La UPSA crea un instituto «para que en las parroquias se promueva la música litúrgica digna»
Nace el Instituto Universitario de Música Sacra, dedicado a la enseñanza, investigación y promoción de la música sagrada
La Universidad Pontificia de Salamanca (UPSA) acogió presentó la semana pasada el Instituto Universitario de Música Sacra, una institución académica, única en España, dedicada específicamente a la enseñanza, investigación, divulgación y promoción de la música litúrgica. «Estamos también llamados hoy a seguir componiendo e interpretando música sacra de calidad que abra caminos hacia la trascendencia», afirma su director, Francisco José Udaondo.
—¿Por qué este instituto dedicado a la música sacra?
—El Instituto Universitario de Música Sacra nace de la convicción de que la música es un elemento esencial de la liturgia y no un simple adorno o acompañamiento. Es liturgia, es oración cantada. En la península ibérica no existe actualmente una institución estable, de carácter universitario, que integre de manera orgánica el estudio, la investigación, la formación y la práctica de la música sacra. Era necesario un marco académico sólido en una universidad pontificia, vinculada al episcopado español, que superara iniciativas aisladas —por muy valiosas que sean— y ofreciera continuidad, rigor y proyección de futuro.
Además, desde hace más de medio siglo, salvo contadas excepciones, apenas existen cursos especializados o títulos superiores reglados dirigidos a músicos al servicio de la liturgia y a agentes pastorales vinculados a la música sacra.
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— UPSA (@upsa) March 6, 2026
Nueva música sacra
—¿Cuáles son los objetivos del instituto?
—El principal es ofrecer una formación superior rigurosa e integral que combine investigación académica, estudio histórico y práctica interpretativa. Para ello se ha diseñado un Máster que aborda distintos ámbitos: liturgia e historia de la música sacra; canto y dirección coral —canto gregoriano, solista y polifónico, técnica vocal y dirección de coros—; armonía —fundamentos de composición y arreglos corales—; y órgano —interpretación, acompañamiento e improvisación—.
Otro objetivo importante es impulsar la creación de nueva música sacra, en continuidad con la tradición y en diálogo con los lenguajes contemporáneos, y para ello en los próximos meses se convocará un concurso internacional de composición sacra.

El Instituto aspira también a convertirse en un lugar de encuentro para músicos de Iglesia, organistas, directores de coro y agentes pastorales. Queremos favorecer el conocimiento mutuo, la colaboración y el intercambio de experiencias. En el fondo, se trata de ofrecer formación de calidad para que en nuestras catedrales y parroquias haya personas que promuevan una música litúrgica digna y acorde con nuestra tradición.
Comunidad que celebra y ora
—¿Tiene cabida —y público— hoy este tipo de música?
—Sin ninguna duda. La música sacra constituye uno de los patrimonios culturales más importantes de la Iglesia y sigue despertando un enorme interés artístico y espiritual. Basta observar la asistencia a conciertos de música coral, gregoriana u organística: cuando se interpreta con calidad y sentido, continúa emocionando y hablando al hombre de hoy, creyente o no.
Quizá deberíamos preguntarnos por qué tantas composiciones nacidas como oración viva y parte integrante de la celebración han terminado convirtiéndose en piezas exclusivamente de concierto. No podemos permitir que una tradición musical de tantos siglos quede reducida a un patrimonio museístico. La gran música sacra no fue concebida como un fósil para escuchar en una sala de conciertos, sino como expresión viva de la alabanza de la Iglesia.
Por eso su verdadero público es, ante todo, la asamblea cristiana: la comunidad que celebra y ora. Esa es su vocación original. No podemos pensar en términos de concierto, sino de celebración viva de la fe de la Iglesia.
Acompañando la fe
—¿La música sacra podría ser un eficaz método de evangelización también para los alejados de la fe?
—La música tiene una capacidad única de tocar el corazón humano. Muchas personas que quizá no se acercarían a la fe por otros caminos pueden encontrarse con una experiencia espiritual a través de la música sacra.
La belleza no impone, pero sí invita, y a menudo despierta preguntas profundas sobre el sentido de la vida y la trascendencia. ¿Quién no se conmueve al escuchar un motete de Tomás Luis de Victoria, una Pasión de Bach o el Réquiem de Mozart? Lo mismo ocurre con muchas obras de compositores contemporáneos como Arvo Pärt u Ola Gjeilo.
Estas obras nacieron como oración cantada, como una forma de elevar el espíritu hacia Dios. Por eso estamos llamados hoy a seguir componiendo e interpretando música sacra de calidad que, en diálogo con los lenguajes culturales actuales, continúe acompañando la fe y abriendo caminos hacia la trascendencia.