Una insólita audiencia de León XIII: Buffalo Bill y los indios siux
Al paso del Papa los indígenas, con sus caras pintadas y sus plumas, se arrodillaron entre alaridos rituales. Rocky Bear hizo el signo de la cruz. Algunos cronistas aseguraron que el Pontífice esbozó una sonrisa
Era el 3 de marzo de 1890, aniversario del pontificado de León XIII, y en el Vaticano se produjo un insólito encuentro entre el Papa y los miembros del Buffalo Bill West Wild Show, el espectáculo que, bajo la dirección del coronel y explorador William Frederick Cody, una leyenda viva del Oeste, recorría Europa. Habían llegado recientemente de Barcelona, tras una larga temporada en París con motivo de la Exposición Universal de 1889, y después de Roma los esperaba Florencia. Era un despliegue de 100 cowboys, 100 indios, 400 caballos, además de otros animales como bisontes, bueyes, mulas, cabras y ovejas. A esto se añadían medios de transporte como vagones y carromatos. Tampoco faltaban las tiendas indias.
Buffalo Bill quería haber presentado su espectáculo en el Coliseo, pero desechó la idea por las limitaciones del edificio y decidió acampar en Prati dei Castello, una zona rural próxima al Vaticano y al Tíber. Como buen empresario, el coronel buscaba notoriedad para su estancia romana y esto debió de influir en la solicitud de una audiencia al Papa. También había otro motivo para el encuentro: una gran parte de los indios siux que viajaban en la gira eran católicos. Tras su derrota en las guerras con el Ejército norteamericano, muchos nativos fueron confinados en reservas y hasta allí llegaron religiosos católicos, principalmente franciscanos y jesuitas. Con las conversiones no desapareció un cierto sincretismo con las culturas tradicionales, aunque los indígenas aceptaron la llegada de un Dios que hablaba de amor y que no se imponía ni por la fuerza ni por la guerra. Los misioneros les hablaron además de un representante de Jesús que vivía en la ciudad de Roma y que era un padre para los católicos.
Con Buffalo Bill viajaba, entre otros, Rocky Bear, un jefe siux oglala de Dakota del Sur. Había tenido que aceptar su confinamiento y el de su pueblo en la reserva de Pine Ridge; la única alternativa, a su juicio, para preservar la memoria de su nación. Esa memoria también podría difundirse con la participación del jefe siux en la gira europea del espectáculo del legendario explorador americano. La estancia en Roma le dio, además, la oportunidad de encontrar al padre de los católicos, al que vería como un venerable anciano de cabellos blancos que elevaba su mano para hacer la señal de la cruz. La prensa italiana y la americana dieron testimonio del acontecimiento.
León XIII prestó una particular atención al desarrollo del catolicismo en Estados Unidos y en su encíclica Longingua oceani (1895) se refirió a los indios y los negros en estos términos: «¡Qué gran multitud de seres humanos está llamada a participar de la bendición derivada a través de Jesucristo!». Diez años antes, el Pontífice había recibido una serie de cartas de comunidades indígenas de Estados Unidos y Canadá en favor de la canonización de Catalina Tekakwitha, perteneciente a la tribu de los mohawks en el siglo XVII. La calificaban de «una virgen santa, una india como nosotros». Ahora León XIII tenía ocasión de encontrarse con los indios en el interior del Vaticano, cerca de los frescos de Rafael y Miguel Ángel.
En realidad, el 3 de marzo de 1890 no hubo exactamente una audiencia. Buffalo Bill y su comitiva permanecieron en la Sala Ducal del Palacio Apostólico, por donde habría de pasar el Papa en su silla gestatoria, seguido por los miembros de la Curia. Se dirigían a la Capilla Sixtina, donde tendría lugar una Misa solemne de acción de gracias. Al paso de León XIII los indios, con sus caras pintadas y sus tocados de plumas, se arrodillaron y emitieron una serie de alaridos rituales. Rocky Bear, al postrarse, hizo el signo de la cruz. Algunos cronistas de prensa aseguraron que el Pontífice palideció por unos momentos, aunque otros señalaron que León XIII esbozó una sonrisa afectuosa. Luego bendijo a los presentes. Un periodista de la edición parisina del New York Herald se atrevió a comparar la escena con la audiencia de los Reyes Católicos a Colón en Barcelona, en la que estuvo acompañado por algunos indígenas.
Fue entonces cuando Buffalo Bill entregó al Papa un centro floral elaborado con elementos del escudo pontificio; entre otros, un ciprés, un cometa y dos flores de lis. Por su parte, el Papa correspondió con rosarios y medallas previamente bendecidos. Hoy se conservan en el Buffalo Bill Center of the West, en Cody (Wyoming).
Con el paso del tiempo, este espectáculo del Oeste entró en declive por la competencia del cine y las deudas acumuladas. Sin embargo, León XIII debió de dejar alguna huella en Buffalo Bill, pues el viejo coronel fue bautizado por un sacerdote de la catedral católica de Denver el 10 de enero de 1917, la víspera de su muerte.