Día de Hispanoamérica - Alfa y Omega

Cada primer domingo de marzo —en 2026 será el día 1— la Iglesia española celebra el Día de Hispanoamérica. La invitación es clara: reflexionar sobre la importancia y la necesidad de la misión en la vida de la Iglesia en España. Este año el lema propuesto es Caminamos juntos, compartimos alegría.

Estamos ante una jornada en la que cobra un protagonismo especial la Obra de Cooperación Sacerdotal para Hispanoamérica (OCSHA). Creada en 1949, a partir del empeño de Maximino Romero de Lema, supuso un adelanto a los sacerdotes fidei donum, cuyo nombre se debe a la encíclica de Pío XII (de 1957), en la que el Pontífice pedía la colaboración de los obispos diocesanos para enviar sacerdotes, diáconos y laicos a tierras de misión.

La OCSHA surgió ante la escasez de sacerdotes en muchas iglesias locales en América Latina. En sus casi 80 años de existencia ha enviado a Hispanoamérica más de 3.000 sacerdotes diocesanos. Eso se concreta a través de contratos entre las diócesis de origen y destino (con la mediación de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación con las Iglesias de la CEE) y el sacerdote enviado. Se crean así lazos de fraternidad y puentes que han generado vida en abundancia a los dos lados del Atlántico.

Sinodalidad

El lema de este año nos remite a una dinámica muy presente en la vida de la Iglesia hoy: la sinodalidad, el caminar juntos. Esta es una dinámica muy presente en la Iglesia de América Latina y el Caribe, como ha reconocido el Papa León XIV a partir de su experiencia misionera en Perú. A ello se une la alegría que es compartida por los misioneros cuando llevan a cabo su labor evangelizadora. 

Esta temática también nos remite a la unidad, una reflexión muy presente en el magisterio de León XIV en sus primeros meses de pontificado. Un caminar juntos que hace realidad una Iglesia más participativa, una Iglesia de comunión en vista a la misión. Es común en las Iglesias hispanoamericanas el trabajo pastoral compartido, con amplia participación y compromiso de los diversos ministerios eclesiales. Ese caminar juntos es motivo de alegría, que comparten unos con otros, una realidad presente en comunidades vivas, alegres, que con su testimonio de vida dejan transparecer el Evangelio.

En su mensaje para el Día de Hispanoamérica, el prefecto del Dicasterio para los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina, Filippo Iannone, reflexiona sobre la importancia del Concilio Vaticano II. En sus palabras resalta «la actualidad de su enseñanza». Para Iannone es de gran importancia la convocatoria del Papa Francisco «a la renovación sinodal de la Iglesia». Una llamada que respondía a la «fidelidad al Evangelio y a la eclesiología de la constitución Lumen gentium», señala el mensaje. 

El presidente de la Pontificia Comisión para América Latina subraya «la importancia de comprender nuestra unidad, nuestra comunión, como una realidad dinámica, es decir, como pueblo de Dios que camina en la historia, y como una profundización de nuestra identidad bautismal y de la constitutiva dimensión ministerial de la misma». Igualmente, el hecho de que «la Iglesia no existe para sí misma sino para anunciar con alegría la belleza del Evangelio a todos los hombres y en todos los lugares», lo que enfatiza la importancia del Día de Hispanoamérica.

Los números de la OCSHA

Actualmente, son 130 los misioneros, repartidos en 17 países, que forman parte de la OCSHA y que continúan en la misión, según datos revelados por la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación con las Iglesias de la CEE. Estos misioneros pertenecen a 45 diócesis españolas.

Los números van decreciendo paulatinamente, dado que cada vez son menos los sacerdotes diocesanos españoles enviados en misión a América Latina. De ahí la necesidad de aprovechar el Día de Hispanoamérica para reflexionar sobre la importancia de la misión en la vida de la Iglesia y, más específicamente, en las diócesis de España. 

Ser misioneros es una llamada que todos recibimos a partir de nuestro Bautismo. Eso pone de manifiesto que en la Iglesia caminamos juntos y que nuestra misión cobra mayor sentido cuando compartimos alegría a partir de nuestro testimonio de fe. Es un modo de hacer realidad una Iglesia sinodal, que nos lleva a asumir que «caminamos juntos, compartimos alegría».