puede prosperar». Es «una condición indispensable para que la fe cristiana se presente como una propuesta plenamente humana» y transforme la vida personal y social y para que los jóvenes resistan la «plaga de la corrupción».
Al cierre de esta edición, el Papa León XIV acababa de comenzar la última etapa de su viaje, en Guinea Ecuatorial. Se trata de su primera visita como Pontífice a un país hispanoparlante, al tratarse de una antigua colonia española. Ante sus autoridades, sociedad civil y Cuerpo Diplomático, el Santo Padre ha instado a no profanar el nombre de Dios «por la voluntad de dominio, la prepotencia y la discriminación; sobre todo, nunca debe ser invocado para justificar decisiones y acciones que causan la muerte».
Ha exhortado asimismo a «eliminar los obstáculos al desarrollo humano integral, cuyos principios fundamentales son la destinación universal de los bienes y la solidaridad». En la misma línea, ha pedido «que este país no dude en revisar sus propias trayectorias de desarrollo y las oportunidades positivas de situarse en la escena internacional al servicio del derecho y la justicia».
La otra gran aportación de una universidad católica debe ser educar a líderes, funcionarios y profesionales con «corazones dispuestos al amor y al servicio». Por último, «su universidad puede formar a pioneros de un nuevo humanismo», preparados en ámbitos como la inteligencia artificial para desenmascarar «las lógicas económicas, los prejuicios incorporados y las formas de poder que moldean la percepción de la realidad».
El Pontífice «ha sido muy inteligente en tratar de que su mensaje llegue a la gente joven», asegura el experto en información africana David Soler. «No podía decir “este Gobierno es corrupto”», o aludir a las décadas en el poder d el camerunés Paul Biya (desde 1982) o del guineano Teodoro Obiang (desde 1979). Pero al lado de este nonagenario y octogenarios, ha buscado que «la gente se empodere y asuma el mensaje de esperanza que lanza la Iglesia: Jesús cree en ti y tú puedes ser la semilla del cambio en tu país». Para Soler, se trata de una idea «muy poderosa, porque estos líderes se irán antes o después y son los jóvenes los que tendrán que presionar para que haya un cambio democrático y defender sus derechos».
Receta para el cambio
Con todo, aunque prudente, el Santo Padre no ha dejado de aludir indirectamente a los episodios recientes de protestas y violencia tanto en Camerún como en Angola; el primero en octubre tras las elecciones y el segundo en julio por la inflación. En Yaundé, exhortó a las autoridades a tener en cuenta las raíces de la frustración, que «puede generar violencia» cuando «persisten el desempleo y la exclusión». A los dirigentes angoleños les advirtió de que «sus jóvenes y sus pobres aún sueñan, no se conforman, desean levantarse» y su reacción, incluso si es excesiva, tiene «una cierta significación»; por lo que los animó a que «no apaguen sus aspiraciones», anteponiendo «el bien común al interés particular».
«Este es el momento de cambiar, de transformar la historia del país. Hoy, y no mañana», exhortó a los cameruneses, invitándolos a hacerlo desde la Palabra de Dios, que «genera transformación y sanación». Y a sus líderes, les dijo que la valiosa labor de la sociedad civil «debe considerarse una fuerza vital para la cohesión nacional». Asimismo, pidió que sea «plenamente reconocida» la voz de las mujeres, «a menudo primeras víctimas» de la violencia y que sin embargo destacan por su compromiso con la paz, la educación y la reconstrucción social.

Iglesia «viva, joven, rica»
La primera meta del viaje del Papa era, sin embargo, confirmar en la fe a los católicos. Al despedirse de Camerún con una Misa, describió a su Iglesia como «viva, joven, rica en dones y entusiasmo, vibrante en su diversidad y maravillosa en su armonía». En el santuario angoleño de Mama Muxima (Madre del Corazón), resaltó «la vitalidad de las vocaciones», que es «signo de la correspondencia al don del Señor». Y en su discurso a los obispos y agentes de pastoral de Angola les aseguró que la Iglesia en África «puede ser fuente de inspiración» por la importancia de los catequistas, «expresión fundamental de la vida de la Iglesia».
Como recomendaciones, citó la importancia de la formación permanente y de que los sacerdotes no busquen «ventajas personales» en su servicio. Pero el problema al que más se ha referido es al de mezclar la fe con «creencias y tradiciones de tipo esotérico o gnóstico», dijo en Bamenda (Camerún) y días después, de forma similar, en Kilamba (Angola). Sin necesidad de caer en el sincretismo, el día 20 advirtió en Saurimo del riesgo de sustituir la fe por «un comercio supersticioso» que hace de Jesús un «amuleto». Incluso la devoción a la Virgen, como en Muxima, no se queda ahí sino que «nos compromete a amar a cada persona con corazón maternal, de forma generosa».